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LA TRAMPA EN EL SECRETER

agustin
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LUGAR: El despacho privado de "El Negro", Residencia de la Calle de San Gabriel. ESCENARIO: Es medianoche. La habitación está sumida en una penumbra espesa, iluminada apenas por la luz de la luna…

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CAPÍTULO 8:

ESCENA 1

LUGAR: El despacho privado de "El Negro", Residencia de la Calle de San Gabriel. ESCENARIO: Es medianoche. La habitación está sumida en una penumbra espesa, iluminada apenas por la luz de la luna que penetra a través de los barrotes de hierro de la ventana. El péndulo de un reloj de pared marca el tiempo con un chasquido metálico constante.

JUANA CORREA, aún vestida con el traje de sirvienta, manipula una ganzúa de alambre de acero sobre la cerradura de bronce del secreter de nogal. Sus dedos tiemblan sutilmente, pero su pulso se mantiene firme. Un chasquido seco indica que la lengüeta ha cedido. Abre la tapa de madera.

(En el interior del mueble reposa un estuche de terciopelo azul. Juana lo abre: adentro resplandece un pesado anillo de sello masónico de oro macizo, grabado con la escuadra, el compás y las iniciales J.S.G. (Julien de Saint-Germain), junto a tres despachos sellados en lacre rojo con las insignias del Ministerio de Guerra de Burdeos).

JUANA CORREA: (En un susurro cargado de triunfo y horror, tomando el anillo) Julien de Saint-Germain... Te encontré, maldito.

(De repente, el sonido de la cerradura de la puerta principal girando se escucha suavemente. Juana intenta guardar todo a toda prisa, pero la puerta de cedro del despacho se abre de golpe. La luz de una vela ilumina la habitación).

"EL NEGRO" (JULIEN DE SAINT-GERMAIN) aparece bajo el marco de la puerta. Viste una bata de seda oscura y sostiene una pistola de chispa de doble cañón, apuntando con absoluta precisión al pecho de Juana.

EL NEGRO: (Con una sonrisa helada, enarcando una ceja con elegancia maquiavélica) Buenas noches, "María del Carmen"... O debería decir... señorita Juana Correa. Debo admitir que la modista del pueblo hizo un trabajo lamentable disfrazando el porte de una dama de la campaña.

JUANA CORREA: (Sorprendida pero erguida, dejando caer el disfraz de sumisión, apretando el anillo masónico dentro de su puño cerrado) Se acabó la mascarada, Saint-Germain. El Doctor Arredondo examinó la herida de mi padre. Sé que no usás una lanza gaucha... usás el acero fino de los asesinos de la Logia.

EL NEGRO: (Dando un paso lento hacia el interior, bajando levemente el martillo de la pistola pero manteniéndola alineada) Tu padre era un caudillo terco que no entendía la diplomacia de las potencias. Creía que la Patria se construía con mate, facón y soberanía de montonera. El mundo moderno se mueve con el oro de Burdeos y los pactos internacionales, Juana.

JUANA CORREA: (Avanzando un paso hacia él, encarándolo sin miedo) ¡Mataste al General Ledesma! ¡Destruiste la imprenta del Padre Faustino! Sos un invasor extranjero con traje de patriota.

EL NEGRO: (Con tono condescendiente y sereno) Y vos sos una muchacha muy valiente en una habitación cerrada con un hombre armado. ¿Qué creías que ibas a hacer con ese anillo? ¿Presentarlo en el Cabildo? Mañana el pueblo de Montevideo me va a aclamar como su Protector. Tus papeles no valen más que el papel quemado del cura Faustino.

(Juana aprovecha un instante de distracción cuando él da un paso sobre la alfombra y lanza con fuerza el pesado candelabro de bronce sobre la mesa de té, apagando la vela. En la oscuridad repentina, salta hacia la ventana, rompiendo los vidrios y escapando hacia el patio interior, pero dejando caer en la alfombra una cinta de luto de su padre que la delata por completo).