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La arquitectura del caos

agustin
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Personajes:


  • Silvia (45): Profesora de Literatura y actriz de teatro independiente por las noches. Vive en un estado de agotamiento crónico, atrapada entre la pasión del arte y la urgencia social del aula. Su voz oscila entre la proyección dramática de escenario y el tono rasposo de quien habla durante cinco horas seguidas contra el ruido de la calle.

  • Director Rodolfo (58): Director del Liceo 1 "Manuel Rosé". Años de burocracia en el Consejo de Educación Secundaria le han afinado la mirada. Es un hombre institucional, sobrepasado por las inspecciones, las circulares ministeriales y la falta de presupuesto, pero con una lealtad profunda por los chiquilines del pueblo.

  • Subdirectora Beatríz (52): La disciplina hecha persona, encargada del turno. Rigurosa, estricta, siempre con una planilla en la mano y la mirada atenta al uniforme, la conducta y los partes policiales. Oculta tras su coraza una fragilidad enorme cuando la pobreza del barrio le explota en la cara.

  • Claudia (50): Adscripta / Administrativa principal. Es el corazón operativo del liceo. Sabe los nombres, las historias familiares, las tragedias silenciosas y los trucos de cada uno de los 800 alumnos. Huele a café frío, menta y fotocopia recién hecha.

  • Valentín (16): Alumno de 4to año. El "turro" del fondo. Altivo, defensivo, con campera deportiva de marca trucha. Parece que no le importa nada, pero lleva la espalda cargada de violencias barriales y escribe poesía en las márgenes de su libreta.

  • Micaela (16): Alumna de 4to año. Hija de comerciantes acomodados de la zona céntrica de Las Piedras. Va al liceo público por convicción familiar, pero mantiene una distancia snob, usando cremas caras y quejándose de los olores y las instalaciones.

  • Marcos (17): Alumno en situación de vulnerabilidad extrema del barrio San Isidro. Callado, con la mirada siempre en el piso, golpeado por la vida. Encuentra en las clases de Silvia el único espacio donde su existencia no es un estorbo.

  • El "Pistola" (15): Alumno rebelde de 3er año, un torbellino de problemas que entra y sale de la adscripción.

Escenario:

El escenario representa el ecosistema saturado y palpitante del Liceo 1 "Manuel Rosé" de Las Piedras, dispuesto en varios planos comunicados:


  1. La Dirección / Subdirección y Adscripción: Escritorios metálicos grisáceos cubiertos de expedientes amarillentos, un teléfono fijo de disco/teclas que no para de sonar, una fotocopiadora vieja que emite un zumbido mecánico cada tanto, ficheros de metal y un botiquín abierto con vendas y alcohol.

  2. El Salón de Profesores y Pasillo Principal: Una mesa grande con tazas usadas, un microondas sucio, afiches institucionales desgastados sobre el presupuesto educativo y el clásico timbre metálico de pared.

  3. El Aula de 4to Año: Bancos de madera con nombres tallados, grafiteados con corrector blanco y aerosol; la pizarra verde raspada, manchada de tiza blanca y roja; y ventanas que dan a la Avenida Bicentenario, desde donde entra el constante rugido del tránsito, motos con escape libre y bocinas.

  4. El Camarín / Espacio de la Actriz: Un pequeño rincón en la penumbra del proscenio con un espejo rodeado de bombillas amarillas, una silla de madera y una percha con un vestuario teatral.

ACTO I: El engranaje de las 7:15 AM

(Sonido de lluvia torrencial golpeando los techos de chapa del patiocubierto. El timbre del liceo suena tres veces: un zumbido metálico, agudo, penetrante. La luz ilumina la adscripción y la Dirección. El Director Rodolfo revisa un expediente con un marcador rojo mientras la Subdirectora Beatríz camina aceleradamente con un manojo de llaves en la mano).


Beatríz: (Ajustándose el saco, con tono tajante) Rodolfo, se volvió a llover el salón 12. Cayó agua directo sobre la llave térmica. Los de 3ro 2 están apretados en el pasillo. Y por si fuera poco, el chofer del camión de la cantina dejó las cajas de leche en la entrada bloqueando el portón.


