5.-
Sarahí
07/ Enero
Querido diario:
Ni siquiera te conozco y debo contarte todos mis secretos. Dijo mi psicólogo que podrías ayudarme a procesar mis emociones, todo ha sido un caos desde hace tiempo. Sé que a los 17 la vida es un caos, pero créeme, la mía en particular se ha vuelto terrible. Vamos a empezar:
-Mi madre murió hace medio año, más o menos. No fue una enfermedad trágica ni un suicidio trágico, fue un accidente trágico. Automovilístico, en carretera. Ella era maestra y tenía que viajar a una comunidad a una hora y media de nuestra ciudad. Fue una mañana en que iba para allá. Fue espantoso, no quiero hablar del tema.
-Entonces, mi papá y yo nos vimos muy afectados, pero él más, creo. Luego de 6 meses me dijo que había pedido un cambio de sede de la universidad donde trabajaba y nos mudamos a la capital del país. Dijo que sería bueno para los dos salir un poco del contexto tan doloroso en el que estábamos. Creo que en realidad él no quería tener que seguir viviendo donde le recordaba a mi mamá, pero mudarnos a una nueva y enorme ciudad siendo yo una adolescente creo que fue como un disparo en el pie. Mi pie, no en el de él. Pero estaba bien, lo acepté porque de verdad estaba harta de escucharlo llorar por las noches, cuando él creía que yo dormía.
-Por lo que terminé aquí. En un departamento casi vacío, en una ciudad que no conocía, sin amigos y sin mamá.
Supongo que de cierta manera me ayudó el tener que adaptarme a una nueva rutina, nueva escuela, nuevo todo porque así dejé de pensar en mi mamá, pero el dolor seguía ahí, obvio. Una nunca puede olvidar algo así, creo.
Apenas el 15 de enero inicia el semestre. Mi papá entra a trabajar hasta el 22, por lo que se ofreció a ayudarme a hacer una rutina para ir y volver de la escuela. Debido a que él tiene horario corrido, mientras trabajara no podría llevarme o traerme en carro, así que tengo que aprender a moverme en transporte público. Lo bueno es que aquí es bastante barato.
Ya te contaré cómo va todo.
14/ Enero
Querido diario:
Dice mi psicóloga que digo mucho “creo”, como si no estuviera segura de lo que está pasando. Pensé que era una muletilla pero ella insiste en que no, que es algo inconsciente en lo que debo de trabajar, así que a partir de ahora ya no diré creo, sino sé. O pienso. O imagino. Supongo que cuentan, ¿No? ¿Suponer es igual que creer?
Por cierto, no te dije su nombre. No te he dicho el nombre de nadie. Yo me llamo Sarahí. La historia de mi nombre es chistosa porque mi mamá quería ponerme Anahí por su abuela y mi papá quería ponerme Sara por su mamá. Entonces como ninguno de los dos cedió, mi tío, el hermano de mi mamá, les dijo que por qué no lo mezclaban y así salió Sarahí. Me gusta mucho mi nombre, no es muy común pero además no es difícil de recordar o de escribir. Ya me jodería que me pusieran como a mis primos, que una se llama Estella de Jesús, Estella con doble L, pero se pronuncia Estela- con una L-, o Juan Fabricio Maximmo al que le decimos sólo Juan.
Mi papá se llama José Julián pero todo el mundo le dice José. O Jota Jota –JJ- sus amigos. Mi mamá le decía así. De hecho tiene rato que no oigo que alguien le diga así. ¿Lo extrañará, ese apodo?
Mi mamá se llamaba María Isabel. Mi papá le decía Chavelita cuando quería convencerla de algo. El resto de mi familia le decían Mary. Yo le decía mamá.
Mi psicóloga se llama Luisa Castañeda. Me cae bien. Es guapa, joven y amable, sabe mucho, pero a veces su voz aguda se vuelve molesta cuando las sesiones son por video-llamada. Y ahora que me mudé, a menos que me consiga otra psicóloga, serán todas por la computadora.
Hoy mi papá y yo le dimos el último recorrido al metro que tomaría para ir a la escuela y volver a casa. Primero tendría que caminar como cinco cuadras a la derecha, llegaría a la estación Héroes. Ahí entraría, bajaría por las escaleras y caminaría hasta el andén verde. Ahí tomaría el metro, y me bajaría en Girasoles, que es de color amarillo. Transbordaría en Frida Kahlo, para tomar el tren rosa y me bajaría justo a la mitad del camino, se llama Saturno. Ahí saldría a la calle y a tres calles a la izquierda y un boulevard después estaría la prepa oficial número #28. Extraño nombre para ser una preparatoria pública.
En casa ya tengo mi mochila, mi carpeta y mi cartuchera con plumas. Todavía no sé si voy a hacerme algo de desayunar o compraré algo por allá. Dice mi papá que seguramente venden muchas cosas en el camino, pero yo no me quiero confiar. Al fin y al cabo no conozco esta ciudad.
17/ Enero
Querido diario:
No creas que se me olvidó actualizarte con lo de mi primer día de escuela, es que llegué bien cansada y todo fue… no sé si diría que un desastre, porque pasaron cosas buenas y malas, pero bueno, fue “un día”, supongo que aquí es normal vivir en un caos. No sé si me voy a acostumbrar.
Aprovecho este momento en que estoy en el recreo, bueno, “recreo” para escribirte. Te contaré todo:
Mi horario es un desmadre. Tengo varias horas libres y es muy molesto porque no me da el tiempo de volver a casa, entonces tengo que dar vueltas por la escuela como una imbécil. Una “provinciana” como me dijeron. Entro a las 8:00, tengo hora libre a las 11:00, tengo otra clase a las 12:00, hora libre a la 1:00 y la última clase de 2 a 2:45 pm. Y eso no sería tan malo pero según vi mi horario el viernes tengo una clase a las 9:00 y la otra a la 1:00. ¿Qué clase de pendejo inepto armó el acomodo de materias? Quién sabe. Luego voy a tener que repetir Inglés II, aunque esa materia ya la había pasado el semestre pasado. Quesque no era el mismo temario y no sé qué. No entendí.
