Mantel de mesa
Mi “yo” ya no me pertenece.
Poco a poco, durante el trayecto de mi vida, lo que alguna vez fue mi verdad incuestionable y absoluta pasó a convertirse en una gran calumnia.
He dicho tantas mentiras que empiezo a sentirme como una.
Desde la costumbre de pellizcar por dentro mis mejillas para simular un rostro digno de ser mirado, hasta inventarme compañía.
Termine escribiendo un guion que corrijo una y otra vez con corrector que nunca es perfecto para él. Para mí.
He presionado mis costillas hasta arrancarles gemidos de dolor solo para verlo feliz. Para verme feliz mientras fantaseo con poder ser así... hasta que la crueldad de soñar me recuerda que nada de eso es real.
Esa, que es mi vida, ya no me pertenece.
Se ha regocijado en la necesidad de engañarse a sí misma a causa de mi alma de trapo. Y yo solo observo desde lejos, fuera de mi traje de huesos y carne, humedeciendo la ilusión sobre la que descansan mis ojos, mi nariz y mi boca.