Yo muerdo
No me gusta obedecer.
Desde niño aprendí que el mundo no siempre abraza,
a veces empuja,
a veces rompe,
y otras veces enseña con los puños
Por eso
yo muerdo
No porque naciera salvaje,
sino porque entendí demasiado pronto
que confiar podía costar caro,
que bajar la guardia era un lujo
que nunca me permitieron tener.
Mientras otros aprendían a jugar,
yo aprendía a resistir
yo muerdo
Defendía a quienes no podían hacerlo.
Me metía donde nadie quería entrar.
No soportaba ver a un débil caer
si aún podía mantenerme de pie
Muchos dijeron que me encantaba pelear.
Qué fácil es confundir
a quien siempre llega cubierto de cicatrices.
Veían mis ojos serios,
mi forma de caminar,
mi silencio pesado,
y pensaban:
"Él nació para la guerra."
Pero nunca preguntaron
cuántas guerras había querido evitar
No me gusta que cualquiera me toque
No por orgullo
No por superioridad
Sino porque existen heridas
que recuerdan incluso después de haber sanado.
Y cuando alguien invade ese espacio
yo muerdo
Siempre soñé con ser el que manda
No por ego
Porque quien manda decide quién sale herido
Quería ser el más fuerte,
el último en caer,
el muro que nadie pudiera romper
Porque si el mundo iba a tener un monstruo
prefería ser yo
Porque el que muerde
soy yo
Mis amigos creen que disfruto pelear
Se ríen diciendo que siempre busco problemas
Pero no saben que nunca busqué una pelea
Solo aprendí a no huir de ellas
Nunca me regalaron flores
Nunca llegaron dulces
Nunca apareció un pequeño detalle inesperado
Porque pensaban que alguien como yo
no sabría qué hacer con la ternura
Creyeron que la violencia era mi idioma
Nunca imaginaron
que yo también esperaba un gesto pequeño,
uno solo,
para sentir que no hacía falta enseñar los dientes.
Porque la verdad...
es que yo no muerdo
Fue la vida quien puso ese sabor en mi boca.
Fue el miedo
Fue la soledad
Fue el abandono
Fue aprender que, si no enseñaba los colmillos,
alguien terminaría arrancándome el corazón
Y aun así...
muy en el fondo,
siempre existió un deseo absurdo.
Encontrar a una persona
que no retrocediera al verme.
Que entendiera que debajo de la armadura
habita alguien cansado.
Alguien que no necesita vencer,
solo descansar.
Alguien que pudiera acercarse sin miedo,
tomar mi mano,
reírse conmigo,
regalarme una flor sin pensar que la rompería,
darme un dulce sin creer que lo rechazaría.
Alguien que conociera
al niño que aprendió demasiado temprano
que sobrevivir era más importante que sonreír.
Esa persona...
sería mi lugar seguro.
La única frente a quien bajaría los colmillos.
La única capaz de demostrarme
que no toda mano intenta golpear,
que algunas solamente quieren quedarse.
Y entonces...
por primera vez,
el silencio dejaría de parecer una batalla.
Porque comprendería
que ya no hace falta defenderse
cuando alguien decide quedarse incluso después de conocer tus cicatrices.
Quizá todos tenían razón al decir
que yo mordía
Pero jamás entendieron el motivo
Nunca mordí por placer
Nunca mordí por orgullo
Nunca mordí porque me gustara hacer daño
Mordía porque tenía miedo
Mordía porque nadie me enseñó otra forma de sobrevivir
Mordía esperando que, algún día,
alguien viera más allá de los colmillos
Y cuando ese día llegue...
ya no tendré necesidad de hacerlo
siempre tuve una razon, pero no me gusta morder.