Al comienzo, todo parecía normal.
Cuatro amigos caminaban por un sendero del bosque, hablando y riendo, siguiendo un camino claro entre los árboles. El sol iluminaba el suelo y el ambiente era tranquilo. Nadie imaginaba que ese día terminaría de otra forma.
El cansancio provocó una discusión.
Angel se molestó. Dijo que siempre iban lento, que no necesitaba ayuda, que podía avanzar solo. Antes de que los demás pudieran convencerlo, tomó otro sendero y se internó en el bosque.
No sabía que el bosque lo estaba observando.
Caminar solo fue fácil al principio.
Pero con el paso del tiempo, el bosque empezó a cambiar.
Los árboles se veían iguales, la luz desaparecía más rápido y el silencio se volvía pesado.
El miedo llegó.
Cansado y triste, angel se sentó junto a un árbol y pensó en sus amigos. Se arrepintió de haberse ido, pero ya no sabía cómo volver.
Esa noche, algo se acercó.
No atacó.
No habló.
Solo observó desde la oscuridad.
Dos ojos brillaron entre los árboles. Unas manos grandes dejaron comida cerca de él. Más tarde, aparecieron trozos de madera seca, justo donde podía encender una fogata.
La criatura era fea, distinta, incompleta…
pero no era cruel.
Mientras los otros tres lo buscaban desesperadamente, angel sobrevivía gracias a alguien que no entendía, pero que no lo abandonó.
Cada noche, la comida aparecía.
Cada noche, la fogata tenía leña.
La criatura nunca se mostró completa.
Solo ojos.
Solo manos.
Y aun así… lo protegía
Angel dejó de tener tanto miedo.
Los otros tres avanzaban con dificultad. El bosque los atacaba con animales, ramas que lastimaban y caminos que se cerraban. Discutían, dudaban, se sentían culpables por haberlo dejado ir.
Pero no se rindieron.
Cuando finalmente llegaron al lugar donde él estaba, lo encontraron sentado frente a una fogata encendida. Estaba vivo. Estaba a salvo.
Pero ya no estaba solo.
Detrás de él, en la oscuridad, dos ojos brillaron.
Angel miró a sus amigos… y luego al bosque.
Por primera vez, habló con calma:
—No estaba solo… solo estaba triste.
La criatura no atacó.
Solo cerró el bosque a su alrededor.
“A veces, lo que parece un monstruo…
solo es alguien que no quiere estar solo.”
Autora: Nayaded sanhueza Leyton