Rodolfo: (Sin levantar la vista del papel, suspirando) Buenos días para vos también, Beatríz. Llamá a Mantenimiento del Consejo. Deciles que es carácter de urgente.


Beatríz: (Con una risa amarga) ¿Mantenimiento? El expediente por la humedad del techo lo mandamos en mayo. Está durmiendo en una mesa de entradas en Montevideo. Si esperamos por el Consejo, los chiquilines van a tener que venir en bote. Voy a mandar al conserje a poner baldes.


(Entra Claudia con tres carpetas azules bajo el brazo, una taza de café humeante en la otra mano y una bolsa de biscochos).


Claudia: (Dejando las carpetas en el escritorio con un golpe sordo) Buenos días, autoridades. Noticias de la mañana: la profesora de Geografía avisó que el hijo tiene 39 de fiebre, así que 4to 3 tiene dos horas libres. El "Pistola" ya arrancó el día peleándose en el portón con uno del Liceo 2 por un gorro de visera. Y la puerta del baño de varones no traba.


Rodolfo: (Se frota las sienes) Decile a la adscripta que a los de 4to 3 los mande al patio interno, pero que no los deje ir a la calle. Si están en la esquina, los de la brigada de tránsito me llaman a mí. ¿Y el "Pistola"?


Claudia: Lo tengo sentado en la adscripción comiendo un bizcocho de grasa. Si lo suspendo, el padre le da una paliza en la casa. Prefiero tenerlo acá limpiando borradores.


Beatríz: Claudia, la disciplina se cuida o esto se convierte en una feria. El reglamento es claro respecto a las agresiones en la vía pública con uniforme del liceo.


Claudia: (Mirando a Beatríz fijamente) Beatríz, con todo respeto, el reglamento no conoce el barrio donde vive el "Pistola". Si lo mandás para la casa hoy, mañana no vuelve más y termina vendiendo pasta base en la vía del tren. Déjamelo a mí.


(Por el pasillo camina Silvia. Lleva una bufanda tejida, una túnica escolar arrugada en la mano y una bolsa de tela gigante llena de exámenes sin corregir y un volumen de "La Gaviota" de Chéjov).


Silvia: (Entrando a la Dirección, apoyándose en el marco de la puerta) Hola, gente... ¿Queda café o es pura agua tibia con colorante?


Rodolfo: Servite, Silvia. Tenés cara de no haber dormido en tres días.


Silvia: Ensayé hasta la una de la mañana en el Teatro de la Candela. La directora me hizo repetir la escena de la gaviota muerta nueve veces. Y a las seis me sonó el despertador para subirme al ómnibus de la empresa Casanova lleno de trabajadores durmiéndose en el pasillo. Siento que tengo la mitad del cerebro actuando en el siglo XIX y la otra mitad tratando de recordar si hoy me toca dar el Mio Cid o el romanticismo de Bécquer.


Beatríz: (Mirando a Silvia con tono severo pero comprensivo) Silvia, los profesores no pueden llegar con los ojos rojos al salón. Los chiquilines huelen el cansancio y se te suben a la cabeza.


Silvia: (Con un destello de dignidad escénica) Beatríz, cuando cruzo esa puerta de madera verde, soy la actriz más entregada de este país. El cansancio se me queda en la vereda. Lo que me mata no es la actuación, es tener que corregir 120 escritos a mano mientras la tiza me destruye los nudillos.


ACTO II: La microfísica del aula

(El salón de clases se ilumina. Es un espacio denso, cargado. La humedad de la lluvia se mezcla con el olor a humedad de las prendas de vestir, goma de borrar, perfume barato y transpiración adolescente. Valentín está sentado en la última fila, con la capucha del buzo levantada. Micaela está adelante, limpiando la superficie de su banco con una toallita desinfectante).


