Ahà está ella,
la flor más secreta, la más sagrada,
que duerme tranquila hasta que el deseo
la despierta con su aliento cálido.
Primero se hincha, se llena de sangre,
despierta, se alza, cobra vida,
sintiendo que la miran, que la desean,
que no hay vergüenza en ser ella misma.
Sus labios, suaves y rosados,
se separan lentamente, como abriéndose al sol,
se abren y se cierran, respiran, palpitan,
pidiendo sin palabras lo que anhelan.
Y entonces, como un manantial que brota,
empieza a llover desde adentro,
gotas tibias, dulces, generosas,
que la preparan, la limpian, la llaman.
Se humedece, se desborda, se entrega,
mojando todo lo que toca,
diciendo a gritos silenciosos:
ven, estoy lista, te espero.
Ahà llega él, firme y hambriento,
buscando su puerto, su hogar, su fin,
y ella se abre más, lo recibe,
lo envuelve, lo abraza, lo hace suyo.
Lo toma entero, lo guarda profundo,
y entonces vibra, tiembla, canta,
cada vez que entra, cada vez que sale,
más mojada, más ardiente, más suya.
Una y otra vez, ola tras ola,
se llena, se desborda, se renueva,
hasta que el mundo se detiene
y ella estalla, completa, saciada, viva. 💛