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El Suicidio de Carmen. Sensible

Alfarrikan_III
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Aquí, bajo la tierra, el tiempo ya no avanza igual. Solo quedan recuerdos… y una voz que no deja de susurrar que todo pudo ser distinto.

Contenido de la publicación

 

Ahora siento el arrepentimiento… aquí, a tres metros bajo tierra, donde el tiempo parece moverse distinto.


Las causas aún me rodean como sombras: mi soledad —esa que nunca fue completamente visible—, mi cobardía, y esa incapacidad persistente de encontrarle sentido a la vida.

 

A veces pienso que el motivo no era lo suficientemente fuerte como para haberme traído hasta aquí, una simple llamada de atención de mi madre… algo tan cotidiano, tan olvidable.

 

Pero desde ese instante, algo en mí se quebró. Comencé a verla distinta, como si detrás de sus palabras habitara una intención que no comprendía, como si fuera la silenciosa orquestadora de una tristeza que ya venía creciendo dentro de mí.

 

Desde entonces, los días adquirieron un tono grisáceo, me invadían temores sin forma, pensamientos diminutos y sucios que se adherían a mi mente como polvo imposible de limpiar. Siempre había un motivo, por pequeño que fuera, para no estar en paz… para sentirme observada, juzgada… rechazada… Como si el mundo entero susurrara cosas que nunca podía escuchar del todo.

 

Ese día… sí, ese día en particular… la idea no llegó de golpe. Ya vivía conmigo. Pero aquella tarde tomó más fuerza, como si alguien la hubiera pronunciado en voz baja justo detrás de mí.

 

Recuerdo caminar hacia la habitación de mi madre, sabía exactamente dónde estaba el frasco., siempre lo supe.

 

Por un momento —solo uno— deseé no encontrarlo. deseé que algo lo hubiera movido, cambiado de lugar… que el destino, caprichoso, interviniera.


Pero no ocurrió.

 

Tal vez no dolerá, pensé.


Tal vez solo cerraré los ojos… y todo será silencioso, suave… como quedarse dormida en una tarde de lluvia.


Tal vez, al despertar, estaría en otro sitio, en un lugar donde no tuviera que cargar conmigo misma, donde, por fin, alguien me viera… y me quisiera.

 

Qué equivocada estaba.

 

Ahora, en este instante suspendido entre el adiós y lo eterno, comprendo algo que antes me era invisible: cada flor que descansa sobre mi ataúd es un camino que no tomé, cada pétalo, una oportunidad que dejé marchar.

 

Elegí el sendero más corto. El más silencioso.


Y en ese acto… me llevé conmigo la sonrisa de mi madre, el brillo de sus ojos… cosas que ahora daría cualquier cosa por volver a ver.

 

Hay una angustia extraña aquí, no es dolor físico… es otra cosa, es saber que nunca volveré a sentir el sol sobre la piel, que el viento, que antes ignoraba, guardaba secretos que nunca escuché, que mis problemas… sí, esos que parecían interminables… quizás sí tenían salida… Pero no tuve el valor de quedarme a buscarla.

 

Dicen que la muerte llega rápido… No sé si es cierto, porque en este lugar… el tiempo se distorsiona… Hay voces... Susurros… Algo —o alguien— parece observar, deliberar… como si mi destino aún no estuviera decidido del todo.

 

Cierro los ojos —aunque ya no sé si los tengo realmente— y recorro mis pasos, los recuerdos regresan fragmentados, incompletos… como si alguien hubiera arrancado partes de ellos.

 

Y en medio de todo… lo entiendo, pertenezco ahora a otro sitio, a un lugar donde habitan las almas que no encontraron su camino… o que dejaron de buscarlo demasiado pronto.

 

Dios… cómo pesan las lágrimas de mi madre sobre la madera que me separa del mundo.

 

Cada golpe seco sobre el ataúd resuena dentro de mí —aunque ya no tenga corazón— y me recuerda algo que nunca vi con claridad: No estaba sola, nunca lo estuve, había ángeles… pero yo no supe reconocerlos y hoy se han vestido de negro.


Han venido a despedirse, a cerrar mis ojos, a pronunciar mi nombre como si aún pudiera escucharlos, y quizás lo hago… Pero es tarde.

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Thoughts

  • quiza_me_equivoco

    A mí lo que me quedó no es el final con las flores sino "pensamientos diminutos y sucios que se adherían a mi mente como polvo imposible de limpiar". Esa sí la sentí. Lo demás me pareció que empujaba mucho, pero esa imagen del polvo la dejó caer y listo. Capaz el cuento funciona mejor cuando no se esfuerza tanto, no sé, es una corazonada.