Micaela: (Guardando el paquete de toallitas) Qué asco, de verdad. Este banco tiene chicle pegado abajo desde el año pasado. Papá me dijo que hablara con el Director Rodolfo para que nos cambien el mobiliario. Pagamos impuestos para tener esto.


Valentín: (Sin sacarse los auriculares, masticando chicle con rabia) Che, cheta, si no te gusta el chicle de abajo del banco, andate al liceo privado de la ruta. Nadie te pidió que vinieras a hacerte la humilde acá con nosotros.


Micaela: (Dándose vuelta, indignada) Yo voy a donde se me da la gana. Además, mi mamá es egresada de este liceo cuando era un liceo de verdad, no esta cueva donde dejan entrar a cualquiera a hacer quilombo.


Valentín: ¡¿A quién le decís "cualquiera", cheta desubicada?! ¡Mirá que te tiro la cartuchera por la ventana, salame!


(Silvia entra al salón con fuerza, dejando caer la bolsa pesada sobre el escritorio de madera. El impacto hace volar una nube de polvo de tiza).


Silvia: (Proyectando la voz con técnica teatral, retumbando en las paredes del aula) ¡SUFICIENTE! ¡Silencio en la sala! Valentín, esa capucha abajo inmediatamente. Sabés perfectamente que en mi clase me mirás a los ojos. Micaela, guardá esa toallita y abrí el cuaderno.


Valentín: (Soplando con fastidio, bajándose la capucha pero manteniendo la postura desafiante) La profe siempre saltando por la cheta.


Silvia: (Caminando despacio hacia el banco de Valentín, mirándolo de frente) Yo no salto por nadie, Valentín. Salto por este espacio. Afuera de ese portón pueden pelearse por el barrio, por el fútbol, por la plata o por las marcas de championes. Pero acá adentro, sobre este piso de madera ruidoso, todos ustedes son exactamente iguales: personas que tienen que aprender a pensar para que nadie en la vida los use de trapo de piso. ¿Quedó claro?


(Se hace un silencio pesado. Entra Marcos al salón. Trae la ropa húmeda por la lluvia, las manos manchadas de grasa de motor y la cara desfigurada por el cansancio. Camina despacio, evitando las miradas).


Silvia: (Suavizando la voz de inmediato, con una calidez profunda) Hola, Marcos. Pasá. No te quedes en la puerta.


Marcos: (Con la voz apenas audible, mirando el piso) Perdón por la hora, profe... No pasaba el ómnibus en la parada del San Isidro. Se inundó la cañada.


Silvia: No pidas perdón. Buscá un banco. Estábamos por empezar con el capítulo de la Celestina.


(Marcos camina hacia el fondo. No hay bancos libres salvo el que está al lado de Valentín. Valentín, sin decir una sola palabra, corre su mochila del asiento vacío, saca un cuaderno de su propia libreta y le alcanza un bolígrafo azul a Marcos. Marcos lo mira y asiente levemente. Micaela, desde adelante, observa la escena, duda un segundo, y le alcanza a Marcos una barra de cereal que tenía en el bolsillo).


Micaela: (Susurrando, casi avergonzada) Tomá. Tenés cara de no haber desayunado.


Marcos: (Sorprendido, tomando la barra) Gracias, Mica.


ACTO III: Las grietas en la Dirección

(La escena se desplaza a la Dirección. El Director Rodolfo está de pie junto a la ventana que da al patio. La Subdirectora Beatríz está sentada frente al escritorio del Director junto a un Oficial de Policía que sostiene un cuaderno de notas).


Oficial de Policía: Director, el parte de la Seccional 21 es claro. Hubo una pedrea en la estación de trenes a las seis de la tarde de ayer. Los vecinos identificaron la túnica y la insignia del Liceo 1. Tenemos dos nombres tentativa: uno es el hermano de Marcos y el otro es el pibe al que le dicen "Pistola".


Rodolfo: (Cerrando los ojos, frotándose el puente de la nariz) Oficial, el "Pistola" estaba acá adentro a las seis de la tarde en la clase de apoyo de Matemática. Yo mismo lo vi salir con la adscripta. Y Marcos... Marcos no tiene nada que ver con las pandillas de la estación.