No conforme a eso, la escuela es enorme, creo que son como seis edificios de cuatro pisos cada uno. Tiene dos canchas de fútbol, una de básquetbol y una de volibol. Tiene una cafetería, tres patios, una biblioteca gigante –ésa sí me gustó porque hay computadoras e impresoras ahí y dizque es más barato imprimir ahí que afuera-, y dos estacionamientos, uno para maestros y otro para alumnos. Pensé que nadie a nuestra edad tendría auto pero resulta que muchos sí. Seguramente viven lejos o sus familias tienen dinero. No es como que en mi casa seamos pobres, los salarios de mis padres nos alcanzaba para lo indispensable y hasta un poco más, pero con todo lo del funeral y la mudanza no sé cuánto quede en los ahorros de mi papá, además de que, pues no sé manejar. No sé si quiero manejar. Creo que debería aprender, esta ciudad es una mamada. Digo, “pienso que…”. Equis.
Me perdí unas cinco veces, le pedí indicaciones a varias personas y algunas me ayudaron, otras me ignoraron, algunas me dijeron “perdónvoytardeamiclase”, sin detenerse. Otras me mintieron y me mandaron a los salones más lejanos y en desuso. Hubo gente amable, como Camila, que nos tropezamos casi en la entrada y me ayudó a llegar al salón de lectura y redacción. También Tania, que me dijo que nunca me sentara en las bancas de hasta atrás en Historia III porque el profe siempre les pide participación a ésos, luego de esa materia me acompañó a matemáticas. En la hora de mi recreo comí sola, porque Tania tenía descanso hasta las 12, pero me dijo cómo llegar al salón de biología II. Ahí conocí a Alonso, que es un tipo medio desagradable –porque apestaba a tabaco ese día- pero “buena onda”. Me dio algunos chismes de la escuela y estuvo conmigo en mi segunda hora libre.
Lo de los chismes te lo explico con brevedad, porque son historias largas y la verdad no entendí bien, a ver si me acuerdo de todo:
-Primero está el asunto de que el profe de educación física, bueno, no éste sino el pasado, dizque se había metido con una alumna, que la alumna se embarazó y el profe se desentendió y se fue de la escuela. La alumna llevó su embarazo un par de meses hasta que se desapareció y dicen que fue porque se hizo un aborto ilegal –por lo avanzado de su gestación- y se murió. Terrible.
-Luego está el asunto de que en una fiesta de generación se llevaron detenido al que era el rey de la escuela, un tipo llamado Sebastián. Todos creyeron que era porque él era el contacto con los dealers pero no, fue porque su ex novia Nancy lo denunció por violencia de género. No se supo mucho del juicio pero el güey lo cambiaron de escuela.
También me contó de los romances, las infidelidades y los ligues de la escuela pero nada de eso me podía importar menos.
Pero así como conocí gente buena, también hubo gente mala. Alguien en el pasillo me gritó “fea pueblerina” o algo así, no entendí bien porque tenía los audífonos puestos. Dos chicas se rieron de mi ropa cuando iba entrando al baño, alguien me dejó caer un cigarro desde el segundo piso mientras yo estaba abajo, revisando mi horario para buscar mi siguiente salón, me quemó un poco del cuero cabelludo porque lo lanzaron todavía encendido, cuando levanté la cabeza no vi quién era. Un tipo me preguntó en clase de biología, en voz alta, si todavía le bailábamos al sol en mi pueblo. No entendí la mitad de burlas racistas que me hicieron, porque soy consciente de que mi piel es oscura pero ellos no son arios, entonces no entendí. Había gente, como el que me preguntó eso del baile del sol, que era más oscuro que yo. ¿?
En fin, que no quiero ahondar en eso. Sé que en todos lados hay gente mala, eso decía mi mamá, y lo importante es evitarles a toda costa y todo estará bien.
Apenas me estoy acostumbrando a la escuela así que no sé si podré escribirte tan seguido. Gracias por ser paciente. (¿Le estoy dando gracias a una libreta, LOL??!)
20/ Enero
Querido diario:
Ayer me pasó algo como de película: Era viernes, así que mi papá tenía chance de llevarme a la escuela porque entraba a las once a trabajar. Pudimos desayunar bien, y juntos, cosa que no hacíamos desde hacía… no sé, ¿Desde la navidad? Quién sabe. El punto es que cuando salíamos de la colonia, en un rojo esperando, vi pasar a uno de mis compañeros de algunas clases. Creo que se llama Hugo, Rogelio o algo así, Ernesto, no lo sé bien. Pero lo ubicaba por su cabello muy característico de él: Rizado, en un tono rojizo madera, bonito. Y unos ojos preciosos, verdes. Muy guapo, alto, de hombros anchos y sonrisa perfecta. Iba apresurado, con la cara llena de concentración y una mochila pesada y negra, de lona.
Le dije a mi papá que nos detuviéramos para ofrecerle ride, porque estaba seguro que él iba conmigo en mis clases.
-Seguramente ahorita también tiene Introducción a la Psicología- le dije, bien segura, aunque era mentira porque no sabía si así era.
Mi papá no es un tipo mal encarado, es de hecho bastante amable, pero por alguna razón aquella mañana estaba más estresado de lo normal. Ya me había gruñido al menos dos veces en la casa, no sabía si estaba de humor para hacerla de taxi. Pero lo hizo. Gruñó algo que no entendí, porque ni siquiera abrió bien la boca pero le tocó el claxon, el fulano nos ignoró, pero lo alcanzamos en la siguiente calle. Bajé el vidrio de mi asiento y le dije:
-¡Oye tú! ¿Quieres ride? Vamos a la misma prepa-
Él se giró, primero confundido porque era obvio que no reconocía mi voz, y después de evaluar mi cara algo dentro de él se encendió, como si ya me ubicara.
