Que bronca.
Qué bronca la repetición entre nosotros dos.
Qué bronca que, durante tres días, me ames como si fuera la última mujer que querés que entre a tu corazón y, luego, me trates con total indiferencia.
Qué bronca que, amándome tanto, me confundas tanto que cada día tengas una opinión distinta sobre mí. Y más bronca me da que en cuatro meses se vayan a cumplir dos años desde que firmé mi esclavización a tu duda.
Qué bronca el sentimiento extraño por el que me hacés pasar. Odio amar y detestar tanto a la misma persona, pero esos tres días hacen que, por un momento, todo ese odio que tengo dentro de mi corazón no importe.
Qué bronca que puedas controlar mi día. Qué bronca me da que tengas ese poder. Qué bronca me da habértelo dado.
¿Y sabés qué es lo que más bronca me da de todo esto? Que, después de todo esto, aun así te sigo pensando como cuando te conocí, te sigo amando con la misma intensidad y sigo estando igual de enganchada que en ese verano de 2025.
Y después de un año, aun así sigo teniendo fe en que va a funcionar, aunque sé que no lo va a hacer.