LA ASAMBLEA
La araña trepó por la pared para encontrarse con su par.
Cuando estuvo frente a frente, le dijo:
—Esto es complicado, muy complicado —repitió—.
La humana nos respeta, igual que los ancestros de esta casa. Nunca intentaron matarnos; ha sido nuestro hogar por décadas. Jamás usaron insecticida contra nuestras telarañas.
La hermana araña le dijo:
—Es que la humana es activista de VOICOT.
Su mirada se desvió hacia una araña que le gustaba mucho: madura, tan centrada, una reina, hermosa cual diosa. “Mil hijos me daría si...”.
—Dejá de distraerte —lo interrumpió la otra araña—.
Precisamos respuestas y apoyo.
Debemos hablar con las otras arañas y especies de por ahí.
¿Dónde está Cachi, la garrapata? Ella sabe leer.
—¡Cachi! —gritaron.
Cachi se asomó.
—Vos sabés leer. ¿Podés dejar a ese perro y decirnos qué dice?
Cachi se frotó y, de mal talante, se retiró del pelo del perro. Se puso sus anteojos.
—Tengo bocas que alimentar —dijo, enojada.
Y leyó para todos:
“Buenos Aires.
Barrio ancestral de Glew.
Se avisa que la casa está en venta, después de años de pasar de generación en generación”.
Hubo murmullos y comentarios.
Prosiguió:
“Se sabe que la casa es una herencia, pero la humana Sonia ya está mayor y, como es viuda, se va a una residencia para ancianos.
Su hija, Delia, se va a estudiar lejos.
Así que se decidió vender esta casa, que ancestralmente es de los insectos”.
Una tarántula se asomó y dijo:
—¿Seguiremos viviendo acá o no?
Cachi siguió leyendo la carta:
“El problema es si los nuevos dueños deciden usar insecticida todo el tiempo sobre nosotros, quemando nuestras entrañas, o si prefieren convivir con nosotros.
Si usan insecticida, promueven un genocidio en masa.
Nos rebelaremos contra la humanidad.
Están todos debidamente notificados”.
Se hizo un silencio.
La tarántula se metió de vuelta en su cueva.
—Cuenten con nosotros —comentó desde lejos.
Los demás murmuraron, y entonces se asomó la impoluta araña, la reina madura.
—Eso depende. Si alguien levanta la mano para usar insecticida o utiliza su cuerpo para matarnos, no habrá modo de organizarnos.
Para mí, lo mejor es tener una cueva secreta, que no nos encuentren ahí.
—Esa es buena —dijo Jack, el enamorado.
Todos estuvieron de acuerdo.
Solo era cuestión de ver qué pasaba.
Todos se fueron a esperar a la humana.
—No queda otra —dijo la araña—. Hay que hablarle.
Sonia, la anciana humana, no veía de un ojo y se movía lentamente.
—Sonia —repitió la araña.
—¿Qué? —dijo débilmente la anciana.
—Te precisamos.
Sonia miró alrededor.
—¿Quién habla?
—Soy yo, la araña que vive en esta casa con su familia de más de 2000 hijos.
La anciana frunció el ceño.
—Se ve que estoy loca total… y ya me voy.
—Precisamos saber quién es el nuevo dueño de la casa —preguntó la araña.
Sonia titubeó y dijo:
—Van a demoler la casa… y vivirán en sus escombros hasta que hagan una nueva.
Se quedó dormida.
La araña volvió presurosa y comentó, alterada:
—Hay que hacer un nuevo hogar antes de que nos caiga todo encima.
La humana anciana, Sonia, estaba desvariando en la cama, algo habitual por esos días.
La casa era oscura y gris; a juzgar por la situación, se había desmoronado notablemente.
Ya no tenía servicio de limpieza, la hija se había ido y nada quedaba.
La anciana gritó, y Bruno se asomó.
—¡Van a morir todos! —gritó—. ¡Ninguno tiene salvación!