-¡Sí, gracias!-
Se subió al asiento trasero, mi papá sólo soltó un buenos días y mi compañero también dijo buenos días con esa voz suave y profunda. Durante el camino no dijo nada, sólo me miraba de repente por el espejo lateral. Es muy guapo, hasta sentí que me sonrojaba.
Cuando llegamos a la prepa, él dijo:
-Gracias por traerme-
-Ey- contestó mi papá y luego me miró:- Nos vemos más tarde, hija-
-Sí, pá, que te vaya bien-
-También a ti-
Pensé que para entonces, él ya estaría entrando a zancadas a la escuela porque qué oso que te vean llegar con la nueva provinciana pero no, se quedó ahí en la acera, esperándome. Mi papá se fue y él y yo nos metimos a la escuela.
-Me llamo Hugo-
-Yo Sarahí-
-Gracias por darme ride-
-Nah, no es nada-
-No es normal que la gente dé rides por estos lares del país, ¿Allá en tu ciudad sí son así?-
-Tampoco es normal, si alguien te ofrece aventón seguramente es más bien un levantón-
Él se rió, y yo también, aunque mi chiste no dio risa. Nos detuvimos en la entrada.
-¿De dónde dijiste que eras?-
-Eh, del sur. Ciudad Rosario-
-No la conozco-
-No te culpo. Está entre grandes montañas y lejos de las costas-
Empecé a caminar hacia las escaleras del primer edificio cuando él me detuvo por el brazo.
-¿A qué hora tienes tu descanso?-
-¿Hoy?... De 11 a 1 no tengo nada qué hacer-
-Qué casualidad, yo tampoco… ¿Nos juntamos para desayunar?
Y OMG.
Cuando él se fue al tercer edificio, vi que había gente a nuestro alrededor que se nos quedó mirando, a él y luego a mí, con sorpresa, ofensa, enojo, tristeza, incredulidad. Hasta entonces noté lo popular que era porque no dio ni 6 pasos cuando alguien lo saludó por el pasillo, y a partir de ahí fue de saludo en saludo, él nunca se detuvo a saludar a nadie ni conversar, pero las demás personas, sobre todo chicas, se le acercaban diciendo su nombre y así. Qué increíble.
¿Sería así con todas? ¿Me había invitado a desayunar porque se sentía con la deuda del ride? Lo más probable es que sí. Al menos eso quise pensar.
Me morí de curiosidad y nervios hasta las 11. Desayunamos, pero no en la cafetería, me llevó a una fonda que está justo a la vuelta de la escuela. Había bastante gente pero como teníamos tiempo pudimos esperar.
-Aquí está muy buena la comida, te lo juro. Y muy barata también-
-¿Viene mucha gente aquí? O sea, de la escuela-
-No, es un secreto-
Después de desayunar nos fuimos a caminar por ahí. Yo pensaba volver a la escuela para pasar el resto del tiempo en alguna de las bancas o incluso en la biblioteca para dormirme un ratito pero él insistió en que mejor camináramos por la calle. Cuando le pregunté que por qué, él sólo dijo:
-Es que allá hay mucha gente-
Estuvo increíble. De verdad. Como salido de alguna romcom dos-milera. Estuvimos hablando mucho. Me contó sobre su familia, sobre sus amigos y sobre él. También me hizo preguntas. Era bastante simpático y amable, me pareció tan extraño porque no era el típico cliché de adolescente popular que no pude evitar reírme.
Él dijo, todo curioso:
-¿De qué te ríes?-
-Es que me… me resulta difícil pensar que no eres lo que se podría esperar-
-¿Y qué se podría esperar?-
-Bueno, eres guapo, popular y tu familia tiene dinero. Normalmente ese tipo de gente…-
-Es culera, ¿Verdad?- se rió él- Ya, creo que soy la excepción de la regla-
Volvimos a la escuela, él me estuvo preguntando que por qué me había mudado y así. También me preguntó por mi primer día, que qué clases tenía y con quiénes compartía salón. Intenté responder a todo pero lo de mi mamá nomás no me salió bien… Tuve que cambiar el tema cuando sentí el nudo en la garganta aparecer y de verdad no quería llorar frente a él, al menos no tan pronto en nuestra nueva amistad.
Antes de entrar a nuestras respectivas clases me pidió mi número de teléfono para escribirnos por si volvíamos a coincidir en horarios. Se lo di. No me ha escrito y eso que ha pasado un día, ¿Crees que llamará?? ¿Será una broma?
23/ Enero
Querido diario:
¡Han sucedido un montón de cosas en tan pocos días!
El lunes –hoy es martes-, o sea ayer Hugo me fue a buscar al laboratorio de química porque hicimos un experimento. Creo que se aprendió mi horario porque no andaba por ahí de casualidad, sino que literalmente unos minutos antes del toque fue al laboratorio y se quedó ahí esperando. Fui de las últimas en salir y vi a una bolita de personas en una esquina del pasillo. Yo iba muy quitada de la pena al segundo patio para almorzar cuando de repente escuché un:
“¿Y tus huaraches, provinciana?” y cuando me giré vi que entre ese grupito de personas estaba Hugo, sonriendo. Pero él no dijo nada de eso, lo dijo el cabrón de mi compañero de historia, creo que se llama Gabriel. Todos se rieron. Yo me fui de ahí bien rápido, como si me estuvieran persiguiendo.
¿Me sentía humillada? No lo sé. Quiero decir, ser provinciana no es algo malo, y de hecho lo soy, no sé por qué buscarían ofenderme con ello. La implicación de que debo usar huaraches aunque siga siendo invierno porque soy “de pueblo” me parece sí algo racista y clasista. Lo que me lastimó más fue ver a Hugo ahí con ellos, sin decirles nada.
Y digo que me fue a buscar porque en mi segunda hora libre me lo encontré en las escaleras. Él iba para su clase de Inglés y yo bajaba para ir a la cafetería por un refresco.
