Somos una carroña
de la cual se alimentan los insectos
de nuestro alrededor.
De carroñeros animales
somos su carne.
Me asombra la pútrida vida:
su olor extravagante,
su líquido cadavérico
que nos envuelve
extasiados de tristeza.
Barado en el pasto
navega una sucia carroña,
putrefacta y muerta
navega en lo alto.
Bajo sus desechos
no embalsamados,
en una capilla no lloran.
Porque estás extraviada en el campo.
Tu cuerpo no soporta
a tu podredumbre,
ni a la incertidumbre
de está vida
así que opta por reventar.
Huele al mismo aroma
cadavérico.
Volvieron las moscas,
volvieron carroñeros,
la carroña sigue perdida
en la podrida vida.
Volverás a tu casa
por el mismo camino.
¡Camina prodrida carroña,
camina hasta tu hogar!
¡Si prefieres muerta gozar
sigue siendo una muerta!
Ahora tu,
después de devorada
vuelvas a tu morada.
Sucia y desganada,
húmeda y olorosa
a inmundicia,
a carne,
a carroña,
a vida.