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El Purgatorio. ¿Es bíblico?, ¿alguien lo inventó?

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El Purgatorio. ¿Es bíblico?, ¿alguien lo inventó?

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¿Tú mismo crees en el purgatorio, o solo estás documentando lo que cada tradición dice? Porque esos son dos ensayos muy diferentes.

¿Tú mismo crees en el purgatorio, o solo estás documentando lo que cada tradición dice? Porque esos son dos ensayos muy diferentes.

Contenido de la publicación

El Purgatorio. ¿Es bíblico?, ¿alguien lo inventó?

El purgatorio es uno de los dogmas que más profundamente dividió a la cristiandad durante la Reforma Protestante del siglo XVI. La idea de un estado de purificación después de la muerte tiene ciertas raíces e interpretaciones en textos antiguos, pero el concepto del purgatorio como un "lugar físico de castigo temporal" fue desarrollado, estructurado y dogmatizado por teólogos y papas de la Iglesia Católica en la Edad Media.

A la pregunta, ¿Es bíblico el purgatorio?

Para el cristianismo protestante, evangélico y los Santos de los Últimos Días, la respuesta es no. Para la Iglesia Católica, la respuesta es , aunque reconocen que la palabra "purgatorio" no aparece explícitamente en la Biblia.

La Iglesia Católica sustenta esta doctrina principalmente en tres argumentos:

El pasaje de los libros apócrifos/deuterocanónicos: El argumento histórico más fuerte proviene de 2 Macabeos 12:43-46 (un libro que los católicos tienen en su Biblia, pero los protestantes y SUD no). “También recogió unas dos mil monedas de plata y las envió a Jerusalén, para que se ofreciera a Dios un sacrificio por el perdón de los pecados. Hizo esta justa y buena obra, porque estaba pensando en la resurrección.  Si Judas no hubiera creído que aquellos soldados muertos resucitarían, habría sido inútil orar por ellos. Pero como él creía que los que mueren sirviendo a Dios reciben una gran recompensa, entonces lo que hizo fue útil y bueno. Por eso mandó ofrecer ese sacrificio en favor de los muertos, para que Dios les perdonara su pecado.”

Allí se relata que Judas Macabeo mandó hacer un sacrificio expiatorio por los soldados caídos en batalla que habían pecado, concluyendo que “es un pensamiento santo y piadoso orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados”.

El argumento es simple: si se puede orar por ellos para que se salven, es porque no están ni en el cielo (donde no necesitan oración) ni en el infierno definitivo (donde la oración ya no sirve).

La purificación por fuego: En el Nuevo Testamento, se utiliza 1 Corintios 3:15 para sugerir un castigo temporal: “Si la obra de alguno fuere quemada, sufrirá pérdida; pero él mismo será salvo, aunque así como por fuego.”.

Pecados perdonados en el siglo venidero: En Mateo 12:32, Jesús menciona que el pecado contra el Espíritu Santo no será perdonado “Y a cualquiera que hable contra el Hijo del Hombre le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.”, lo que los teólogos católicos interpretan como una indicación de que hay otros pecados que sí pueden ser perdonados en el "siglo venidero" (el más allá).

¿Alguien inventó el purgatorio?

El purgatorio no nació de la noche a la mañana; fue una construcción teológica que tomó más de mil años en consolidarse. La intervención humana directa se puede rastrear en varias etapas clave:

Los Padres de la Iglesia (Siglos III al V): Teólogos antiguos como Clemente de Alejandría, Orígenes y más tarde Agustín de Hipona comenzaron a filosofar sobre la existencia de un "fuego purificador" en el más allá para aquellas personas que morían con faltas menores o pecados no confesados por completo.

El Papa Gregorio Magno (540–604 d.C.): Fue el primer gran sistematizador de la idea. Es considerado por muchos historiadores como el "padre del purgatorio" porque comenzó a enseñar formalmente la existencia de un fuego para pecados ligeros antes del juicio. Además, popularizó los relatos populares de fantasmas y espíritus que regresaban del más allá pidiendo misas para salir de sus tormentos.

El Concilio de Lyon (1274) y el de Florencia (1439): Fue en estos concilios medievales donde la Iglesia Católica elevó el concepto a la categoría de dogma oficial (verdad de fe obligatoria). Aquí se le dio el nombre oficial de "Purgatorio" y se definió formalmente como un lugar de penas temporales que las almas debían pagar antes de entrar limpios al cielo.

