Me perdono por haber querido a una persona que no supo quererme de la misma manera.
Me perdono por todas las veces que justifiqué sus silencios, sus cambios y sus distancias porque quería creer que detrás de todo eso todavía había algo que salvar.
Me perdono por haber esperado tanto.
Por haber confundido pequeñas muestras de cariño con la esperanza de que algún día todo sería diferente.
Me perdono por haber pensado que, si quería un poco más, si tenía un poco más de paciencia o si hacía las cosas mejor, quizá esa persona finalmente entendería todo lo que yo sentía.
Y sobre todo, me perdono por haberme culpado cuando no funcionó.
Hoy entiendo que no fue porque yo no supiera amar.
Yo amé con lo que tenía.
Di cariño, tiempo, paciencia y oportunidades. Intenté comprender incluso cuando yo también necesitaba ser comprendida.
Pero no puedes hacer que alguien corresponda a un sentimiento que no está dispuesto a cuidar.
Y eso no significa que mi amor haya sido inútil.
Significa que lo puse en un lugar donde no pudo crecer.
Por eso ya no quiero recordar esa etapa de mi vida con vergüenza.
Quiero mirarla con ternura.
Porque esa versión de mí solamente estaba intentando amar y ser amada.
Me perdono por haberme quedado más de lo que debía.
Me perdono por haber esperado.
Me perdono por haber querido tanto.
Y ahora, por fin, también estoy aprendiendo a quererme lo suficiente como para no volver a abandonarme por alguien que no sabe quedarse.