Beatríz: Rodolfo, no podemos encubrir lo que pasa en la calle. Si la Policía tiene que investigar, que investigue. El liceo no es una guarida.


Rodolfo: (Dándose vuelta con rabia contenida, golpeando el escritorio con el puño) ¡El liceo es un refugio, Beatríz! ¡Es lo único que está en medio entre esos pibes y la cárcel o la tumba! Si le abro la puerta a la Policía para que se lleve a los pibes por sospechas infundadas basadas en cómo se visten, quemamos el único puente de confianza que nos queda.


Beatríz: (Con la voz quebrada, perdiendo la rigidez por un instante) ¡¿Y vos te pensás que a mí no me duele, Rodolfo?! ¡Ayer tuve que recibir a la madre de una chiquilina de 2do año que vino a pedirme si teníamos un par de championes usados porque la hija venía con las suelas despegadas sujetadas con gomitas elásticas! ¡Yo no soy de piedra! ¡Pero si no mantenemos el orden institucional, este liceo se desmorona y no le sirve a nadie!


(Entra Claudia sin golpear la puerta, con la cara pálida).


Claudia: Rodolfo... Beatríz... Tienen que venir al patio. Ya.


Rodolfo: ¿Qué pasó?


Claudia: Llegó la madre de Marcos. Está en la adscripción. Viene a buscar los papeles del chiquilín para retirarlo del sistema. Dice que se van para el interior a trabajar en la cosecha porque no pueden pagar el alquiler de la casilla.


ACTO IV: La resistencia de la belleza

(El escenario combina la luz del aula y el camarín de Silvia. Mientras en el aula los alumnos están trabajando en grupos, Silvia camina entre los bancos. La luz cenital del camarín la ilumina a ella cuando habla hacia el público).


Silvia: (Monólogo dramático) Hay días en que el aula huele a derrota. Huele a la humedad que se cuela por los cimientos viejos del Manuel Rosé, a la sopa instantánea que comen los chiquilines en el recreo porque no hay comedor escolar en la educación secundaria, al gasoil de los ómnibus de la ruta. Y en medio de esa marea de necesidades no resueltas, yo les pido que lean poesía. Les pido que se detengan en una metáfora de Federico García Lorca o que entiendan la tragedia de Hamlet. (Se acerca al banco de Valentín y le mira el cuaderno).


Silvia: (A Valentín) ¿Qué escribís ahí atrás, Valentín?


Valentín: (Tratando de tapar la página con la mano) Nada, profe. Boludeces.


Silvia: (Suavemente) A ver... dejame ver. No te lo voy a corregir con roja.


(Valentín duda, pero le entrega el cuaderno. Silvia lee en voz alta, despacio, con la cadencia de una actriz de teatro clásico).


Silvia: (Leyendo) "Las luces del tren cortan la noche en dos. De este lado la vía estamos los que miramos el humo. Del otro lado están los que no saben que la noche quema". (Silvia levanta la mirada, impactada) Valentín... esto es poesía pura. Esto es literatura viva.


Valentín: (Mirando hacia el costado, avergonzado pero con el pecho inflado) Es lo que se ve desde el puente de Las Piedras cuando bajo del ómnibus, profe.


Silvia: (Volviendo al público, conmovida) Ser profesora no es transmitir un programa escolar aprobado por un ministerio. Ser profesora en Las Piedras es encontrar la belleza que florece en medio del barro. Es decirle a un pibe golpeado por la vida: "Tu voz importa. Tu dolor tiene una palabra. Tu existencia no es un número en la lista de asistencia".


ACTO V: La comunión del Liceo 1

(La luz se intensifica en el pasillo central y la adscripción. La madre de Marcos, una mujer desgastada de unos 40 años pero que aparenta 60, sostiene una bolsa de plástico con los útiles de su hijo. El Director Rodolfo, Beatríz, Claudia, Silvia y los tres alumnos —Marcos, Valentín y Micaela— están reunidos en la adscripción).