El "negocio" de las indulgencias

El momento más crítico de la intervención humana ocurrió en el siglo XVI, cuando el concepto del purgatorio se mezcló con la recaudación económica de la Iglesia. El Papa León X necesitaba fondos para terminar de construir la majestuosa Basílica de San Pedro en Roma. Para lograrlo, autorizó la venta masiva de indulgencias, las cuales eran certificados papales que prometían reducir el tiempo que un alma pasaba sufriendo en el purgatorio. Un fraile dominico llamado Johann Tetzel se convirtió en el agente de ventas más famoso de la época. Tetzel recorría los pueblos con una campaña de marketing muy agresiva y una frase que quedó grabada en la historia: "Tan pronto como la moneda cae en el cofre, el alma brota del purgatorio".

Esta explotación económica y manipulación del miedo de las personas fue la gota que derramó el vaso. En 1517, un monje llamado Martín Lutero se levantó indignado contra esta práctica y clavó sus 95 tesis, dando inicio a la Reforma Protestante y cambiando la historia de Occidente para siempre.

 

El Mundo de los Espíritus vs. El Purgatorio: Una perspectiva de los Santos de los Últimos Días sobre la redención post-mortal
Durante siglos, la teología cristiana occidental ha intentado resolver una de las encrucijadas morales más complejas del plan divino: el destino de las almas que mueren sin haber alcanzado la perfección, pero cuyas vidas no ameritan la condenación eterna. Mientras que la Iglesia Católica medieval estructuró el dogma del Purgatorio como un lugar físico de castigo purificador y sufrimiento temporal, la restauración del evangelio a través del profeta Joseph Smith arrojó una luz completamente distinta sobre el estado del hombre después de la muerte.

Para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD), el concepto de un purgatorio punitivo es rechazado y reemplazado por la doctrina del Mundo de los Espíritus: un espacio de progresión, enseñanza activa y libre albedrío donde la justicia y la misericordia de Dios se entrelazan perfectamente sin la necesidad de tormentos físicos o transacciones económicas.

El Mundo de los Espíritus: Una dimensión de progresión y no de castigo
La doctrina SUD establece de forma clara que, al morir, el espíritu del hombre no entra inmediatamente a su estado final de gloria, sino a un espacio de transición temporal ubicado en el entorno de esta misma Tierra. El profeta Brigham Young enseñó con claridad sobre esta cercanía: «¿Dónde está el mundo de los espíritus? Está aquí mismo. ¿Vuelan los espíritus de aquí para allá hacia las estrellas? No, no lo hacen. Ellos están retenidos en esta tierra» (Discursos de Brigham Young, pág. 376).

A diferencia del Purgatorio, donde el alma se concibe como un ente pasivo que sufre el "fuego purificador" para pagar deudas de pecado, el Mundo de los Espíritus está dividido activamente entre el Paraíso y la Prisión Espiritual. Los espíritus en la Prisión aquellos que murieron sin la oportunidad de aceptar el evangelio o en sus pecados por ignorancia no están siendo torturados físicamente. Están en un estado de espera y aprendizaje.

El élder Melvin J. Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, enfatizó el potencial de este estado al declarar: Este mundo es el tiempo para que los hombres se preparen para comparecer ante Dios... Pero el trabajo de progresión no cesa con la muerte; continúa en el mundo de los espíritus (Conference Report, octubre de 1922).

El fundamento de las escrituras modernas: La gran visión del mundo de los espíritus
El rechazo SUD al purgatorio no nace de una mera especulación filosófica, sino de una revelación canonizada de la más alta importancia teológica: la sección 138 de Doctrina y Convenios. En octubre de 1918, el presidente Joseph F. Smith recibió una visión detallada de lo que Jesucristo hizo durante los tres días que su cuerpo estuvo en la tumba.

La escritura detalla que Cristo no fue al Purgatorio a rescatar almas mediante el sufrimiento, sino que organizó un esfuerzo misional sin precedentes en el Paraíso:

mas he aquí, organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos, investidos con poder y autoridad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas, es decir, a todos los espíritus de los hombres; y así se predicó el evangelio a los muertos; ... (Doctrina y Convenios 138:30).

