Las pruebas de la existencia de Dios en Santo Tomás de Aquino son válidas y es posible acceder a ellas por medio del sentido común desarrollado por el estudio.
Estas pruebas se encuentran en la filosofía tomista.
Así como podemos profundizar los conocimientos de las esencias de las cosas primero al nombrarlas, después al definirlas o tener un concepto de ellas y, más adelante, al acceder a lo inteligible de esa realidad por la ciencia, la filosofía o la teología, sin embargo, Santo Tomás de Aquino nos advierte que nunca seremos capaces de conocer la esencia completa ni siquiera de una mosca.
No seremos capaces de conocer todo lo “inteligible” que hay en una mosca.
Es decir, el conocimiento humano siempre será limitado en lo que se refiere a las realidades creadas e infinitamente más limitado en lo que se refiere a las divinas.
Pero si se adopta una dirección de pensamiento y de vida que rechaza a la metafísica tomista no se podrá acceder a la comprensión de estas pruebas pues se las rechazará por adherir a principios filosóficos contrarios.
La metafísica tomista enseña que los seres creados son “contingentes”, o sea, pudieron o no existir, desde esta afirmación puede llegar a probar la existencia de un Ser necesario que ha creado a los seres contingentes.
Lo mismo sucede con las demás pruebas que requieren no tener una filosofía de vida y de pensamiento contraria a la metafísica tomista.
Si se adhiere a los principios y fundamentos de una filosofía moderna, contraria a la filosofía perenne, las pruebas de la existencia de Dios no tendrán sentido porque se rechazarán los conocimientos previos y necesarios para formularlas.
Por ejemplo, si se niega la existencia de las causas, el principio de no contradicción o la teoría hilemórfica.
No decimos que la adhesión a una filosofía moderna contraria a la filosofía perenne impedirá necesariamente la comprensión de las pruebas de la existencia de Dios pero, sin duda, la dificultará en gran medida.
Tener respuestas erradas para un problema puede ser muchas veces peor que no tener ninguna.
El pensamiento que se cierra en un sistema y tengamos presentes que todas las filosofías modernas se construyen como sistemas cerrados de pensamientos pues buscan sostener un proceso absoluto a costa del acceso a verdades absolutas.
Estos sistemas cerrados alrededor de procesos absolutos puedan dar respuestas a todas las preguntas formuladas pues el conocimiento de la realidad se limita a la aplicación del proceso y lo que no pueda ser explicado por el proceso escapa a la comprensión y no existe para ese pensador.
Ejemplos de procesos absolutos que forman sistemas cerrados de pensamiento son: el libre examen protestante, la duda metódica, la crítica kantiana, el proceso de libre mercado, el proceso de lucha de clases, el psicoanálisis freudiano, la falseación popperiana, el proceso democrático, el proceso de división de poderes, el proceso evolutivo, el proceso de la agenda global, el proceso sinodal en la Iglesia, etc.
El proceso sinodal en la Iglesia post conciliar con “(…) la aplicación gradual de las reivindicaciones del catolicismo reformista de ayer: democracia y participación en las decisiones; control del poder; laicos en puestos de dirección; mujeres en cargos eclesiásticos; revisión de la moral sexual; normalización del divorcio y las segundas nupcias; reconocimiento de los estilos de vida y las uniones homosexuales; transgenerismo; protección de la creación, es decir, el clima; universalismo de inspiración socialista: migración abierta y fraternidad universal; coexistencia interreligiosa en lugar de misión.” ( https://infovaticana.com/2026/10/30/tribuna-el-vaticano-queda-en-evidencia/ )
Dice Monseñor Marian Eleganti que nuestra sociedad “(…), no tiene ninguna posibilidad de subsistir sin el cristianismo (…)”, esa es su opinión, y que la Iglesia “(…) está dejando de anunciar la exclusividad de Jesucristo (…), que es el Camino, la Verdad y la Vida.” (Ídem.)
O sea, está dejando de comportarse como Iglesia y de serlo.
La multiplicación de filosofías, ideologías y lo que algunos llaman “paradigmas científicos” aleja al ser humano del sentido común, más aún cuando estas filosofías modernas se enorgullecen de construirse en contradicción y rechazando el mismo.
La filosofía perenne es una filosofía desarrolla sobre la base del sentido común.
Por ello, es más fácil encontrar hombres religiosos entre los que no poseen estudios universitarios que entre los que estudiaron artes liberales o filosofía.
