Lo peor que puedes hacer es darme espacio sin darte cuenta de que, mientras tú aprendes a estar sin mÃ, yo puedo aprender a vivir sin ti. Porque a veces creemos que alejarnos por un tiempo no cambiará nada, que la otra persona seguirá estando ahÃ, sintiendo lo mismo, esperando el mismo mensaje y guardándonos el mismo lugar en su corazón. Pero no siempre es asÃ.
Al principio, cuando alguien que amamos se aleja, hacemos todo lo posible por no perderlo. Respetamos su silencio, intentamos comprender sus motivos y nos repetimos que quizá solo necesita tiempo para ordenar sus pensamientos. Nos convencemos de que, cuando vuelva, todo podrá ser como antes, porque creemos que el cariño que existe entre ambos será suficiente para mantenernos unidos.
Pero mientras esperamos, algo comienza a cambiar dentro de nosotros.
Aprendemos a pasar los dÃas sin contarle cada cosa que nos sucede. Nos acostumbramos a resolver solos aquello para lo que antes buscábamos su compañÃa. Dejamos de mirar el teléfono esperando su nombre y comenzamos a descubrir que también podemos sonreÃr sin recibir un mensaje suyo. Poco a poco, los momentos que antes necesitábamos compartir con esa persona dejan de sentirse incompletos cuando los vivimos por nuestra cuenta.
Y no, no significa que hayamos dejado de querer de un dÃa para otro. A veces seguimos extrañando, recordando y sintiendo ese pequeño vacÃo cuando algo nos recuerda a ella. La diferencia es que empezamos a comprender que extrañar a alguien no significa necesitarlo para continuar con nuestra vida.
Por eso, hay distancias que terminan enseñándonos cosas que nunca quisimos aprender. Porque mientras una persona piensa que tiene todo el tiempo del mundo para regresar, la otra puede estar aprendiendo, sin proponérselo, a dejar de esperarla.
Y quizá ese sea el verdadero riesgo de alejarte de alguien que te quiere de verdad: creer que su amor permanecerá intacto mientras tú decides qué hacer con él. Porque el corazón puede tener mucha paciencia, pero también se acostumbra a las ausencias cuando no le queda otra alternativa.
A veces, quien se marcha espera encontrar el mismo lugar cuando decida volver. No imagina que, durante su ausencia, ese corazón que tantas veces le abrió la puerta pudo haber aprendido a cerrarla, no por orgullo ni por venganza, sino porque finalmente encontró tranquilidad en una vida donde ya no necesita esperar a nadie.
Porque lo peor que puedes hacer es darme espacio pensando que siempre voy a necesitarte. Quizá cuando decidas volver, todavÃa te recuerde con cariño, quizá una parte de mà sonrÃa al verte… pero ya no serás esa persona cuya ausencia me detiene la vida. Y entonces comprenderás que no siempre se pierde a alguien cuando se marcha; a veces se pierde mientras todavÃa está esperando. 💔🥀