Recuerda que eres un lienzo en constante transformación.
Cada cosa que vives es una pincelada: algunas llenas de luz, otras de colores que quizá hoy no comprendas. Pero ninguna, por sí sola, define la obra completa.
Habrá días en los que no puedas ver lo bonito de tu propio cuadro. En esos días, recuerda que una pincelada oscura no arruina un lienzo; a veces simplemente forma parte de aquello que aún estás aprendiendo a pintar.
No necesitas ser perfecto
No necesitas tener todos los colores.
Todavía estás creando la obra más bonita de tu vida.
Y recuerda: tú sostienes el pincel.