Me dijo:
-Oye, Sarahí, perdón por lo de hace rato-
-¿Ah?-
-Sí, Gabriel es un pinche ojete, perdóname por no decirle nada en ese momento. Y perdónalo a él también-
Nos miramos a los ojos. La verdad seguía bien enojada así que me encogí de hombros.
-No me importa-
-¿No te importa?-
-Creo que te juzgué muy rápido- dije, pasando junto a él. Él se giró, asombrado:
-¿Cómo que me juzgaste muy rápido? No entiendo-
-Sí, el otro día que te dije que eras diferente a los… de tu clase, pues resulta que no lo eres. Eres igual que ellos, pero con máscara buena ondita. Adiós-
-Sarahí, déjame expli…-
-Nah- salté el último escalón y me fui trotando por miedo a que él me siguiera.
Hoy es martes. Hoy me llamó, no me escribió mensaje, me llamó directamente como a eso de las cinco de la tarde. Hace ratito, ahorita son las ocho. Básicamente me pidió disculpas, dijo que iba a ser mejor persona y que le diera una segunda oportunidad de conocerlo, porque según él yo era la primer persona que no lo veía como una cosa guapa sin humanidad, que realmente quería una amistad conmigo porque le gustaba.
¿Y sabes qué le dije, querido diario?
Le dije que lo iba pensar.
24/ Enero
Querido diario:
¿Crees en las casualidades? ¿Crees en el karma?
Yo no sé. No soy religiosa, o sea me bautizaron e hice la primera comunión y confirmación pero fue más que nada por la familia de mis padres, ellos tampoco eran muy católicos. Ni siquiera podía recordar cuándo fue la última vez que pisé una iglesia –que no fuera por la muerte de mi madre-
Te escribo en la noche, esto que te voy a contar pasó en la mañana:
Cuando llegué a la escuela lo primero que me encontré fue a Hugo de pie en la entrada. Parecía distraído con su teléfono, a su alrededor había chicos y chicas que le hablaban pero él no contestó. Cuando crucé frente a él, pensé que no me vería o que no se daría cuenta de mi presencia. Pero sí lo hizo. ¿Cómo? Quién sabe. A lo mejor hasta me olió.
-¡Sarahí!... ¿Cómo estás? Te acompaño a tu clase. ¿Qué clase tienes…?-
-Matemáticas- le dije. Él alzó las cejas, emocionado.
-Yo tengo física II, queda en el mismo edificio, vamos…-
El resto de su grupito se quedó ahí, estático, horrorizado por lo que acababa de pasar. Una de las chicas –muy guapa, muy alta y muy flaca- se me quedó viendo, como si le hubiera mandado a saludar a su madre.
-¿Vas a dejar a tus amigos?-le pregunté, señalando a su grupo que se quedaban atrás.
-¿A quiénes?- él se giró y dijo-Ahhh, sí, sí, no te preocupes, ya me verán luego-
-Uy, no vayan a pensar que te estoy robando-
NO MAMES
D:
Acabo de enterarme de algo terrible. Ahorita que estaba checando fb mientras escribía aquí vi una foto del güey que me dice de cosas en las clases, el mentado Gabriel. Había un moñito negro en un rincón de la foto. ¡Se murió!
No, no se murió, ¡Lo mataron! En un asalto. Lo apuñalaron y le robaron la cartera y sus cosas. Omg.
¡OMG!
Esta misma tarde, temprano, poco después de que salió de la escuela. Lo van a velar esta noche. No hay detenidos. ¡OMG!
27/ Enero
Querido diario:
Ayer viernes se corrió la voz que la familia de Gabriel –que resulta, para variar, tiene dinero- haría un sencillo homenaje para su hijo en uno de los tanatorios más caros y exclusivos de la ciudad. Por supuesto que la noticia tenía consternada a media escuela y la otra media escuela estaba muy tranquila sabiendo que su bully había colgado los tenis. Yo estaba en ese grupo. ¿Era una mala persona? A lo mejor. Digo, no es como que le hubiera deseado ese tipo de mal, sólo quería que me dejara en paz. Pero si así me dejó en paz, bueno, pues… ¿Quién era yo para cuestionar los caminos del señor?
No pensaba ir. ¿A qué o qué? pero el viernes al medio día, cuando Hugo y yo estábamos desayunando en la fonda, me dijo que lo acompañara.
-No te ofendas, pero… ¿No será extraño para tus amigos verme ahí? Digo, ni era ni de su grupito…-
-¿Sabes qué, Sarahí? Eres más mi amiga que ellos. Aunque no coincidía en muchas cosas con Gabriel, sí me siento triste por lo que le pasó… No era el mejor hombre pero no era tan malo… pero entiendo que no quieras ir. Sólo era una idea. No quería ir solo-
-Bueno, si quieres que vaya a echarte porras puedo hacerlo. No estoy ocupada-
-¿De veras?-
-Sí, de veras-
-¡Excelente! Pasaré por ti a tu casa-
No sabía cómo explicarle a mi papá que mi plan para el viernes en la noche sería ir a un velorio así que me reservé todos los detalles que pude.
-No llegaré tarde. Y te estaré avisando adónde sea que vaya-
-¿Debería preocuparme por tus compañías?-
-No. Son buenas personas y esto es importante, no es una fiesta-
Yo pensaba que no era una fiesta porque alguien se murió y le harían un homenaje con féretro presente y toda la onda, por eso me sorprendió mucho ver a Hugo con sus ropas elegantes pero casuales. Y cuando llegamos al tanatorio todo el mundo usaba ropa de gala. Como una fiesta. Yo me sentí inadecuada con mis jeans desgastados, mis converse viejos y un suéter negro con una gran carita feliz en el pecho.
Desde que cruzamos el lugar todo el mundo se nos quedó viendo.
Quise que me tragara la tierra, por supuesto, pero no fue así.
Hugo y yo nos hicimos a un rincón, él dijo algunas cosas en voz baja, explicándome algo sobre la familia de Gabriel, sus primos, amigos en común y ex novias.
