Donde el amor encuentra rostro
El amor no siempre entra por los ojos ni se anuncia con estruendo. A veces, el amor es una semilla que se siembra en la penumbra, crece en el silencio del papel y florece en el momento exacto en que dos almas deciden encontrarse.
Ya no hay cartas naranjas sobre las bancas, ni miles de kilómetros de distancia, ni hojas arrugadas en mochilas militares. Hoy solo quedan dos manos juntas, descubriendo que la verdadera vista nunca perteneció a los ojos, sino al corazón.