1.el mapa inmortal de tu presencia
Tomo tu mano en la penumbra de esta habitación silente,
donde el tiempo parece detener su marcha acelerada,
y contemplo la forma en que la luz de la tarde decreciente
dibuja en tu rostro una calidez sagrada y pausada.
No hay prisas en el pulso con el que te miro y te nombro,
pues descubrí en tus ojos la patria que tanto buscaba;
un refugio erigido contra el viento, el dolor y el asombro,
donde cada palabra tuya es una antorcha que me salvaba.
Caminamos por años entre senderos de piedra y de olvido,
esquivando las sombras de un mundo que exige y destruye,
pero en el centro exacto de tu pecho he construido un anido
que ni la tormenta más feroz ni el tiempo desmuye.
Eres el puerto seguro donde amarran mis olas cansadas,
la constante perfecta en una ecuación de incertidumbre,
el principio y el fin de mis oraciones calladas,
la chispa infinita que alimenta la eterna costumbre.
Si la vida nos exige entregar la juventud y la fuerza,
si los días marchitan la piel y doblan la espalda,
prometo ser la columna que jamás se tuerce,
la manta que te cubra, la firme y dulce esmeralda.
Porque amarte no es un impulso de un día ni una quimera,
es la decisión más lúcida que ha tomado mi aliento:
permanecer a tu lado en la primavera y en la helada era,
ser tu sombra, tu luz, tu eterno y fiel monumento.