Estuvimos así un rato, él y yo solos, cuando de repente se acercó una de las chicas de la escuela. Una de sus amigas. ¿Gala? ¿Julieta? ¿Mariana? No sé su nombre, sólo sé que es muy guapa y muy alta.
-Hugo- le habló a unos metros, esperando que él se acercara. Ella llevaba un vestido sencillo negro pero turbo entallado, que destacaba su cuerpazo. Me dio una punzada de envidia y admiración, debía trabajar mucho en su cuerpo para verse así, ojalá tuviera la misma disciplina…
Hugo no se movió, se quedó ahí junto a mí, alzando una ceja. Ella entonces resopló como niña chiquita y se acercó a nosotros.
-¿Qué hace “esto” aquí?-
-¿Esto qué?- preguntó Hugo poniendo mala cara. Ella me miró bien feo con sus ojos azules. Hugo se dio cuenta en ese momento.
-No mames, Karla, no le hables así-
-¿Tú la invitaste? ¿Es tu nueva novia?-
-Creo que voy al baño- dije y me escapé.
Hasta ahorita estoy cachando que volví a decir CREO omg.
Escapé al baño, escuché que la voz de Hugo se elevaba pero la de Karla también. No sabía bien el chisme pero por cosas que me decía Alonso en clase o que el mismo Hugo me contó, más o menos sabía que ellos habían tenido ondas. Dijo Alonso que habían sido novios oficiales pero duraron muy poco porque dicen que Karla era turbo celosa y controladora. Hugo dijo que no habían sido novios, que nomás se besaron en algunas fiestas y ya. Que a él no le gustaba ella por lo superficial que era. Aunque eso yo no podía juzgarla porque no la conocía, a Karla.
No entré a ningún cubículo, me quedé ahí en el enorme lavamanos revisando mi teléfono, limpiándome el maquillaje negro de los ojos y arreglándome el cabello. Cuando conté casi diez minutos y estaba por salir, me topé a Karla de frente y me dijo:
-No sé qué chingadas madres tengas con Hugo y no me interesa pero de una vez te advierto que aquí en nuestro grupo no eres bienvenida ni creas que tienes una oportunidad de…-
-Yo no quiero estar en su grupo- le contesté rápido para que no me malinterpretara. Luego me hice a un lado y caminé- Perdón pero tengo que irme-
Volví al mismo rincón donde estaba Hugo con dos vasos de café. Me ofreció uno. Lo tomé por cortesía, realmente no me gustaba el café. Le di dos sorbos y esperé a que él dijera algo.
-Perdona por favor a Karla. Es una celosa de lo peor-
-Ahorita me la topé en el baño…-
-Sí, le dije que se disculpara contigo o ya no le iba a hablar-
-En realidad me dijo que no era bienvenida en su grupo de amigos pero le dije que igual no tenía interés en pertenecer…-
-Pinche Karla-
-Nah, está bien, no le mentí-
Hugo me vio con sus ojos bien abiertos, parecía una mezcla entre ofendido y avergonzado.
-No es justo que sean tan groseros contigo. No les has hecho nada-
-Todavía-
Él se rió pero con una risa triste.
-Todavía, sí… Eh, dame un momento, acabo de ver a la hermana de Gabriel y quería ir a darle mi pésame… Espérame aquí, no tardo-
-Okey-
Pero sí se tardó. Más de una hora, yo creo que como dos horas, poco más de eso. Por mientras anduve caminando de aquí para allá, picándole a los snacks, tirando discretamente el café en una jardinera cercana. Haciendo contacto visual incómodo con gente anciana. Esquivando a Karla y su grupo de amigos. Contestando los pocos mensajes que mi papá me mandó y cuando volvió Hugo, se veía un poco cansado, hasta tenía humedad de sudor en su nuca.
-Perdón, me pidieron que moviera unas cosas del féretro y la capilla… ¿Nos vamos?-
Eran cerca de las diez de la noche.
-¿No quieres quedarte a la misa?-
-No, ya me despedí, vámonos, tu papá te dijo que llegaras temprano además-
Y volvimos a casa.
28/ Enero
Querido diario:
Los domingos son el día designado que mis padres eligieron para hacer el quehacer de la casa, pero luego de la muerte de mi mamá mi papá hacía un poco de limpieza cada día, para el domingo quedarse a ver tele con cerveza en la mano. Yo le adelanté a varios proyectos que tenía del primer bimestre y además limpié a profundidad mi cuarto.
Hace rato, como al medio día, tuve mi sesión con la psico. Dijo que me veía mejor, más animada que antes, que a lo mejor el cambio de aires me había beneficiado más de lo que yo había considerado. Quizás era así, no sabía, no tenía ni un mes aquí.
Hugo me mandó un mensaje hace rato, me mandó un link con una noticia terrible: Un accidente de auto. No entendía por qué me mandaba algo así cuando me dijo:
¡Es Karla! D:
Abrí el link y leí con rapidez. Resulta que la noche del sábado –o más bien madrugada del domingo-, Karla R. había salido del tanatorio, se dirigió a un antro con sus amigos y estuvieron ahí varias horas. En la madrugada mientras conducía a su casa, algo falló o algo pasó, no saben si ella iba pasada de copas o qué pero derrapó y chocó. No hubiera sido algo tan malo pero se incendió el auto y ella salió muy tarde de ahí, murió quemada en la calle. Bueno, no “quemada” sino asfixiada por el humo supongo.
-Qué terrible accidente- le contesté. Una sensación extraña sentí cuando vi los puntitos de su conversación brincar.
-Sí, ¿Verdad? ¿Crees en el karma?
No sé. ¿Te acuerdas que te pregunté, diario, si creías en el karma? No sé si creo en el karma pero esto no me parece karma de nada.
30/ Enero
Querido diario:
Las cosas en la escuela se sienten… extrañas. Creo que todo el mundo de alguna manera vive el duelo de perder a dos compañeros tan… populares. Incluso las víctimas de su bullying. Los maestros están como si nada, casi que también puedo percibir el alivio en sus miradas. Como yo no los conocía tanto, y lo poco que los había tratado habían sido cosas malas, pues en realidad no pierdo mi tiempo en ello. He pasado mucho tiempo lidiando con el duelo como para intentar abarcar a Gabriel y Karla.
