Hubo un tiempo
en el que me preguntaba
qué significaba amar,
si aquello que sentía
era solamente una fantasía
o el deseo de encontrar
a alguien que se quedara.
Hoy ya no tengo que preguntármelo.
Porque estás tú.
Y quizá nunca encuentre
las palabras exactas
para agradecerte
por haber llegado a mi vida,
pero quiero intentarlo.
Gracias
por darme la oportunidad
de ser tu amor,
tu cariño,
tu compañero
y, sobre todo,
tu novio.
Gracias por dejarme entrar
un poco en tu mundo,
por permitirme conocer
tus días buenos
y también aquellos
en los que no todo está bien.
Gracias por elegirme
cuando podrías haber elegido
tantos otros caminos.
No sabes cuánto significa para mí
saber que, entre tantas personas,
me diste un lugar a tu lado.
Porque yo recuerdo
a aquel que alguna vez pensaba
que enamorarse era perder,
que entregar el corazón
era darle a alguien
el poder de romperlo.
Y ahora entiendo
que quizá amar
no consiste en no tener miedo,
sino en encontrar a alguien
por quien vale la pena arriesgarse.
Contigo aprendí
que el amor no siempre llega
como lo imaginamos.
A veces llega despacio,
en una conversación,
en una mirada,
en un mensaje inesperado,
en una tarde cualquiera
que termina convirtiéndose
en un recuerdo que quieres guardar.
Y sin darme cuenta,
te convertiste
en una de mis partes favoritas
de cada día.
Por eso quiero agradecerte
no solamente por amarme,
sino por permitirme amarte.
Por dejarme demostrarte
que quiero estar aquí.
Que quiero escucharte,
acompañarte,
cuidarte,
celebrar tus alegrías
y abrazarte en tus días difíciles.
Quiero aprender contigo
qué significa construir
algo que no tenga que existir
solamente en nuestros sueños.
Porque una vez
yo imaginaba una vida
junto a alguien que no existía.
Y ahora,
cuando pienso en el futuro,
ya no necesito imaginar
un rostro desconocido.
Te imagino a ti.
Y eso me asusta un poco,
porque ahora tengo algo real
que perder.
Pero también me hace feliz,
porque por primera vez
no estoy soñando con el amor.
Lo estoy viviendo.
Y si alguna vez vuelvo a preguntarme
qué es el amor,
quiero recordar este momento:
que una vez tuve miedo de sentirlo,
y aun así llegaste tú.
Que una vez creí
que enamorarse era para perdedores,
y terminaste enseñándome
que amar también puede ser
encontrar un hogar
en otra persona.
Así que gracias.
Gracias por quedarte.
Gracias por elegirme.
Gracias por permitirme llamarte
mi amor,
mi cariño,
mi compañero,
mi novio.
Y gracias, sobre todo,
por darme la oportunidad
de demostrarte
que todo aquello que alguna vez escribí
sobre el amor…
ahora tiene tu nombre.
Porque ya no me pregunto:
¿Esto es fantasía o es amor?
Ahora lo sé.
Es amor.
Y qué bonito
que seas tú.