Memorial del fraile que le acompañaba, escrito al modo de los diarios de las justas. Destrúyase antes de caer en manos enemigas.
Hora: IV pasada.
Distancia de entrada: LX pasos.
Público: plaza llena.
El Conde Pancho entró montado. Presentaba signos de embriaguez: balanceo irregular, corrección tardía de las riendas y pérdida frecuente del eje del cuerpo. Su caballo, sin embargo, conservaba buen paso.
Don Carlos mantuvo la línea.
Primer cruce: veinte pasos de carrera. Ningún contacto.
Segundo cruce: Pancho el Conde corrigió tarde. Su lanza pasó por fuera. Don Carlos pudo tocarle el pecho, pero no lo hizo.
Tercer cruce: el caballo de Pancho tropezó.
El jinete perdió el asiento hacia la izquierda.
Don Carlos vio la caída antes que el público.
Soltó la lanza.
Se dejó caer de cabeza.
Tocó el suelo un instante antes que el Borracho.
Hubo silencio.
Don Carlos se levantó tambaleando, dio tres pasos torcidos y se apoyó en la lanza.
El Borracho Pancho quedó de pie.
La plaza estalló.
Los jueces declararon vencedor al Conde don Pancho de Asturias.
Mi señor perdió la justa.
El Borracho conservó sus diplomas y, cuando le contaron después que había vencido, corrió a pedir a mi señor que lo nombrase caballero.
El público enloqueció.
La boleta se pagó sola.
REGLA DE CABALLERÍA
Quien no sabe caer, tampoco sabe montar.