Para colmo de males, la filosofía de Santo Tomás de Aquino no es tan accesibles como se afirma, muchos de los desarrollos filosóficos y teológicos de Santo Tomás de Aquino no son accesibles sino a los más sabios, después de mucho esfuerzo y tiempo y no sin errores y desde una mala formación tomista no se puede desarrollar una verdadera apologética católica.
Realizar una apología católica desde el tomismo no es para cualquiera.
Por otra parte, la filosofía de Santo Tomás de Aquino es la más beneficiosa para el desarrollo de la vida intelectual, es la que más favorece el acercamiento del hombre a la sabiduría y a la santidad por lo que vale la pena el esfuerzo aunque no lleguemos a estar a la altura de defender, muchas veces con argumentos tomistas, lo que pensamos o creemos.
La filosofía perenne favorece el desarrollo de la capacidad de contemplación y el razonamiento pero, de ello, no se deriva que el tomista vaya a tener más dinero y poder.
El hombre que sólo quiere dinero y poder, aplica su vida a conseguirlos pero, de esta manera, muchas veces les rinde culto y los trata como ídolos, desordena sus prioridades terrenales y sobrenaturales por un amor propio que lleva hasta el desprecio de Dios.
Este hombre pondrá todo su esfuerzo en conseguir dinero y poder, realizará sacrificios humanos, familiares y sociales que lo llevarán, tarde o temprano, a ser un hijo de la oscuridad más astuto que los hijos de la luz porque su dirección de vida estará centrada en el dinero y el poder, se despreocupará de la virtud y de dar al otro lo suyo y en sus maldades tendrá la ayuda de los espíritus inmundos de los aires.
Mientras los hijos de la luz se ocupan de trabajar y emprender, aquél se ocupará de quitarle al otro lo suyo, de operarlo para esforzarse menos y tener más.
Además, los hijos de la oscuridad escuchan más a los demonios que los hijos de la luz a los ángeles y a Dios.
Pero el mal se vuelve siempre contra quién lo comete de manera que se pierde el alma y el tiempo y no se es capaz de desarrollar un buen pensamiento, no se es capaz del ocio intelectual, la contemplación, el asombro, el amor al prójimo como a uno mismo y el verdadero culto a Dios porque sólo se buscan beneficios personales y grupales antes que la Verdad y contra la Verdad.
Su pensamiento no es movido por la adecuación de la inteligencia a la realidad de las cosas sino por “intereses subjetivos personales o grupales” que se esconden tras palabras como: “verdades relativas”.
Es decir, no es capaz de pensar poniéndose al servicio de la Verdad por lo que manipula, adultera, modifica la “verdad” para ponerla a su servicio.
En esta actividad prostituyen su inteligencia y su voluntad.
No desarrollan un pensamiento conforme a las cosas pues siempre tratan de imponer sus mezquindades y ruindades, utiliza la inteligencia para usar y abusar de la verdad como si se tratara de artes serviles.
Cuando ello sucede tiene ojos y no ve, oídos y no oye y entendimiento y no entiende.
La jerarquía entonces subordina el conocimiento de la realidad al dinero y el poder y su intelectualidad se vuelve mediocre, no llega a contemplar ni comprender las consecuencias primeras y últimas de sus acciones.
Su conducta es tan brutal como la de los hombres que murieron en el Diluvio.
Va detrás de sueños que fracasaron ya en la Babel terrenal.
Prepara el Apocalipsis.
Pero que un hombre no llegue a comprender las pruebas de la existencia de Dios de Santo Tomás de Aquino no implica que deba decidirse por el agnosticismo.
Para nosotros, una gran prueba o indicio de la existencia de Dios en la ley natural inscripta en la conciencia que le permite al hombre conocer el bien y el mal.
Los tres preceptos de la ley natural: la conservación del ser, la conservación de la especie y lo relacionado con la vida en sociedad, contienen obligaciones de conciencia como rendir culto a Dios, ser justo y no pecar.
La obligación moral y religiosa de la conciencia pesa tanto que cuando el hombre se decide por el agnosticismo predica religiosamente por palabra, obra y omisión el ateísmo y le rinde culto, además, a las ideologías o religiones políticas.
Y cuando el hombre se decide por el dinero y el poder y los trata como ídolos, se decide a ser injusto y gran pecador.