Este pasaje destruye la premisa del purgatorio católico al demostrar que las almas en la Prisión Espiritual se salvan mediante el arrepentimiento y la educación espiritual, y no mediante el castigo. El texto bíblico de 1 Pedro 3:19, que menciona que Cristo en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, encuentra aquí su interpretación restaurada: las "cárceles" espirituales son derribadas por el conocimiento del sacrificio expiatorio de Jesús, no por el fuego.

La redención de los muertos: Del negocio de las indulgencias al voluntariado del templo
El punto más crítico de ruptura entre el purgatorio y la doctrina SUD radica en el método para liberar a las almas del cautiverio. La historia registra que el purgatorio medieval se convirtió en un motor financiero para la Iglesia Católica mediante la venta de indulgencias de Johann Tetzel. En contraste directo, la perspectiva SUD presenta la obra vicaria en los templos como un acto de amor puro, gratuito y voluntario.

Las ordenanzas terrenales, como el bautismo por los muertos, se realizan basándose en el principio de que los vivos actúan como "salvadores en el monte de Sión" (Abdías 1:21) Y subirán salvadores al monte Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová. El profeta Joseph Smith enseñó la urgencia y el carácter sagrado de esta conexión: La responsabilidad más grande que Dios ha puesto sobre nosotros en este mundo es buscar a nuestros muertos (Enseñanzas del Profeta Joseph Smith, pág. 441).

Además, Doctrina y Convenios 138:58-59 establece las condiciones exactas de esta liberación:

Los muertos que se arrepientan serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios, y después que hayan padecido el castigo por sus transgresiones, y sean lavados y purificados, recibirán una recompensa según sus obras, porque son herederos de salvación.

Aunque la escritura menciona que algunos sufrirán por sus pecados debido a la falta de arrepentimiento, este sufrimiento es mental y moral (el peso de la culpa), y se detiene en el momento en que aceptan la expiación de Cristo y las ordenanzas hechas por ellos en la Tierra. A diferencia de las indulgencias pagadas con monedas, aquí la moneda de cambio es la fe del espíritu fallecido y el sacrificio de tiempo de sus descendientes en el templo.


En conclusión, mientras que el Purgatorio tradicionalmente ha proyectado la imagen de un Dios severo que exige cuotas de sufrimiento físico antes de otorgar la entrada al cielo, la perspectiva de los Santos de los Últimos Días ofrece un panorama profundamente misericordioso y centrado en Cristo.

El Mundo de los Espíritus no es una sala de tortura temporal, sino la extensión del salón de clases más grande del universo. Al fusionar las escrituras modernas de Doctrina y Convenios con las enseñanzas de sus profetas, la teología SUD demuestra que las ligaduras de la muerte y la ignorancia no se rompen con transacciones financieras ni fuegos medievales, sino a través de la educación, el arrepentimiento y las ordenanzas de amor realizadas en los santos templos de Dios.

El concepto de un estado temporal de sufrimiento o purificación tras la muerte es notablemente universal. Aunque la palabra exacta purgatorio pertenece a la tradición eclesiástica e institucional de la Iglesia Católica, muchas otras religiones principales defienden conceptos funcionalmente equivalentes.

Desglosemos las principales religiones que apoyan esta idea de purificación temporal:

1. El Judaísmo: Gehinnom

El judaísmo no comparte la visión cristiana de un infierno de castigo eterno para la mayoría de las almas.

  • El concepto: Creen en el Gehinnom (o Gehena). Es visto como un "lavatorio espiritual" donde el alma repasa sus acciones terrenales, experimentando un remordimiento purificador.

  • El tiempo: La purificación es estrictamente temporal y dura un máximo de 12 meses.

  • Intervención de los vivos: Al igual que los sufragios católicos, los judíos recitan una oración especial de duelo (el Kaddish) durante meses para ayudar a elevar y limpiar el alma de sus familiares fallecidos.

2. El Islam: El Barzakh y el Infierno Temporal

La escatología islámica contempla un estado intermedio y la posibilidad de una purificación post-mortal a través del fuego.

  • El Barzakh: Es la dimensión intermedia donde residen todas las almas desde el momento de la muerte hasta el Día de la Resurrección.

  • El nivel purificador: Existe una fuerte corriente teológica en el Islam que enseña que el nivel más superficial del Yahanam (el infierno) funciona exactamente como un purgatorio. Los musulmanes creyentes que cometieron pecados graves pero no perdieron la fe van allí temporalmente para ser purificados por fuego antes de que finalmente se les permita la entrada al Yanna (el Paraíso).