De repente abrió los ojos. El ojo ciego se transformó en un ojo animal.
Miró para todos lados hasta que su mirada se encontró con Bruno.
Y habló en un tono extraño, en idioma arácnido:
“Van a morir todos. Sálvense, Bruno.
Nada va a quedar en pie.
Nada de nada”.
Los ojos se cerraron y quedó tiesa. Así falleció la anciana, sola en una casa lúgubre.
Las arañas se escondieron en las sombras hasta que llegó la policía. Tal como dijo Bruno, rompieron la puerta y se la llevaron.
La casa quedó vacía por unos años.
Todos vivieron tranquilos: la casa era de ellos.
Sorpresivamente, una fuerte ráfaga de fuego violento inundó la casa.
Todo retumbaba. Todo volaba. Olas calientes surcaban las paredes, se volcaban como orillas de mar, luego danzaban y formaban remolinos.
Nada quedó.
Bruno con desespero apuro todo lo que le dió las patas pero sentía un calor que lo ahogaba hasta que vio algo un grupo de cucarachas entraron con el fin de ayudar. A llevar insectos y así se trasladaron los sobreviviendo es a un terreno baldío o eso parecía.
La explosión hizo que la araña volara por los aires. Cuando pudo trepó a toda velocidad porque el fuego era una marea que no se detenia.
En un momento se produjo lo inevitable, las cucarachas salieron de sus escondites y transportaban todo insecto que andaba por ahi,así que, Bruno, la araña,se subió a uno para hacer más rápido.
Bajaron a las profundidades dónde el fuego no llegaba.
Una hormiga y una cucaracha vigilaban hasta que después de un tiempo confirmaron a los bomberos apagando el incendio.
Guarda! advirtieron- a lo mejor se inunda este lugar.-
De repente una dimensión se abrió y salieron muchas cucarachas e insectos que Bruno no conocía.
-Por acá! apresuren todos esto se va a llenar de agua.-
Las cucarachas iban y venia transportaban heridos muertos y una llevaba una hormiga que traía vendas y gasas para los afectados.
La araña miraba desolada herida no físicamente sino mentalmente su cuerpo gritaba de dolor.
Se agasapó y escondió en su desolación. No entendía nada.
Su cuerpo enumeraba cada uno: amigos, conocidos, hijos, primos, madres de sus hijos nada quedaba.
La explosión de fuego consumió todo.
Pero donde hay dolor hay amor,odio,placer y desolación.
La araña tomo una hoja que encontró y puso los nombres de todos.
Lo guardo en una cajita.
Una cucaracha pequeña le pidió que se subiera a su lomo lo trasladaría al comedor.
A Bruno la comida no le interesaba
Pero agradeció el gesto.
Una curandera lo chequeo ... Y no dijo nada.
Le puso unas vendas algunas de sus patas.
Una cucaracha que estaba descansado del trajín del día, sintió algo y comunicó con sus antenas a las demás.
Ahí surgió un monstruo abominable sobrenatural de las entrañas del mismo agujero.
Era un especie de araña pero no lo era, emanaba un olor extraño y era extremadamente caliente.
Un monstruo bastante llamativo ojos de fuego eléctricos una lengua verde gigante.
Su cara destruida no miraba a nadie, sus garras anaranjadas, poco decían, tenía una cola y una lengua enorme.
—Muy buenas y tristes noches, hijos—. Comenzó diciendo.
Parece mentira pero hace unas horas hubo una gran explosión en la casa de la humana fallecida.
Siento su dolor como mío, sus difuntos son los míos.
Pronto averiguaremos más si era solo un accidente o fue intencional.
Si fue intencional ...bueno que tema porque nosotros los lastimaremos.
Coman llene de de fuerzas.
Y de golpe desapareció.
Bruno se asomó por unas rendijas precisaba moverse sentía que debía comunicarse con otras arañas.
No tenía problemas con las cucarachas ni garrapatas del lugar, pero debía encontrar a los suyos.