La obligación moral y religiosa de dar culto verdadero a Dios y de cumplir sus mandamientos persiste incluso cuando no se cumplen y genera una mala conciencia, o sea, la conciencia de estar en pecado mortal que, muchas veces, hace que el hombre se revuelva contra de Dios y le haga la guerra cultural y socialmente.
La presencia de los mandamientos inscripta en la conciencia de los gentiles, como explicaba San Pablo, son prueba de la existencia de Dios y no puede ser callada por medio del pecado sino que se requiere la bestialización absoluta del ser humano para silenciar esta voz.
Lo leemos en “Crimen y castigo” de Dostoievski quién había vivido junto a asesinos en Siberia nos presenta la confesión de un asesino.
Raskólnikov dice: “Yo quería “atreverme” y maté, solo atreverme quería.” “Necesitaba saber entonces, y saberlo cuanto antes, si yo era también un gusano, como todos, o un hombre. ¿Estaba facultado para transgredir la ley, o no lo estaba? ¿Me atrevía a traspasar los límites o no? Cuando me dirigía a la casa de la vieja, no quería sino intentar un ensayo.” “¿Es que yo la maté a la vieja? Yo me maté a mí mismo, no maté a la vieja.” “Pero a la vieja la mató el diablo, no yo.” (Sáenz, Alfredo, “El fin de los tiempos en siete autores modernos. Gladius, 2008, pg. 58)
Se puede llegar al conocimiento de la existencia de Dios por medio del conocimiento de la ley natural pues se presenta como una exigencia de Dios a la creatura humana.
Si el hombre puede obligarse a sí mismo sólo por su libre albedrío y también puede usar el libre albedrío para desobligarse.
El único motivo serio para pensar con seriedad que el hombre debe dar al otro lo suyo, está en la fundamentación sobrenatural de que las malas acciones tienen consecuencias no sólo ni principalmente en esta vida sino en el más allá.
Sócrates decía que prefería ser víctima a victimario porque las almas de los victimarios tienen, en el más allá, cicatrices como de latigazos.
El hecho de que Sócrates hablara de un Daimon que le impedía transgredir con sus palabras o acciones la ley, está indicando la presencia de un orden sobrenatural que el filósofo percibía en su dificultad de pecar y en su disposición a decir la verdad.
El conocimiento de la existencia de Dios puede adquirirse con graves errores como en el politeísmo o en las religiones no católicas y es un conocimiento que no salva.
Babilonia, en “(…) cuanto él (el rey) practica el derecho conforme a la escritura de dios. (…), así le conceden los grandes dioses un gobierno duradero y la gloria de la justicia.” (Sancho Izquierdo, Miguel y Hervada, Javier, Compendio de derecho natural. Universidad de Navarra S.A., 64)
En Egipto se creía que los muertos debían comparecer ante el tribunal de Osiris y ante la diosa Maat por lo que los deberes de justicia “(…) fueron considerados por los egipcios como deberes divinos (…)” (Ídem., 65) según el Libro de los Muertos.
Grecia Homero escribía: “(…) en el otoño descarga una tempestad sobre la negra tierra, cuando Zeus envía violenta lluvia, irritado contra los hombres que en el foro dan sentencias injustas y echan a la justicia, no temiendo la venganza de los dioses (…).” (Ilíada, XVI, v. 384)
En Antígona de Sofocles: no “(…) era Zeus quién me imponía tales órdenes, ni es la Justicia (Diké), que tiene su trono con los dioses de allá abajo, la que ha dictado tales leyes a los hombres, ni creí que tus bandos habían de tener tanta fuerza que habías tú, mortal, de prevalecer por encima de las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses. Que no son de hoy ni son de ayer, sino que viven en todos los tiempos y nadie sabe cuando aparecieron. No iba yo a incurrir en la ira de los dioses violando sus leyes por temor a los caprichos del hombre alguno.” (vv. 201-285)
Heráclito: porque “(…) todas las leyes humanas se alimentan de la única ley divina, la cual manda tanto cuanto quiere, y basta a todo y es superior a todo.” (Sancho Izquierdo, Miguel y Hervada, Javier, Compendio de derecho natural. Universidad de Navarra S.A., 83)
Archytas de Tarento, entre los pitagóricos, “(…) divide las leyes en escritas o humanas y no escritas o leyes de los dioses, que constituyen el fundamento de las escritas y cuya transgresión trae consigo el castigo y la desgracia.” (Ídem., 84)
Cicerón: “(…) hay una ley verdadera, recta razón conforme con la naturaleza, presente en todos, constante, sempiterna, la cual llama al deber mandando y desvía del engaño prohibiendo (…). A esta ley, ni cabe abrogarla, ni es lícito derogarla en algo, ni puede ser abrogada por completo, ni nos podemos desligar de esta ley por obra del Senado o del pueblo, ni hay que buscar quién la explique, ni al intérprete (…), no será una en Roma, otra en Atenas, una ahora; otra después; todos los pueblos, en todo tiempo, serán regidos por esta única ley eterna e inmutable; y único maestro común, por así decirlo, y soberano de todos será Dios; de esta ley, él sólo es autor, intérprete y legislador; y quien no le obedezca renegará de él mismo incurrirá en las máximas penas, aunque pudiera escapar de otras sanciones.” (La República, III, 2)
No salvan al hombre el solo conocimiento de las pruebas de la existencia de Dios.
