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El pentagrama de Castleberry Sensible

DaveOaks
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capitulo 1.

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capitulo 1.

Eran las dos de la mañana y el último autobús a Castleberry acababa de pasar. Increiblemente, se había retrasado por un accidente en la calle Elm, entre un auto deportivo y un motociclista que se pasó la luz roja en el semáforo. No contaba con que llegaría a casa más tarde de lo pensado; quedarme a ayudar al señor Carter en la remodelación de su oficina significaba que no podía estar en la para del bus a las once y treinta de la noche.

Ahora, en el autobús, solo pensaba en llegar a mi cama y descansa. por un momento me quedé dormido, y sentí que alguien me tocaba el hombro cuando desperté de golpe. Era el conductor: — Ya llegamos a Castle berry, ¿te vas a quedar?

Al parecer, yo era el último en el bus. Asentí con la cabeza, recogí mi abrigo, bajé y caminé hacia la salida de la estación. Todo estba cerrado, pero no tenía miedo, pues vivo solo a unas dos calles de allí. Sin embargo, no me sentía tranquilo; ya eran las tres y treinta de la mañana y las calles estaban completamente solas. El frío de la noche hacía que se levantara una especie de niebla bajo las luces parpadeantes del alumbrado público del parque cercano.

No sé si fue por mi repentino miedo, pero empecé a sentir que me estaban observando. De todo el trayecto a casa, lo que más me preocupaba era pasar por el frente del jardín de la propiedad de los Castleberry. Era una inmensa mansión abandonada, en cuya reja principal se destacaban las letras en color dorado desgastado el nombre de "Castleberry".

Cuando estuve cerca de la mansión cambié de acera para no pasar cerca de esa casa, que abarcaba una cuadra completa. Sin embargo, un ruido, como de algo quemándose, me hizo voltear la cabeza hacia esa horripilante mansión. Desde lejos vi que salía humo de una de las chimeneas, y una tenue luz se filtraba por una de sus ventanas.

Pensé que estaba abandonada. La familia Castleberry era una de las siete familias fundadoras de la ciudad, y el nombre de la ciudad se le debe a su apellido, en especial a Arthur Castleberry, quien lideró la cruzada por la independencia y a quien más tarde le darían el título de "el Caballero Negro" por la armadura negra que usaba. Él fue nuestro primer gobernante como ciudad libre, pero luego de un periodo de siete años, la salud de Arthur fue deteriorándose. Se dice que vinieron médicos de todas partes del mundo sin poder curarlo, hasta que una extraña mujer llamada Adana, conocedora de artes oscuras, logró sanarlo. A cmbio se casó con ella.

Los gustos de Adana eran sumamente extravagantes, como llenar una piscina de leche y bañarse en ella con sus empleadas bajo la luna llena. Hacía fiestas donde, según decían, se realizaban sacrificios humanos; al menos eso cuentan. Alas otras seis familias no les gustaba la imagen que esta daba y decidieron romper su relación con Arthur. El primero en hacerlo fue Jhon Lutom, quien declaró en una reunión que no permitería que esa mujer pisara su casa. Arthur, indignado, lo golpeó. Jhon, que era más bajo, lo expulsó gritándole que se fuera con su bruja.

Inexplicablemente, un mes después, Jhon murió de una extraña enfermedad. Desde ahí, los miembros de las otras casas empezaron a cuestionar a Arthur por la serie de muertes extrañas que les ocurrían a quienes osaban enfrentarlo; Arthur desetimaba todo lo que decían, pero al final no quedó vivo ninguno de los fundadores, y en las calles se rumoreaba que había sido obra de la bruja.

Una noche, mucha gente del pueblo, indignada por las largas fiestas que Arthur hacía mientras ellos no tenían que comer, se juntó con palos, antorchas, trinches y armas de toda clase. entraron a la mansión, cuya puerta fue abierta deliberadamente por el servicio, que detestaba a sus patrones. Llegaron hasta los aposentos de los señores Castleberry, los golpearon y los llevaron a la fuerza al patio de la inmensa mansión. Allí los amarraron a dos troncos improvisados y los apedrearon hasta matarlos. Sus cuerpos fueron... dejados allí mismo, atados a los postes, como una advertencia grotesca para cualquiera que intentara seguir sus pasos. Se dice que la tierra del patio absorbió tanta sangre aquella noche que nunca nada volvió a crecer allí, y la mansión quedó maldita, sellada por el miesdo y la superstición durante más de un siglo.

Sacudí la cabeza, intentando alejar esas viejas historias de fantasmas que todos los niños de Castleberry conocíamos, eran las tres y treinta de la mañana, estaba cansado y mi mente me jugaba malas pasadas. Pero el humo era real.

Me detuve en seco. El viento cambió de dirección y trajo el olor del humo hacia mi. No era olor a leña quemada, ni siquiera a basura. Era un olor dulzón, denso y nauseabundo, como leche agria hirviendo mezclada con un fuerte tinte metálico, similar a la sangre seca.

Mi corazón empezó a martillear contra mis costillas. El instinto me gritaba que corriera a mi casa, pero una curiosidad morbosa y helada me ancló al suelo. La tenue luz en la ventana se intensificó, tornándose de un amarillo enfermizo a un rojo profundo, pulsante. Y entonces, lo escuché.

No eran los gritos de la antigua turba. Era un sonido rítmico, sordo y húmedo que provenía del interior de la propiedad, más allá de la reja dorada.

Cloc, cloc, cloc.

Sonaba como piedras pesadas golpeando algo blando, una y otra vez, sin descanso. El sonido de la ejecución eterna.

Hipnotizado por el terror, di unos pasos hacia la reja. La niebla se arremolinaba en el patio interior. Allí, a través de los barrotes, la luz rojiza de la ventana iluminada dos siluetas oscuras en el centro del jardín. Estaban atadas a dos postes carcomidos que no deberían seguir en pie después de tantos años.

El humo denso y pestilente emanaba de sus cuerpos. El sonido de las piedras cesó de golpe. Una de las figuras, la más delgada, giró lentamente la cabeza hacia el portón donde yo estba. Aunque estaba lejos y la oscuridad era casi total, sentí una mirada ancestral y maligna clavarse directamente en mis ojos.

Una risa suave, de mujer, susurró en mi oido, traída por el viento frío, helándome la sangre.

No esperé ver más. El terror puro me devolvió la movilidad y corrí las dos cuadras restantes hasta mi edificio como si el mismísimo caballero negro me persiguiera. Entré a mi apartamento, cerré con triple llave y me tiré en la cama temblando, sabiendo que no podría dormir. Ahora sabía que los rumores eran ciertos: Los Castleberry nunca habían abandonado su hogar, y su castigo, o quizás su ritual, continuaba noche tras noche.

Thoughts

  • cuatrocafes

    Lo mejor es cómo armás la atmósfera desde el principio, las dos de la mañana, solo en el autobús, ese frío. Pero el verdadero horror no es la mansión ni Arthur ni Adana. Es darse cuenta de que el único sobreviviente, el que escapa, sigue viviendo a dos cuadras de distancia. Eso es lo que no me deja dormir.

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  • Yeray

    Todo está tan cuidado: los nombres de las familias, el pentagrama que nunca mencionas pero está ahí, la mala suerte que sigue a quien enfrenta a Arthur.

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  • Sabina

    Me hipnotizó ese momento cuando empieza a notar lo raro del humo. De la curiosidad morbosa a puro pánico en nada.

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