El monstruo insecto habló bastante sobre el plan que el había trasado contra la humanidad.
A Bruno le pareció bien, aunque a el no le interesó en lo más minimo.
Se sentía raro. no entendía dónde estaba.
Era el cielo era el infierno? era su mente o siempre hubo esa clase de insectos gigantes y nadie sabía.
Algo pasaba, algo se movía, en su interior. Aparte del dolor.
Trepó mucho,bajo y subió hasta que mirando por un agujero, se apareció un ojo enorme.
Carnoso, color rojo por momentos ocre, por momentos amarillos.
—Hola Bruno— su voz atronadora encogió a la araña.
De sorpresa apareció una botella chica de 100 mil el ojo dijo:
—Esto te va hacer sentir mejor.
Bruno lo tomó y dijo:
—Mal no me vendría estar mareado y distraído como los humanos.
—No seas tonto Bruno es para que curen tus heridas.
El ojo carnoso se acercó más hasta que estuvo cerca de su panza.
—Yo también tengo aguijones—comentó.
Bruno tomó el brebaje y lo observó. Solo era un ojo enorme lleno de carne.
Bruno preguntó a qué se debe está charla estás de acuerdo con el plan del insecto grandote? Verdad?
El ojo se clavó de lleno en los ojos de Bruno.
—Yo no hago nada ni el bien ni el mal.
—Bueno que ofreces? —dijo la araña curiosa.
—La muerte definitiva...
—¿Así?
—Qué loco creí que estaba muerto.
—¿A cambio de qué?
—Tengo varios planes —dijo con voz atronadora— todos encajan perfecto con vos.
—Contame un plan y yo te cuento si me gustaría participar.
El ojo le contó uno de tantos...
Bruno meditó y dijo:
—Acepto.
—¿Un plan así a cambio de muerte?
—Sí.
—Cumplí y sella tu promesa ojo viscoso porque yo voy a cumplir.
El ojo se abrió más grande la carne lo d y bruto se metió.
El ojo tenía 20 ojos de diferentes colores y ahora tenía patas.
Cuando Bruno se incorporó al cuerpo del Ojo escuchaba varios pensamientos.
No era el único pero en un momento determinado, él sentía que las partes se ponían de acuerdo.
El ojo se acercó a otro ser y se incorporó.
Se unió a otros monstruos insectos que estaban hablando entre ellos.
—Ya viene ella —confirmó uno.
El ojo se había unido a un monstruo insecto igual a ellos.
Bruno podía escuchar como hablaban todos.
A su vez formaban un solo individuo.
De una especie de agujero surgió ella.
Una especie de monstruo en forma de mujer, solo que era enorme.
Sus ojos eran como el de las arañas.
Su pelo verde como el pasto.
Sus piernas eran igual a la de los árboles. Mismo color.
Sus manos eran como las raíces de los árboles.
A su vez en el pecho tenía marcada como unas venas de color verde flour.
En sus manos tenía una flor de loto que la contemplaba.
—Comiencen de vuelta con toda la información, tengo que ir a lo de mi padre.
Los insectos le contaron lo que había pasado.
—Él no puede hacer eso... —dijo berrinchando.
No puede desequilibrar todo.
Es inaudito.
De repente se acomodó y se desplazó al agua.
Los insectos se treparon.
Un largo viaje acuático los esperaba...
Los monstruos insectos se subieron al cuerpo de la monstrua verde.
Ella funcionaba como un bote, pero la araña Bruno quería saber dónde estaba y qué hacía ahí.
No entendía nada.
Así que se salió del OJO y se subió cerca de la oreja de la monstrua.
—Hola, soy Bruno.
—Hola, arañita —dijo alegremente y con voz de trueno la monstrua.
Su voz poderosa le hizo cosquillas en las patas a la araña.
—No sé dónde estoy. Pertenezco al mundo de los humanos. ¿Lo conoces?
