Al despertar mire a mi alrededor, camine hacia el cadáver de mi padre
con el corazón hecho pedazos, mi propio progenitor frío como el hielo.
Sentía que iba a a estar solo por el resto de mi dias diciendo adiós
cada día de mi miserable vida. Si bien ya sabía valerme por mi mismo
gracias a la enseñanzas mi padre, pero sentía dolores en mi cabeza
que no podía controlarlos, ni soportarlos; desesperado por comer algo
dentre a las ruinas de lo que parecía ser una tienda, tome cualquier cosa
que parecía comida y me lo metí a la boca. Comía algo que pudo ser una
barra de granola, lo masticaba con ansias al sentir algo de comida en mi
boca, no había comido hace días sentía que era la mejor comida de todo
el mundo que podía existir, aunque la guerra terminó seguían habiendo
personas que mataban por sobrevivir un dia mas.
Mientras caminaba con los ojos llorosos me tropecé con un señor alto,
fuerte, viejo y que portaba un uniforme igual al de mi padre.
-Por fin te encontré...sobrino.