Los demonios saben que Dios existe y, sin embargo, están condenados.
La salvación procede de recibir el organismo sobrenatural de la gracia formado en parte por las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), por las virtudes infusas y por los dones del Espíritu Santo.
Un niño recién bautizado sin conocimientos posee, en germen, el organismo sobrenatural de la gracia.
Se puede acceder al conocimiento de la existencia de Dios de muchas maneras, de forma oscura a través de la fe.
Incluso hay un tipo de gracia que no salva pero suministra una fe y esperanza informes que Dios da para la conversión.
Hemos hablado de una prueba o indicio de la existencia de Dios en el conocimiento del bien y del mal, no por la metafísica sino porque la ley natural que contiene el conocimiento de lo debido al prójimo, a la sociedad, a la Iglesia y a Dios.
Ella misma, por sus mandatos, nos hablan de Dios.
La conciencia constantemente exige al ser humano dar culto a Dios.
La lucha del ateo contra esta voz de la conciencia sólo demuestra su peso.
Esta ley gravada por Dios y nos enseña que asesinar a un inocente está mal aunque lo llamemos “eutanasia” y que matar a un ser humano en el vientre materno está mal aunque las feministas digan lo contrario.
Nos enseña que no está bien atacar poblaciones civiles y ocupar militarmente, por ejemplo, la Franja de Gaza y el sur del Líbano. Que reducir y empobrecer la población mundial para conseguir una agenda global está mal, etc.
Quizás la principal apología que puede realizarse desde la filosofía perenne no se encuentre en la metafísica sino en el conocimiento de la ley natural y del derecho natural, en el estudio de las virtudes teologales y cardinales, en la mística, etc. estos indicios o pruebas se acumulan hasta crear la convicción de que Dios existe.
Por ello, Dios no nos suministró un tratado de metafísica sino una Historia de Salvación vivida y escrita sólo en parte.
Por supuesto que la lectura de las Sagradas Escrituras, la participación de la vida de la Iglesia y la gracia recibida en los sacramentos fortalecen la convicción de que una sola es la religión verdadera santa católica apostólica y romana.
La obra de Josef Pieper (quitando el libro “Las virtudes fundamentales” porque es un tratado voluminoso que puede cansar al lector) puede ser un primer elemento para encontrar indicios y pruebas de la existencia de Dios.
Indicios tras indicios, pruebas tras pruebas darán lugar a una convicción personal de que se está ante la religión verdadera y el Dios verdadero.
Para un profesional del derecho debería bastar con un libro de un filósofo del derecho tomista como Michel Villey, Giuseppe Graneris, John Finnis, Javier Hervada, Guido Soajes Ramos, G. Kalinowski, J. de Finance, F. Olgiati, J. A. Casaubon, Rodolfo Vigo, L. Lachance, C. I. Massini Correas, J. García Huidobro, Héctor Hernández, etc. para comprender que lo intelectual es más amplio de lo que pretende la filosofía moderna.
Se puede empezar a buscar pruebas e indicios de la existencia de Dios en la obra de G. K. Chesterton, en la de los Padres Leonardo Castellani, Julio Meinvielle, Alfredo Saenz, etc.
También en los videos del Centro Pieper o en los sitios como “Wanderer” y Aldo María Valli.
Lo primero que llegará a comprender el lector es que la religión católica es muy diferente, más rica, más hermosa, más amable de lo que pensaba.
