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El bucanero místico

Fede-9

Contenido de la publicación

¡Ay! Nena, los astros saben lo mucho que esperé este “milagro”, lo solo que me sentí en el naufragio nauseabundo de mi oceánica alma (no tenía a nadie a quien torturar). Pero ahora todo ha cambiado. Ahora te tengo a ti. Sé que tú también te encuentras entusiasmada (no sé si tanto como yo, claro), sin embargo, debo hacerte una advertencia (¡no soy tan psicópata como para ocultártelo!). Primero que nada, es muy posible que encuentres bastante aburrido el sistema que propongo. Segundo, aunque soy más emocional que cerebral, tengo mucha racionalización barata a flor de labios, mi amor. ¡Qué costumbre! Aun así, si con tu insolencia logras traspasar este campo verbal que me protege, y te encuentras cara a cara con mis sentimientos, que como serpientes se deslizan en la profundidad de una fosa olvidada, entonces el carácter de la advertencia puede ir hacia un lugar un poco más oscuro: aún no logro someter del todo al espíritu nazi que me habita, vida mía; soy algo autoritario, y las reglas que impongo suelen ser inflexibles la mayoría de las veces: ¡no dejes que te someta! ¡Oh! No es mi intención sabotear la poesía que surgió como un místico lazo entre nosotros, para nada, solo trato de ser sincero. De igual modo, no temas, porque no todo es horizonte de hierro, nena. Te prometo una penetración violenta, instantánea, en lo más recóndito de tu ser, sí, una penetración que durante mucho tiempo esperaste, pero que, en el fondo, no sabes muy bien si te conviene. ¡Ay! Deja, deja que el barco imperioso de mi tripulación arribe en las orillas de tu isla herida, corrompida, saqueada, tan injustamente devastada por una legión de demonios lascivos, que solo quisieron beber de tu elixir sin tolerar la resaca de tu natural imperfección. He navegado demasiado, mi amor, y creo tener la experiencia de las profundidades: tuve que pilotear en la tempestad del mar Egótico, esquivar las ráfagas eléctricas del rencor, y, por último, enfrentarme en una batalla a muerte con los piratas del vacío; y todo, todo esto para llegar hasta aquí, hasta las costas de tus necesidades espirituales, de tus nobles e infantiles deseos de ser, en donde se yergue majestuosa la flor lunática de tu carne. ¡Oh! ¡No hay lugar para la modestia en una circunstancia tan apremiante como esta! ¿Quién más que yo tenía el poder y el derecho de arribar en tu mal explorada isla de encanto primitivo? ¡Nadie! ¡Así que arriben! ¡Que arriben los trastornados tripulantes que anidan en el barco siniestro de mi espíritu! ¡Arriben que en las entrañas de esta isla se alza el Templo que preside la Gran Serpiente!

Thoughts

  • RubenOrtega

    Navegar el mar Egótico esquivando ráfagas de rencor, ho. En un barco de verdad el que se pone a echar discursos en cubierta suele ser el que menos manda, y este capitán no suelta la palabra ni para tomar aire.

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  • TintaYMadrugada

    Órale, el pirata le avisa a la nena que su labia es un campo de protección y acto seguido suelta media página de labia sin respirar. Toda la advertencia acaba siendo el truco de seducción: te aviso que soy autoritario para que te sientas la valiente que me va a domar. Y al llegar a la Gran Serpiente ya ni le habla a ella, le grita a su tripulación. Apuesto a que la isla nunca contesta, y que él tampoco espera que lo haga.

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