El humor es esa cosa que todas las personas tienen. Puede ser negro, blanco, absurdo, tonto, nerd, interno... y podría seguir así un buen rato.
En mi caso, el humor estuvo presente de manera constante a lo largo de mi vida. Soy alguien que se toma la gran mayoría de las cosas con humor. ¿Una tragedia? Humor. ¿Me mandé una cagada? Humor. ¿Perdí a alguien? Humor. ¿Estoy solo? Humor.
Y ojo, no lo remarco como algo malo. De hecho, creo que es una de las mejores cosas que tengo. Es lo que constantemente me saca a flote. ¿Para qué ponerme triste? Prefiero intentar convertir algo malo en algo divertido. ¿Es poco empático de mi parte? Probablemente sí, pero, al fin y al cabo, sigue siendo divertido.
Tampoco es que me ría en la cara de alguien que está sufriendo. Ese sufrimiento no me concierne. Me río, sobre todo, de mis propias desgracias. Y, por suerte, soy bastante desgraciado, así que material no me falta.
También adoro los chistes que requieren ciertos conocimientos previos para entenderse. Creo que eso los hace mucho más graciosos. Mi ex profesora de inglés, a quien le tengo mucho cariño, una vez me dijo que mi humor era muy... ¿nerd? No recuerdo exactamente qué palabra usó. Supongo que parte de la culpa la tuvo un chiste horriblemente malo de química que le mostré.
Pero, si hay algo que destaca por encima de todo, es mi horrible humor negro. Mi madre tiene un humor muy parecido. También le encantan ese tipo de chistes. Bueno... casi. Hay veces que le cuento uno y parece que hubiera matado a alguien. Con el tiempo tuve que aprender ciertos patrones para no hacerla enojar, como no contar demasiados chistes seguidos sobre un mismo tema: judíos, negros, gays o cualquier otro grupo.
No tengo ningún problema con esas personas. De hecho, el chiste no me hace gracia por quién es el blanco, sino porque ese tipo de humor, cuando está bien construido, simplemente me resulta gracioso.
Se podria decir que humor es la forma mas sana llevadera que tengo de afrontar mi realidad.