Madre de Marcos: (Llorando en silencio, con dignidad) Disculpe la molestia, Director. Yo sé que el Marcos es buen gurí, pero no nos da la plata. En la cañada nos sacan a fin de mes si no pagamos la pieza. Nos vamos para un campo cerca de Salto a juntar naranjas.


Marcos: (Con los puños apretados al costado del cuerpo, sin decir nada)...


Valentín: (Poniéndose en medio, con la audacia de la juventud) ¡No se puede ir, doña! ¡Faltan dos meses para que termine el año! ¡Si se va ahora pierde el año de 4to!


Micaela: (Dando un paso adelante, sacando su teléfono) Doña... mi papá tiene un depósito de materiales acá cerca de la vía. Está buscando a alguien para cuidar la puerta de noche y limpiar el galpón. Paga por semana. Yo le dije hoy de mañana que Marcos era el compañero más responsable que tenemos.


Rodolfo: (Mirando a la madre, con voz firme y protectora) Señora, si usted acepta, nosotros desde el liceo le tramitamos la canasta de auxilio alimentario con la adscripción y le conseguimos los pasajes del boleto gratuito. Marcos no se va del Liceo 1. Este chiquilín se termina el ciclo acá.


Beatríz: (Buscando en su escritorio, sacando un par de championes negros nuevos que tenía guardados en una caja) Y llévese esto para el chiquilín. Eran para la rifa del liceo, pero la rifa puede esperar. Los pies secos son lo primero.


(La Madre de Marcos mira a los profesores, a los alumnos, a la Subdirectora. El peso de la soledad se quiebra en su rostro. Marcos abraza a su madre. Valentín le da un golpazo afectuoso en el hombro a Marcos).


Claudia: (Secándose una lágrima con un pañuelo de papel) Bueno, bueno... basta de drama que esto parece una telenovela de la tarde. A las aulas todo el mundo que el timbre de la quinta hora está por sonar.


ACTO VI: El cierre de la jornada

(Los tres planos del escenario se iluminan gradualmente. El sol de la tarde empieza a colarse entre las nubes sobre Las Piedras, proyectando luces doradas y sombras largas sobre las paredes viejas del liceo).


(En la adscripción, Claudia junta las libretas azules. En la Dirección, el Director Rodolfo apaga la luz de su escritorio y firma la última circular. Beatríz acomoda las llaves en el fichero. En el aula, los chiquilines recogen sus mochilas).


Silvia: (Poniéndose la bolsa de tela al hombro, mirando el aula vacía) Una jornada más. Treinta y dos escritos corregidos, tres discusiones evitadas, una vida salvada del abandono... y esta noche me toca subir al escenario a morir por amor en la obra de Chéjov.


(Se acerca al marco de la ventana, escuchando el bullicio de los alumnos que salen atropelladamente por el portón principal. Se escuchan risas, gritos, el rugir de los motores y el chiflido del tren a la distancia).


Silvia: (Sonriendo con nostalgia y orgullo) Mañana a las siete y media de la mañana, el timbre va a volver a sonar. El agua va a volver a filtrarse por el techo. El olor a humedad va a estar esperándonos en el pasillo. Pero mientras este edificio siga en pie, mientras haya una adscripta con un bizcocho, un director que defienda a sus pibes y un pedazo de tiza blanca... acá adentro se va a seguir construyendo la libertad.


(El timbre de salida largo y prolongado resuena en todo el teatro. Los personajes quedan congelados en sus posiciones cotidianas: Silvia mirando la pizarra, Rodolfo cerrando la puerta, Claudia sonriendo con su taza de café, y los tres alumnos caminando juntos por el pasillo hacia la calle).


(El telón rojo, pesado, lleno de historia, empieza a bajar muy lentamente mientras las luces se atenúan campo a campo, dejando iluminada únicamente la pizarra verde donde queda escrita una frase en tiza blanca: "La educación es el arte de enseñar a volar en medio de la tormenta").


(TELÓN)