Ojalá nunca hayas leído nada de lo que te he escrito.
Porque me destrozaría saber que alguna vez llegaste a leer todo lo que no fui capaz de decirte directamente y, aun así, decidiste no buscarme.
Que hayas visto mis palabras, mis sentimientos, todas esas cosas que alguna vez guardé dentro de mí y que solo pude convertir en letras…
y que después de saberlo todo, hayas elegido quedarte lejos.
Creo que sería más fácil pensar que nunca lo supiste.
Que nunca viste cuánto te extrañé.
Que nunca imaginaste cuántas veces pensé en ti, cuántas veces tuve ganas de escribirte y cuántas cosas me quedé guardando porque no sabía si todavía querías escucharlas.
Porque mientras yo escribía, quizá tú estabas viviendo tu vida sin imaginar todo lo que estaba pasando dentro de mí.
Y si alguna vez leíste mis palabras, me gustaría pensar que no entendiste que eran para ti.
Que no reconociste cada sentimiento, cada recuerdo escondido entre líneas.
Porque no sé qué dolería más:
que nunca hayas sabido cuánto te quise…
o que lo hayas sabido y aun así no hayas sentido la necesidad de volver.
Quizá por eso escribo.
Porque algunas cosas son demasiado difíciles para decirlas en voz alta.
Porque a veces es más fácil dejar que las palabras hablen por nosotros cuando ya no sabemos cómo acercarnos.
Y tal vez algún día leas todo esto y entiendas.
O tal vez nunca lo hagas.
Pero si alguna vez llegaste a leerme, solo espero que no hayas pensado que escribía para que volvieras.
Escribía porque necesitaba sacar de mí todo aquello que todavía no sabía cómo soltar.
Aunque, siendo completamente sincera…
una pequeña parte de mí sí esperaba que alguna de esas palabras te hiciera volver.
Y quizá eso sea lo que más me duele admitir.