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"EL CUENTO QUE NUNCA TERMINÓ"

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Había una vez un niño que vivía en un reino sin nombre, donde las estrellas aparecían de noche solo para recordarle que incluso la oscuridad podía ser hermosa. El niño tenía un corazón pequeño, pero…

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Había una vez un niño que vivía en un reino sin nombre, donde las estrellas aparecían de noche solo para recordarle que incluso la oscuridad podía ser hermosa. El niño tenía un corazón pequeño, pero cargaba dentro una tristeza demasiado grande. Cada mañana despertaba con la esperanza de encontrar algo que le devolviera las ganas de quedarse; cada noche, en cambio, guardaba sus lágrimas de bajo de la almohada para que nadie supiera que su príncipe también estaba roto.

Un día encontró a una princesa.

Ella no llevaba corona, ni vestido de oro, solo una sonrisa capaz de hacerque el invierno pareciera primavera.

—¿Quieres caminar conmigo? —preguntó ella.

Y él, que llevaba años caminando solo, respondió que sí. Durante un tiempo, el reino dejó de parecer tan frío. Compartieron tardes, secretos, promesas que parecían eternas y palabras que juraban no convertirse jamás en recuerdos. Él comenzó a creer en los finales felices. Qué ingenuo fue.

Porque los cuentos también mienten.

Una tarde, la princesa desapareció.No hubo dragones. No hubo guerras. No hubo una despedida digna de una historia de amor. Solo silencio. El niño esperó.Esperó un día, Después una semana,después tantos meses que perdió la cuenta. Cada noche miraba el camino
por donde ella se había marchado,convencido de que algún día regresaría. Pero el camino nunca volvió a traerla.

Entonces comprendió algo terrible: hay personas que llegan a tu vida no para quedarse, sino para enseñarte lo que se siente perder.

El niño creció.

Su corazón dejó de esperar, pero nunca dejó de recordar.

Y cuando alguien le preguntaba qué había sucedido con la princesa,
él sonreía y decía: Fue un bonito cuento Aunque la verdad era otra.

Había sido el cuento más hermoso que jamás había vivido,
y también el que más le dolió terminar.

Años después, cuando ya nadie recordaba su nombre,
el niño regresó al lugar donde todo comenzó. Encontró un viejo árbol, se sentó bajo sus ramas y miró las estrellas.

Entonces comprendió el último secreto: quizás la princesa nunca fue el final feliz. Quizás solo una página,Una página hermosa.
Una página dolorosa, Una página necesaria.

Y mientras cerraba los ojos, el niño sonrió por primera vez sin tristeza. Porque finalmente entendió que no todos los cuentos terminan con un “felices para siempre”. Algunos terminan con una lágrima,
otros con un adiós, y algunos simplemente terminan...

para que el protagonista pueda comenzar a escribir su propia historia.