Por eso prefiero no dar detalles.
Contarte los detalles de mis relaciones tóxicas,
sería hablarte claramente de sexo desmedido,
violencia por parte de ambos,
verbal y tirones de cabellos,
y el maldito rencor que aguza a los que no aceptan
que esa maldita mierda terminó,
que es veneno.
Pero hay algo en la miseria que la hace dulce,
porque un solo beso compartido entre la porquería,
me hacía sentir de nuevo tocar las nubes.
Pero para que entrar en detalles.
Lo que te voy a narrar hoy,
es que mi pasado asusta hasta al psiquiatra,
me lo ha dicho:
_Nunca había tenido un caso como usted.
Dijo.
Y no son las relaciones desastrosas,
esa es la parte Soft y Chill del relato,
es la parte donde el diablo cobra forma;
si, ese, Mefistófeles,
pero sin nada de ingenuo.
Con toda la sagacidad me hizo sentir responsable,
del bullying, del acoso
y de la frustración de mi primer amor
reducido no a escombros,
porque aún de allí emergen ruinas
sino a una ácida risotada suya.
¿No me crees?
No encuentro otra forma de decir tanto dolor
la pérdida de saber quién soy,
sentir que el otro se llevó lo mejor de mí
y que no me dejó por falta de amor
sino por la ironía estúpida de que en aquél entonces,
yo, no era un hijo de Dios,
en toda la medida de la palabra.
No una mera lacra
sino la convergencia exacta de todo mal.
Y ella tan blanca, tan pura (no idealizada)
que tampoco mencionó estar comprometida,
pero la conocí,
y me enamoré
sin saber ese detallito.
Al final yo, el hijo de la oscuridad,
diábolos en su vida,
no era tan malo después de todo,
ni el villano sucio,
simplemente era una esquina en un triángulo amoroso
la que era desechable al final de cuentas
no por que faltara hombría,
sino porque no era Santo.
Lo que fue peor.
Ese sueño se esfumó.
Pero luego él, el ente siniestro detrás
de cada paso que daba,
calcaba mi vida con drogas,
frenesís,
música de la más densa oscuridad.
Le besaba el sexo a quien era mía,
mientras nos escupíamos las bocas al besarnos.
Era un personaje de la autodestrucción.
Pero la ansiedad era un cerco
actualmente pienso que Dios lo puso como límite.
Sin esa ansiedad,
hubiera muerto lanzándome ebrio con alguien
de algún puente,
devorados ambos por su abismo,
o de una intoxicación por alcohol.
Agrégale al recetario:
Odios, rencor hacia tus padres,
hacia ti mismo especialmente
(recuerda eres un diablo para ti
y para todos)
siendo una moneda de cambio
en el mercado de los abusos sociales.
Tuve amigos, sí, pero me volví cristiano;
y solo se quedó Jesús junto a mí.
Los detalles de mi vida son caóticos,
les llamo el pasado de hierro y las espinas
de los mecanismos de la maldad.
Tantos detalles, de por qué sigo vivo, maldita ansiedad,
me salvaste la vida, bendita ansiedad ahora te quiero fuera,
ya no eres necesaria, soy un hijo de la luz ahora.
Pero recuerda, esta es la parte suave, es la balada chill.