La monstrua le contestó:
—Conocemos todo, pero somos de otra dimensión. La cruzaste sin querer. Ese es el mundo Dartha. Acá habita el creador de todo. Yo soy su hija y numerosos monstruos viven en equilibrio.
—No hay agresión, no hay dolor, solo hay unión.
A la araña eso de las dimensiones no le cuadraba.
—Me gustan tus respuestas claras, pero quiero ir al punto. Si yo quisiera volver, ¿puedo?
—Sí, arañita. Nadie te retiene. Podés volver a tu mundo cuando gustes.
—¿Por qué siento que es una ilusión? Siento sensaciones raras, llenas de velos, y siento que estoy muerto.
—El ojo me prometió muerte definitiva.
La monstrua rió.
—Él no tiene poder para nada, es solo un mentiroso.
El ojo, ya hablando, amonestó:
—Deja de mentir.
El ojo miró resignado.
—A veces los monstruos se ponen ambiciosos y quieren poder, dado que a veces se aburren del equilibrio que siempre existió aquí —afirmó—.
—Eso pone en riesgo todo. Imagínate qué serían capaces de hacer en tu mundo. Por ejemplo, yo… me imagino que crearía tsunamis enormes.
—Yo vi a un monstruo decir que va a atormentar y a vengarse de la raza humana. Era un ser muy caliente y le faltaban ojos.
La monstrua se detuvo. Todo se paró.
—No me digas que Crakis volvió a hacer de las suyas…
Con aplomo explicó:
—Es un ser un tanto caótico. ¿Sabés? Acá se vive en forma de comunidad, así le llamarían los humanos.
—Pero humano no sos, así que… ¿cómo viven las arañas?
—Las arañas vivimos en comunidad también. De hecho, yo era padre de numerosas arañas. Perdí todo: a mis hijos, a mis primos, a mis mujeres… todo. No sé quién vive todavía.
—Por eso quería preguntar si podía volver a ver si quedan.
El ser verde le contestó:
—Eso lo tengo que hablar con mi padre, arañita. Si te autoriza, como no sos un monstruo ni pertenecés acá… incluso si te quisieras quedar, eso depende de él también.
—Si decido volver, vuelvo con una pareja, así no me siento solo.
La monstrua lo miró.
—Acá es imposible sentirse solo igual, arañita.
—Asomá tu coraza al agua —le invitó.
La araña observó. Aunque había cosas que no podía ver, una comunidad empujaba y formaba una barra que trasladaba a la monstrua. Minis y pequeños seres acuáticos trabajaban juntos, llevando comida a sus hogares.
—Acá se trabaja en equipo. Nadie está solo, nadie es uno solo. Acá somos una comunidad.
—Ojo es travieso, pero es nuestro visor. Revisa y controla que ninguno quiera hacer la gran Crakis.
—Le llamamos así a todo aquel monstruo ateo, rebelde del padre de todos, que quiere ejercer poder desenfrenadamente, negándolo todo y viviendo de prestado.
—Digo de prestado, arañita… porque acá sos inmortal.
La monstrua se detuvo en la orilla y llamó:
—¡Padre, llegamos!
Alguien chiquito, desde un pequeño caracol, respondió:
—Sí… hacete chiquitita, porque si no se complica.
—¡Ay, padre! ¿Por qué? ¡No sé hacerme chiquita! ¡Soy enorme!
El padre de todos se asomó. Era una pulga de mar.
De pronto se transformó en su verdadera forma: un ser de múltiples ojos, con un cuerpo viscoso. Su pelo era de madera verde. Los brazos y las piernas eran como los de la monstrua verde, parecidos a los árboles.
Estuvieron hablando bajo durante un largo rato.
El ser le dio unas piedras y una bolsa de polvo.
—A Crakis mandalo donde ya sabés —le dijo—. Ahí le va a gustar. Se va a creer que está haciendo algo para destruir todo… y en realidad no va a destruir nada.