La cosa es… ¿Creo que hay algo raro en todo esto? Fueron accidentes, tragedias, lo sé. La policía así los declaró: Un asalto que salió mal, como los miles que suceden en el país y en el mundo. Un accidente automovilístico tan usual, como el que mató a mi madre, ¿Pero por qué siento que hay algo raro en todo esto?
Dijo Hugo que es “normal” hasta cierto punto que existan tantos accidentes en la ciudad, por la cantidad de gente que hay.
-Hace un año, se murió el profe de probabilidad y estadística aquí en la escuela. Le dio un infarto creo… ya estaba viejito, pero igual-
-Ya, pero hasta eso tiene una explicación lógica, sólo me parece…-
-Mira, Gabriel era un altanero que se le ponía a cualquiera, si lo quisieron asaltar y él se opuso pues… y lo de Karla, bueno, ella era una conductora bastante imprudente. ¿Te conté de la vez que nos multaron porque ella iba pisteando? Tuve que pagar mordida para que no nos quitaran su carro. Entonces… bueno, no estoy diciendo que se lo merecían, digo que por sus… personalidades estaban más propensos a… Como la diabetes que empeora muchas enfermedades-
Tenía sentido lo que dijo en ese momento, por eso no le discutí pero igual algo me sabía raro. No sé por qué. Quizás era el hecho de que ese tipo de “accidentes” en mi Ciudad Rosario no eran tan comunes. O bueno sí, pero nunca le pasaron a alguien tan cercano…
2/ Febrero
Querido diario:
Han sido días bien perturbadores y no sólo por los proyectos bimestrales. Creo que la palabra que mejor describiría esto sería: ASESINO SERIAL. No creo, estoy segura de que alguien detrás de todo esto, ¡Porque es demasiada coincidencia!
Ayer hubo un accidente en la escuela. Alguien se tiró de la azotea. Pero no alguien cualquiera, no uno del grupo de emos que dicen que se cortan para aliviar su dolor emocional. Alguien que jamás mostró síntomas de depresión, o ideación suicida. Alguien que…
Se llamaba Braulio. Iba conmigo en casi todas mis clases. Hablé muy poco con él, en realidad fue él quién me tiró el cigarro encendido aquel primer día. No se juntaba con los amigos de Hugo, pero sí parecía tener una relación con una tal Jaqueline, que ella sí es parte de ese grupo. Lo vi en el funeral de Gabriel, me lo topaba en el pasillo y en el salón de clases, no siempre me decía algo ofensivo: Si estaba con su novia, o sus amigos, sí me ofendía. Si estaba solo no.
Se tiró, en una hora libre que teníamos. Yo salía del salón de biología directo a la cafetería porque ahí era donde vería a Hugo para almorzar cuando escuché el grito. Un “Ah!” espantoso, como si su voz estuviera desgarrando el viento. Y luego el choque: Su cuerpo estalló como si aplastaran un sobrecito de cátsup.
Pero no fue todo eso. O sea obvio se hizo un desmadre, nos mandaron a todos a nuestras casas, vino una ambulancia, la policía, SEMEFO, algunos de la fiscalía estuvieron entrevistando a los testigos. Yo no estaba tan cerca como para que mi testimonio pudiera importar, de todas maneras lo único que hubiera podido aportar era el horror de su grito.
Y hoy, hace rato… -te estoy escribiendo en la tarde, a las 4:39 pm, esto que te digo pasó a las dos, poco antes de que se acabara la jornada de la escuela- llegó la policía y se llevaron detenida a Jaqueline, la novia.
“Dicen” que no fue un suicidio sino un homicidio, que Jaqueline lo mató porque la engañó. Otros “dicen” que en realidad iba a ser un suicidio doble pero Jaqueline a la mera hora se echó para atrás. Hugo cree que Jaqueline mató a Braulio pero no por celos sino por dinero. Jaqueline es más rica que él, y dice Hugo que Braulio le pedía mucho dinero a su novia. Yo no sé nada. Hugo tuvo que ir a la fiscalía a declarar, quiso que lo acompañara pero como los dos somos menores de edad él fue con su mamá y a mí me daba pena estar ahí.
Hugo dijo que les preguntó a los de la fiscalía que con qué cargos habían detenido a Jaqueline pero no le contaron nada.
Yo no sé nada, lo único que me sigue haciendo ruido es lo… exageradamente frecuente de estos “accidentes”. ¿Y si no son accidentes, y si hay alguien que está causándolos?... podría ser. ¿Oigo muchos podcast de true crime? También. La cosa es que ellos tenían muchos enemigos por ser bullys, entonces…
7/ Feb
Querido diario:
¡Estoy muy enojadAAAAAAAAAA!
Lo peor de todo es que Luisa no podrá atenderme esta semana porque tiene “emergencias familiares” entonces me recomendó que todo lo anotara aquí para la siguiente sesión hablarlo. Pues aquí va.
Primero pinche gente chismosa. En verdad que yo creía que la gente de las grandes ciudades tendrían cosas más importantes qué hacer que andar divulgando MENTIRAS. PURAS PINCHES Y VILES MENTIRAS.
Y esto no me lo contó Hugo, me lo contó Alonso. Estoy tan ENCABRONADA.
Resulta que se divulgó el rumor de que YO tenía que ver con todas las “trágicas muertes” de ese grupo de amigos. Porque después de tanto tiempo de su reinado de terror, nomás llegué YO, provinciana seguramente con nexos con el narco, y todo el mundo se murió. No mames.
Sabía que había algo raro porque apenas crucé la entrada todo el mundo se me quedó viendo. Incluso un par de personas que me habían ignorado el primer día cuando les pedí indicaciones se acercaron para disculparse. Incluso en las clases los que solían verme feo o decirme cosas dejaron de hacerlo, es más hasta me ignoraron. Algunos incluso fueron AMABLES. Cuando le pregunté a Tania si sabía qué pasaba ella sólo se encogió de hombros y dijo que ella no notaba nada raro. No sé si me mintió para hacerme sentir mejor o de verdad no se había dado cuenta. Le escribí a Hugo para ver si él sabía algo pero me dijo lo mismo que Tania.
