No idealicen a nadie.
A veces construimos en nuestra cabeza una versión de alguien que ni siquiera existe.
Tomamos sus mejores palabras, sus momentos más bonitos, sus detalles más pequeños y los juntamos hasta crear una imagen perfecta de esa persona.
Y después nos sorprende descubrir que también tiene defectos.
Que puede equivocarse.
Que puede cambiar.
Que puede decir cosas que no cumple y hacer cosas que jamás imaginamos de ella.
Y entonces llega la decepción.
Pero quizá la decepción no siempre viene de descubrir quién es alguien.
A veces viene de descubrir que no era quien nosotros habíamos imaginado.
Porque cuando idealizas a una persona, no te enamoras solamente de quien tienes delante.
También te enamoras de todo lo que creíste que podía llegar a ser.
De las posibilidades.
De las expectativas.
De esa versión perfecta que construiste con pequeños pedazos de realidad.
Por eso, no idealices a nadie.
Conoce a las personas tal como son.
Mira sus acciones además de sus palabras.
Acepta que incluso alguien que quieres muchísimo puede decepcionarte alguna vez.
Y, sobre todo, no pongas a nadie tan alto que termines sintiendo que tu mundo se derrumba cuando descubres que también es humano.
La gente puede decepcionarte, sí.
Pero también puede sorprenderte.
Puede equivocarse y aprender.
Puede llegar a tu vida y enseñarte algo hermoso.
Así que no necesitas desconfiar de todo el mundo.
Solo recuerda que nadie tiene que ser perfecto para ser importante.
Y que querer a alguien también significa conocerlo de verdad, no amar una versión que solamente existe en tu imaginación.