El padre de todos rió.
—No hay nada más divertido que engañar a Crakis.
Dicho esto, la monstrua se metió otra vez en el agua.
—Agárrate bien, arañita. Esta vez el viaje es rápido, así llegamos a la puerta de tu mundo. Yo voy por Crakis, vos por los tuyos.
Y le dio una piedra.
—Con esto volvemos.
Con toda su fuerza, la monstrua verde avanzó hasta la orilla. Durante el trayecto no se veía nada, hasta que apareció la delgada línea de la dimensión.
Cuando cruzaron, ella se transformó en humana.
—Me voy a presentar como tal.
—Sí, pero ellos van vestidos —dijo la araña.
—¿Puedo preguntar algo?
—Claro.
—¿Cómo Crakis vino acá?
—Muy perspicaz tu pregunta. Hizo algo sacrílego y profano: mató a un humano para cruzar.
—Eso explica la muerte extraña de la anciana humana.
—La humana era médium, o vidente —comentó Bruno.
—Tal cual. La última puerta para cruzar.
—Suerte, Bruno. Y avisá, porque después me tengo que ir a retener a Crakis.
Bruno trepó y encontró telarañas por donde pasar. Cruzó.
Cuando llegó, no reconoció a nadie.
—Buenas —dijo.
Lo miraron.
—No sos bienvenido. No sos pariente nuestro.
—Qué suerte la mía… yo buscaba novia nomás.
Nadie respondió.
Se alejó silbando hasta encontrarse otra vez con la monstrua.
—No sé… no había nadie al final.
—Vamos nomás. No te asustes, arañita.
—¿Por qué?
—Vamos a pasar por donde viven los monstruos caóticos.
La araña se subió a su hombro. Tenía miedo.
Los monstruos golpeaban la membrana carnosa mientras ellos pasaban.
Todo era un túnel de venas y carne podrida. La membrana les impedía salir hacia cualquier parte.
—¡No existe el Padre de Todos! —gritaban—. ¡No existe nada! ¡Solo el vacío!
—¡Decilo! ¡Decilo, verde! ¡No son nada! ¡Nada!
Bruno no sabía qué pensar. Se sintió raro e inquieto.
—El mundo del caos —dijo la monstrua mientras volvía a sumergirse en el agua y se transformaba otra vez.
Bruno durmió durante todo el trayecto.
Cuando llegaron, la monstrua le mostró su nueva casa, rodeada de árboles, y la orilla donde trabajaban los demás monstruos.
Le dejó un hilo y le indicó:
—Tenés que ponértelo cuando estés con ellos.
No sos monstruo como nosotros, pero así vas a poder tener algunas de sus cualidades.
La araña posaba tranquila en la orilla del lago, cerca de su casa.
Recordaba lo que le había dicho el Padre de Todos.
—Yo no puedo combatir contra Crakis ni convencerlo de nada —había dicho—. Somos inmortales mientras el mundo que Verde construyó siga girando. Podríamos pelear durante toda la vida... y no tendría sentido.
La araña escuchaba ese recuerdo como si el agua del lago lo repitiera.
—Es preferible que, si algún día Crakis sale del Mundo del Caos, vaya directo al lugar donde nació: tu mundo.
El viento movió las pequeñas patas de la araña.
—El único que puede hacer eso sos vos. Podés cruzar ambos portales. Podés llevar a Crakis a tu mundo... y después volver.
La voz del Padre de Todos había sido grave y tranquila.
El lago estaba en silencio.
FHIRMA... es un mundo donde se pelea por los valores. Las luchas son eternas, lanzas, espadas, artes marciales...
—Nosotros preferimos la paz.
—Yo pelee una vez me aburrí, me sentía mal conmigo mismo.
—Dije prefiero crear y proyectar mundos posibles. Acá estamos arañita.
—No creo haberme equivocado.
La araña al recordar esto se dió cuenta que ese equilibrio era relativo y que dependía de todos.