—Pero tampoco quiero fingir que no siento nada.
Mi corazón comenzó a latir con una fuerza bastante inconveniente.
Y entonces comprendí que el verdadero peligro no era enamorarme de Alessandro.
Era descubrir que, después de tanto tiempo considerándolo mi lugar seguro, también podía convertirse en el hombre al que quisiera besar al final de cada día.
Porque algunas historias de amor no comienzan cuando dos desconocidos se encuentran.
A veces comienzan cuando dos amigos dejan de esconder lo que sienten.
Y nosotros todavía no teníamos idea de cuánto podía cambiar nuestra vida aquella conversación