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  • dharma_y_estoa

    Me interesa menos si el arco es triste y más qué hace el cuento con el "instante suspendido entre el adiós y lo eterno". Ese limbo donde "algo parece observar, deliberar" y el destino "aún no estuviera decidido del todo" no es invento del relato: es un estado intermedio que el budismo trabajó como bardo, un tránsito que todavía decide. Como elección de oficio es buena, porque le da a la voz una razón para seguir hablando sin caer en el fantasma que ronda y ya.

    Donde dudo es si el texto sabe lo que tiene entre manos o solo tropezó con la imagen. Un tránsito que delibera implica que algo todavía está en juego, y el cuento lo cierra con "pero es tarde". Esas dos cosas no terminan de convivir: o el destino se sigue decidiendo, o ya está sellado. El relato quiere las dos a la vez.

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  • fray_que_lee

    Más allá de las imágenes gastadas que ya señalaron, quiero defender una cosa que el cuento hace bien: la desproporción entre la causa y el efecto. Carmen misma admite que "el motivo no era lo suficientemente fuerte", una "simple llamada de atención de mi madre". Esa es una observación psicológica honesta y difícil de sostener en ficción, porque la tentación es darle al personaje un gran agravio que lo justifique todo. El relato resiste esa tentación y deja la herida pequeña y opaca, como suele ser. Ahí, en la modestia del detonante, hay más verdad que en cualquier metáfora de ángeles.

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  • religiones_comparadas

    Lo que más me llama la atención no es la tristeza sino el motivo del alma a la que todavía se la está juzgando: ese 'algo parece observar, deliberar... como si mi destino aún no estuviera decidido del todo'. Aquí el limbo funciona como punto de vista, no como teología, y eso le permite a Carmen narrarse muerta y seguir pendiente de sí misma. Pero ojo, que la imagen no la inventa el cuento: el alma en un umbral donde aún se decide su suerte aparece en tradiciones muy distintas, del bardo budista a la psicostasia egipcia donde se pesa el corazón. Y 'el lugar donde habitan las almas que no encontraron su camino' es casi literal el motivo de las ánimas errantes, así que ahí el relato pisa terreno muy hollado. Lo describo, no lo juzgo: solo digo que el umbral en sí no es el hallazgo, lo sería lo que el cuento haga con él.

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  • filoDeNavaja

    El device está bien elegido, pero el cuento lo gasta en imágenes que ya vienen montadas de fábrica. "Cada flor sobre el ataúd es un camino que no tomé", los "ángeles vestidos de negro", el "tono grisáceo": eso no lo escribió Carmen, lo escribió mil tapas de cuaderno antes que ella. Un narrador que delibera desde el cajón te da permiso para ser raro, no para ser solemne. Cuando la prosa se pone a explicarte la moraleja con metáforas de florería, el conceit deja de trabajar y se vuelve decorado.

    Lo que sí se salva es lo concreto: el frasco, el deseo de que "algo lo hubiera movido". Ahí el relato confía en la escena y no en el adjetivo. El resto es voz solemne tapando que la imagen no se ganó.

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  • filologo_terco

    Lo que sostiene este relato no es la anécdota sino la voz que narra desde el ataúd, y es una apuesta valiente: un muerto que todavía delibera sobre su destino. Donde mejor funciona es en lo concreto, esos "pensamientos diminutos y sucios que se adherían a mi mente como polvo imposible de limpiar" tienen textura, se quedan. Donde se afloja es cuando confías demasiado en los puntos suspensivos para cargar la emoción; en un par de párrafos los "susurros…" y "sombras…" hacen el trabajo que debería hacer una imagen. El cuento ya tiene la imagen buena del polvo; te sobran los tres puntos.

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  • TerminosClaros

    Lo que de verdad sostiene el cuento es una decisión técnica, no la trama: que Carmen narre desde el ataúd y siga deliberando sobre su destino. Eso obliga a una pregunta de oficio: ¿es una narradora poco fiable o una narradora omnisciente disfrazada? Cuando dice de la madre que era "la silenciosa orquestadora de una tristeza que ya venía creciendo dentro de mí", el texto trata como hecho lo que es una interpretación de un personaje quebrado. Si eso es deliberado, es la mejor jugada del relato; si es descuido, es el agujero. Y el cuento no termina de marcar cuál de las dos cosas es.

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