Jamás aprendimos, como especie, a juntar las piezas del rompecabezas existencial, somos dados lanzados al vacío de un tablero convertido en abismo insondable sobre el falso escenario eventual, por momentos nos molestamos con las incertidumbres y las trampas que nos topamos, para después relajarnos frente a las cacerías humanas, realizadas por conducto de los carniceros ideológicos, seres dispuestos a matar y hacer comer y degustar de los cadáveres a los indolentes de los genocidios expuestos ahora, incluyendo a los que han quedado registrados en la bitácora de la historia nuestra, digiriendo colectivamente una vivencia anormal, debido a lo antinatural que se ha impuesto tendencialmente, a través del disfrute material, virtual y artificial, aceptado un sistema de vida ofrecido por los que anticipadamente se hicieron del poder global, expertos en insuflar promesas y fantasías particulares, precisas para desinflar las esperanzas comunes.
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