Entonces, llegó el hombre con la fatiga de cien leguas y el remordimiento del perdedor en el umbral de la noche eterna. Venía pensando en los mensajes que había enviado, pero que nunca fueron bien recibidos. Pensaba en la mujer del silencio profundo, en los hijos de los árboles, las piedras, el mármol, la tuna silvestre, el corazón partido... Se sentó en la silla rota del destino, miró a todos como sombras perdidas desde el infinito resplandor de los cirios encendidos como fantasmas que rozan tu mejilla pálida en su blanca desnudez...Afuera, los corocoros con su canto agorero anuncian la fatalidad del velorio ajeno...
Entonces, llegó el hombre con la fatiga de cien leguas y…
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Entonces, llegó el hombre con la fatiga de cien leguas y el remordimiento del perdedor en el umbral de la noche eterna. Venía pensando en los mensajes que había enviado, pero que nunca fueron bien recibidos. Pensaba en la mujer del silencio profundo, en los hijos de los árboles, las piedras, el mármol, la tuna silvestre, el corazón partido... Se sentó en la silla rota del destino, miró a todos como sombras perdidas desde el infinito resplandor de los cirios encendidos como fantasmas que rozan…