Inhala, exhala, ¿terror era lo que sentía? ¿nervios?, no había respuesta a esas preguntas, su estómago era un nudo, sentía un terrible mareo y unas ganas de vomitar inexplicables, la brisa de la tarde era suave, como un abrazo frío y cálido a la vez que la envolvía completamente, sentía que su pecho, sus manos, todo su cuerpo era demasiado pesado, probablemente eran las pastillas que empezaban a hacer efecto, o simplemente era su mente que no soportaba seguir conectada a la realidad. Estaba ahí, al borde, solo tenía que hacerlo y toda esa sensación asquerosa con la que había estado viviendo los últimos años desaparecería, eso era lo que necesitaba, descansar. Pero por alguna extraña razón sus brazos no respondían, y su mente estaba completamente en blanco, completamente ajena de la realidad. Todo estaba listo y preparado: las cartas, el video, pero su cuerpo no respondía. Había intentado, enserio lo había hecho, las charlas con sus amigos, meditación, videos motivacionales, tener un diario, todo lo que se le había ocurrido, pero simplemente no estaba hecha para vivir, para sufrir, para tener que cargar con el peso de ser perfecta para no causar problemas a los que la rodeaban, pero es muy agotador vivir para que todos estén felices a costa de tu propia felicidad. Ella lo sabía, el mundo tenía que seguir sin su presencia, era la mejor medicina, tal vez sus conocidos iban a llorar por ella, tal vez su cuarto nunca más iba a estar desordenado, la pelota de básquet se quedaría en su lugar sin nadie capaz siquiera de tocarla, sus cubos Rubik algunos a medio armar, acumularían polvo, su sitio en el colegio, alguien más se sentaría allí o simplemente quitarían su banca, tal vez algunas personas al enterarse no se lo creerían e intentarían contactar a un alma que ya no estaría presente en el plano físico, sus profesores alguno que otro extrañarían sus bromas o la bulla que hacía en clase, nadie nunca más podría escuchar su risa, sus chistes, su voz, se convertiría en un recuerdo. Húmedo, su cachete se sintió húmedo de repente, era una lágrima, era una sensación con la cual ya se había familiarizado, había planificado demasiado este momento, tanto tiempo intentando autoconvencerse de que esa no era la salida, que todo tenía una solución, pero solo retrasaba el momento, era débil y se había rendido, el dolor era más fuerte que sus ganas de vivir. Ese día sus padres estaban en una cena con sus amigos, su hermano, de fiesta probablemente, nadie llegaría hasta muy tarde, hasta que sea demasiado tarde, no quería ni siquiera imaginarse el momento en que la encuentren, era muy consciente del dolor y el sufrimiento que iba a causar. Cuenta hasta 10, 1, 2, 3, 4, lágrima, 5, 6, lágrima, 7, 8, 9…
Su cuerpo estaba en el aire, le quedaban segundos, milésimas de seguir viva, de repente el mundo se había congelado, por su mente pasaban millones de recuerdos, de risas, de sufrimiento, recordó los momentos en los que hablaba con sus amigos, donde le dolía el estómago de tanto reírse, recordó las tardes con sus primos jugando al fútbol y peleando, que lejano se sentía todo eso, y de repente, todo fue negro, se había terminado, ella lo había terminado, ya no sentía sufrimiento ni dolor, nada, ya no sentía nada.