3. El Cristianismo Copto y las Iglesias Ortodoxas

Estas vertientes orientales del cristianismo primitivo comparten la práctica litúrgica, pero rechazan los detalles medievales de Roma.

  • Iglesia Copta: Apoya formalmente un estado transitorio de purificación y expiación similar al católico.

  • Iglesia Ortodoxa: Rechaza tajantemente la palabra "purgatorio" y la idea de que sea un lugar físico con un fuego de tortura literal. Sin embargo, sí creen en un estado intermedio de las almas. Enseñan que los fallecidos experimentan una condición de espera donde pueden progresar y recibir alivio espiritual gracias a las oraciones y liturgias que la iglesia ofrece por ellos en la Tierra.

4. El Zoroastrismo: Hamistagan

Esta es una de las religiones monoteístas más antiguas de la historia humana.

  • El concepto: Desarrollaron el Hamistagan, que se traduce literalmente como "el lugar de los estados intermedios".

  • El criterio: Si al morir, el peso de tus buenas obras y tus malas acciones está perfectamente equilibrado, tu alma es enviada a este espacio neutral. Allí, el alma experimenta un estado de aislamiento temporal donde reflexiona y se purifica hasta el juicio final, momento en el cual se unirá al reino de la luz.

5. El Hinduismo y el Budismo: Los reinos de Naraka

Aunque estas religiones orientales se basan en el ciclo de reencarnaciones (samsara), sus cosmologías incluyen espacios de purga temporal.

  • El concepto: Ambas tradiciones describen el Naraka, que a menudo se traduce erróneamente como "infierno".

  • El funcionamiento: No es un castigo eterno. Es un plano de existencia temporal donde las almas que acumularon un karma muy negativo deben experimentar sufrimientos proporcionales a sus faltas para "quemar" ese mal karma antes de poder reencarnar nuevamente en un plano superior.

Al observar cómo tantas culturas y religiones coinciden en la existencia de un estado intermedio llámese Purgatorio, Gehinnom o Prisión Espiritual, queda claro que la humanidad comparte una profunda intuición moral: la muerte nos encuentra a casi todos a medio camino en nuestro desarrollo, y un Dios justo debe ofrecer un espacio para corregir el rumbo.

La perspectiva de los Santos de los Últimos Días aborda este dilema despojándolo del drama medieval del castigo físico o el fuego literal. Para nosotros, este estado intermedio no es un centro de tortura temporal, sino algo mucho más cercano a nuestra realidad actual: un espacio de educación y progreso personal.

Creemos que el espíritu humano mantiene su identidad, su memoria y su libre albedrío después de la muerte. Por lo tanto, la "purificación" de la que hablan otras tradiciones no se logra mediante el sufrimiento impuesto, sino a través del autoconocimiento, el arrepentimiento y la aceptación voluntaria de la verdad. No es un proceso mágico ni místico; es el proceso natural de aprender de nuestros errores y sanar la conciencia en un entorno libre de las limitaciones y dolores del cuerpo mortal.

Al final, ya sea que hablemos de rezar por los difuntos o de realizar ordenanzas voluntarias en los templos, el mensaje de fondo es el mismo y es profundamente esperanzador: los lazos familiares y el amor por quienes ya no están no se rompen con la muerte, y la oportunidad de progresar y encontrar la paz sigue abierta para cada ser humano, sin importar en qué punto de su camino lo haya alcanzado el final de la vida.

Thoughts

  • jmCastaneda

    Lo fascinante es que Tetzel no inventó la doctrina, sino que expuso la hipocresía de un sistema ya construido. Una doctrina teológicamente ambigua termina financiando catedrales. Eso dice todo.

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  • mediatarde

    Los argumentos católicos sobre 2 Macabeos no son del Nuevo Testamento, así que protestantes tienen un punto. Pero lo de la purificación por fuego en 1 Corintios sí está ahí, y nadie dice nada.

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  • solo_curioseo

    Me quedé con la parte del Gehinnom judío: máximo 12 meses. ¿De dónde sale ese número específico? ¿Está en la Torah o es interpretación?

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  • pregunta_rapida_

    ¿Tú mismo crees en el purgatorio, o solo estás documentando lo que cada tradición dice? Porque esos son dos ensayos muy diferentes.

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