Fue Alonso, cuando salimos de matemáticas y fuimos a la cafetería, que me contó todo. Me dijo que alguien le dijo que, como era mi amigo, tuviera cuidado conmigo porque yo era “protegida” de uno de los “grandes”. Cuando Alonso preguntó que a qué se refería con “grandes”, aquella persona anónima le dijo “narco grande, de los que manejan la plaza de aquí”.
Alonso no lo creyó, por supuesto, pero mientras desayunábamos me preguntó como quién no quiere la cosa:
-Pero no es cierto, ¿Verdad que no?-
-No manches, ¡Claro que no! Que venga de un pueblo del sur no quiere decir que conozco narcos y mucho menos que soy su amiga o algo así-
-Ah bueno, o sea, eso creí, nomás para confirmarlo-
No podía creerlo. Pero por más que estuviera enfadada por esos rumores, sentí un poco de ¿Alivio? De saber que no era la única que creía que tanta muerte tan frecuente no era normal. Digo, pese a que ninguna de las familias quiso extender la investigación o iniciar un escándalo, mis compañeros y yo sospechábamos que había algo detrás.
-¿Tú crees que esos accidentes hayan sido orquestados?- le pregunté a Alonso. Él masticó su torta, pensativo y después de tragar dijo:
-No sé. Si sí fueron organizados habría sido una gran organización, ¿No? Y si fueron accidentes… Buah, qué suerte-
9/ Feb
Querido diario:
Es viernes 9 de febrero. Hoy pasaron tres cosas que me estresaron un buen. Vamos por orden:
-El profe de química no aceptó la conclusión de mi proyecto porque dijo que no estaba con el formato que él solicitó (Con arial, yo la entregué con times new roman, que mi trabajo era de 7 páginas y el límite era de 5) Dijo que se lo mandara hoy en la noche por correo pero que me iba a valer la mitad. LA MITAD. Lo peor de todo es que yo no sabía nada de esos parámetros, jamás me los dijo y mis compañeros no me lo dijeron. Perros todos.
-Alonso intentó besarme. Bueno, no lo intentó, realmente lo hizo. Pero fueron apenas segundos porque lo empujé. Fue todo tan… bizarro. Yo de verdad creía que él quería ser mi amigo, a él le gustaba tener amigos, eso siempre dijo. Nunca me trató de forma especial ni me insinuó nada. Nos encontramos en el pasillo cuando yo salía para mi hora libre. Me alcanzó, platicamos un poco y de la nada dejó caer su cara en la mía, aplastó mis labios con los suyos, chocó su nariz con la mía. La adrenalina de la sorpresa me hizo actuar rápido y lo empujé. LUEGO SE ACERCÓ HUGO, QUE LO VIO TODO.
-Hugo hizo un cagadero. Le dijo de cosas a Alonso, el pobre güey no pudo escapar. Hugo lo regañó bien machín, casi casi que lo tachó de agresor sexual. Cuando le dije que estaba bien, que no era para tanto, se ENOJÓ CONMIGO. Dijo que por qué lo defendía, que si me gustaba debía haberle dicho antes de…
-¿Antes de qué?- le pregunté, genuinamente curiosa por su respuesta. Él estaba tan ofendido, casi que… ¿Celoso?
-Antes de nada- dijo y se fue.
Escribo esto a las seis de la tarde, en mi casa. Le escribí a Hugo desde el medio día y no me ha contestado. ¿Se habrá ofendido?
13/Feb
Querido diario:
Creo que Hugo es el asesino. Creo que él está detrás de todos los “accidentes” de sus amigos. Y te voy a contar por qué, quizás este diario sirva como alguna evidencia en la corte si es que se llega a hacer juicio.
Fue un día extraño. No vi a Tania ni a Alonso en todo el día. La gente seguía mirándome como con recelo pero al menos me dejaron en paz. Entregué mis tareas, participé en clases y comí mi desayuno. Hasta ahí supongo que era mi rutina normal, pero igual me sentía incómoda por lo que me había dicho Hugo sobre que habláramos en la escuela.
Pensé que me iba a mandar alv. Pensé que ya no querría ser mi amigo y la sola idea de que eso pasara me destruía el corazón aunque, ¿Qué sentía yo por él? Claro, era muy guapo y agradable, ¿Pero me gustaba a un nivel serio, romántico? Siempre he necesitado tener algo concreto con alguien, conocerle más, tener una dinámica de amigos primero, algo profundo para sentir que me enamoro de verdad, ¿Hugo era un buen candidato? Yo creía que sí, aunque nunca antes me lo había preguntado. Ahora podía verlo con claridad: Si Hugo quería darnos la oportunidad de conocernos, de salir en buena onda, entonces era bastante probable que pudiera enamorarme de él. ¿Pero él estaba enamorado de mí? Ya no podía confiar en mi percepción porque lo mismo había pensado de Alonso y mira lo que pasó…
ENTONCES me encontré a Hugo por el pasillo cuando yo iba a mi hora libre y él, no sé, creo que se saltó su clase. Me habló y me dijo que nos sentáramos en alguna de las jardineras del patio principal. Ahí fuimos.
Dijo:
-No te estaba ignorando, es que necesitaba… pensar en qué decirte-
-¿Decirme qué?-
-Exacto-
Yo me senté, viendo cómo todo el mundo que pasaba caminando por ahí nos lanzaba miradas nada discretas. Hugo se quedó de pie, caminando de un lado a otro, luego se quedó estático, medio ladeándose y dijo.
