Los griegos, maestros a la hora de contar historias, tenían un concepto: la catarsis. Es como un proceso en el que se despiertan en el público la compasión y el miedo. La historia los lleva hacia la resolución. Lo que queda no es solo una tristeza recordada, sino una mayor capacidad de sostener el sufrimiento sin huir de él.1 Creo que ese poso es uno de los comienzos de la empatía.
El mecanismo importa porque la tristeza por sí sola no es el objetivo. Una historia puede herirte emocionalmente sin hacer un trabajo catártico. La catarsis exige consecuencia y resolución juntas, y los efectos persistentes de la tragedia. Algo amado tiene que estar en peligro o perderse, y la historia tiene que llevar esa pérdida hasta una forma asentada. Al público no se le protege del dolor. Se le conduce a través de él.
Las historias infantiles más antiguas lo entendían, usaran o no ese vocabulario. La madre de Bambi muere y eso mueve la historia. Mufasa cae, muere y eso tiene consecuencias. Charlotte muere junto a su saco de huevos. A Old Yeller le dispara el niño que lo quiere. A Charmander casi se le apaga la llama. Estas historias marcaron nuestra infancia y nos hicieron sentir la tristeza y la pena de esos momentos. Animábamos al protagonista y sentíamos su dolor, y eso nos moldeó y nos ayudó a entender las consecuencias.
Otra vez, Marvel y DC
Ya despotriqué en otra discusión sobre Marvel y DC, pero convierten en una broma el arte de contar historias. No es solo que sus historias no sean lo bastante tristes, es que muchas grandes franquicias eliminaron la consecuencia final mientras mantenían la puesta en escena emocional. Tienen muertes, pero son reversibles. Tienen acontecimientos que cambian la vida, pero minimizan las consecuencias. El UCM es el ejemplo evidente. Las escenas de muerte se siguen interpretando con música in crescendo, caras de dolor y un encuadre sacrificial, pero el público aprende a dudar de que el hecho sea definitivo porque la franquicia ha revertido o suavizado la muerte una y otra vez.2 Una vez que la consecuencia se vuelve negociable, el arco se debilita y no hay lección, no hay catarsis. Si conviertes la muerte en una consecuencia tan leve haciéndola reversible, si puedes viajar en el tiempo para matar a Thanos y volver a intentarlo, entonces el público no recibe el peso aplastante de la tragedia. No crece y, de hecho, le queda una sensación subconsciente de que la vida no es tan preciosa, al fin y al cabo. No te conviertes en un psicópata, claro, pero después de años viendo cómo se toman tan a la ligera la muerte y la tragedia, no llegas a captar de verdad su peso. El miedo no puede formarse del todo porque la pérdida no llega a mostrarse. La compasión no puede asentarse del todo porque el duelo no es para tanto.
Aristóteles, Poética, capítulo 6. El significado exacto de la catarsis sigue siendo objeto de debate en los estudios clásicos, pero lo esencial aquí es lo funcional: se entendía que la tragedia hacía algo al público, no que simplemente lo entretenía.
El patrón del UCM de muerte reversible o inestable, con personajes como Loki, Visión y Gamora en distintas formas, entrenó al público para descartar la aparente irreversibilidad. El argumento aquí es estructural y no depende de ningún ejemplo concreto.