Paredes, puertas, ventanas que dejan oír pequeños susurros. Susurros que me gritan que ya no pertenezco aquí, que soy un extranjero en el hogar que construimos.
Qué raro se siente llegar a casa.
Hay rincones oscuros que parecen revelar una verdad absoluta: la luz ya no volverá a ser la misma. Y cómo quisiera aparentar que no odio estar aquí, fingir que estos espacios todavía me resultan familiares, cuando lo único que queda es el eco y aquella cálida luz que alguna vez abrazamos juntos.
Cómo quisiera huir de aquí.