El juicio que lleva a comprender que “Dios existe” está basado en infinidad de indicios, pruebas y gracias que la divina Providencia suministra al hombre durante toda su vida.
Se puede llegar a esa conclusión al amanecer, durante el resto del día o al llegar la tarde y se va a recibir siempre la misma paga.
El lector debe tener presente que todo conocimiento humano está sujeto a dudas, se puede dudar de todo pero ello no significa que la duda metódica sea un método adecuado para llegar a la verdad.
El conocimiento cierto y verdadero en el hombre no es como en Dios, lo que Dios piensa es, no sucede lo mismo en el hombre, lo que piensa puede no ser, no escuchará campanitas ni gritará “Eureka” corriendo desnudo por las calles.
Las dudas van a existir si Dios permite que el hombre sea probado para vencer.
Los procesos absolutos del libre examen, duda metódica, etc. han demostrado no ser capaz de llegar a ninguna certeza porque no son métodos adecuados.
Se puede dudar y criticar todo pero de ello no surge que por medio de la duda metódica o la crítica pura se deba llegar a alguna verdad, más bien sucede lo contrario, que esos procesos absolutos son incapaces de alcanzar la verdad.
La modernidad nos ofrece “procesos absolutos” a cambio de despojarnos de “verdades absolutas” y a cambio nos regalan infinitas “verdades relativas” “opiniones” “mentiras relativas” o “verdades de juguete” que no sirven de nada frente a las leyes y decisiones injustas de los gobiernos en el sentido de afirmar: “no te es lícito”.
Recordemos que los ateos y agnósticos también tienen dudas en su ateísmo, su fe no es perfecta: ¿y si Dios existe? ¿y si el infierno existe? ¿y si la salvación depende de dar culto a Dios?
Estas dudas hacen que vivan con miedo y, por ello, reaccionan con violencia contra quienes no comparten su fe de que “Dios no existe” y forman comunidades de ateos para sostenerse en la más absoluta oscuridad e ignorancia.
En los ateos y agnósticos muchas veces reaparecen los residuos de la religión bajo la forma adulterada de supersticiones y creencias absurdas.
Por otra parte, la comprensión de las cuestiones de fe puede variar según la edad, la preparación, la profesión u oficio, la capacidad, la salud, la civilización o cultura, los problemas personales, familiares y sociales, etc.
La fe como virtud sobrenatural sólo es perfecta en el santo pero el justo tampoco está libre de tentaciones y pruebas.
No esperemos a sentirnos como un “fantasioso Buda” para decir lo que pensamos y creemos de Dios y obrar en consecuencia.
La vida nos obliga a elegir, Dios nos obliga a elegir.
Ser agnóstico y comportarse como ateo es una elección y tiene sus consecuencias en este Mundo y en el otro.
El conocimiento natural que se pueda tener de la existencia Dios no es superior al que se adquiere por la fe como virtud sobrenatural.
Desde nuestro punto de vista, el juicio concreto y circunstanciado del hombre sobre la existencia de Dios se va formando por muchos aportes, pruebas, indicios, vivencias, gracias, etc. y va a variar durante su vida profundizándose mientras acrecienta el amor, la vida religiosa o los estudios o manteniéndose remiso y decadente.
El conocimiento por la fe es oscuro.
El conocimiento tomista de las pruebas de la existencia de Dios puede olvidarse y ello no afectará necesariamente la fe.
El juicio concreto y circunstanciado sobre la existencia de Dios puede irse modificando con el tiempo.
Este juicio prudencial ayudado por la gracia nos permitirá vivir como debemos.
La fe no desarrollada del católico remiso no excluye las dudas ni las pruebas.
Aún el santo puede verse tentado por dudas y pruebas.
Las dudas e incluso la aridez de no tener gracias sensibles (Dios puede quitar las gracias sensibles) no deberían preocupar al católico salvo que otros síntomas indiquen que puede estar ante una depresión o neurosis.
No nos pasemos la vida buscando la piedra filosofal, aceptemos las limitaciones en nuestros conocimientos.
Reconozcamos que somos capaces de adecuar nuestra inteligencia a la realidad de las cosas, por ejemplo, al cruzar una calle y que debemos hacer lo mismo con la religión e Iglesia católica.
Debemos elegir, estamos obligados, la aparente no elección del agnóstico es una forma de elegir.
O estamos con Cristo o en su contra. O juntamos o desparramamos.