-Sarahí, lo he pensado mucho y quiero decirte las cosas lo más claras posibles, ¿Va?-
-A ver-
-Me gustas mucho, ¿Si? Más que como amiga. Me gustaría que fueras mi novia, pero con lo de ese pendejo me di cuenta de que no… no sabía qué era lo que pensabas o sentías tú. Digo, sé que nunca te insinué nada, y tú tampoco a mí, pero… bueno, quería decírtelo, en caso de que… requieras pensarlo…-
-Vaya, sí me tomas por sorpresa-
-¿De veras? Siempre pensé que estaba siendo muy obvio-
-Te voy a decir la verdad: Lo cierto es que, el poco o mucho tiempo que hemos convivido me has llegado a agradar bastante. Creo que… bueno, nunca te lo conté, pero para que yo sienta algún tipo de atracción de ese tipo necesito tener ya una relación estable, no sé cómo explicarlo pero… vamos por buen camino, creo-
-¿Crees?-
-Sí. Quizás necesite un poco más de tiempo para darme la oportunidad de sentir lo mismo que tú, pero si me lo das…-
-Eso es más de lo que esperaba. ¿Podemos empezar con mañana, una cita…? Me portaré bien- prometió. Y yo acepté.
Ahora bien, nada de esto es indicio suficiente como para sospechar de él, ¿No? Pues la cosa es que me quedé tarde en la escuela. Todavía tenía que trabajar en algunos proyectos, como el de lectura y redacción que era en equipo y mis compañeros sólo podían después de las clases y como era un trabajo a mano no podíamos hacerlo por internet. Entonces me quedé en la biblioteca para esperarlos, y una vez que llegaron tardamos más de lo que imaginé, porque Gloria y Pepe no se decidían en los colores de las letras, luego Nacho no llevó las fotos impresas y tuvimos que buscarlas ahí e imprimirlas y pues un caos en general.
Total que salí como a las cuatro. Me moría de hambre. La escuela estaba casi totalmente vacía, la cafetería ya estaba cerrada obviamente así que pensé en comprarme algo en el camino a mi casa cuando, mientras salía por el estacionamiento, el ruido fue lo primero que escuché. No eran gritos de auxilio, era más bien un ruido mecánico, algo agudo. De no ser por aquel brillo rojizo de los rizos que se escapaban por debajo de la gorra que pude más o menos darme una idea de lo que estaba pasando: Había alguien ponchando las llantas de la bicicleta de Alonso. No era alguien cualquiera, era Hugo. Él no me vio, y yo no me detuve a decirle nada, sólo seguí mi camino pero el corazón me latía con fuerza en el pecho.
Cuando llegué lo primero que hice fue llamarle a Tania. No le mandé mensaje, sólo le llamé. Sonaron los timbrazos reglamentarios y no hubo respuesta. Al segundo intento sí me contestó.
Le dije toda asustada:
-Oye, ¿Te puedo contar algo que acabo de ver? Pero necesito que me prometas que no le dirás a nadie-
-¿Qué pasó?-
-Promételo-
-Te lo prometo, Sarahí. ¿Qué viste?-
Le conté todo: Le conté que vi a Hugo poncharle las llantas a la bicicleta de Alonso, seguramente por lo sucedido el viernes. Le conté que Hugo me había invitado a una cita, que me confesó que quería que fuera su novia. Le conté que sus amigos que murieron en accidentes habían sido groseros conmigo. ¿Y sabes qué me dijo ella?
Dijo:
-A lo mejor es una coincidencia-
UNA COINCIDENCIA. No quise discutirle más, la verdad. Estaba tan enojada por su respuesta que decidí que no valía la pena extenderme. Le dije que sí, que a lo mejor estaba pensando mal. Cuando ella quiso hacerme preguntas sobre lo de Hugo, porque parecía más curiosa en ese tema que en lo demás, le dije que tenía que salir, que después le llamaba.
Pensé que nadie me iba a creer. Digo, o sea a lo mejor era cierto que estaba exagerando, que ver a Hugo hacerle una travesura a Alonso no significaba nada. ¿Pero y si sí? ¿Y si esto que sentía no eran nervios sino intuición? Hugo se iba a ofender mucho si él se enteraba que empezaba a sospechar de él, sabía la ofensa grande que es que te acusen de algo tan feo –porque los rumores de que yo era pariente de un narco sí me dolieron-, por eso no le iba a decir nada.
Iba a seguir como si nada, pero tendría cuidado.
Mañana es san valentín. Mañana quedamos de tener nuestra primera cita. No sé qué vaya a pasar, lo único que sé que es voy a dejar constancia de todo esto:
CREO que Hugo es el asesino.
30/Marzo
Querido diario:
Ha pasado un tiempo desde que escribí. Todavía me duele el cuerpo de aquella noche pero al menos ya mañana vuelvo a casa. Ahora te escribo desde el hospital. Casi me muero. No, no casi me muero, casi me asesinan.
Te voy a contar la historia:
Resulta y resalta que Hugo de verdad era el asesino. No me equivoqué en eso. Lo que sí me equivoqué fue en todo lo demás, y casi me matan por ello.
Te escribí el 13 de febrero la última vez y te conté cómo vi que Hugo le ponchaba las llantas de la bici a Alonso. Resulta que Alonso NO llegó a su casa ese día, desapareció. Los videos de la escuela demuestran que él sale del estacionamiento con su bicicleta a cuestas y se va por la calle. A partir de ahí nadie supo más. Algunos dicen que lo asaltaron para robarle la bici, otros que lo levantó el narco o la policía –a saber, son la misma mierda-, algunos dicen que se escapó. Nadie supo nada, y hasta el momento sigue desaparecido. Lo único que se sabía era que alguien le había fastidiado las llantas y por eso no pudo volver a su casa como era usual.
Eso hizo que sólo mis sospechas de Hugo aumentaran, por lo que le dije a Tania y a mi papá que iría a cenar con él y que estuvieran alerta. Mi papá preguntó, preocupado:
-Si te da miedo salir con él, no vayas-
-No es que me dé miedo, es que… tengo dudas-
-Sarahí, mira, sé que estás a unos meses de cumplir dieciocho años, ya eres prácticamente una adulta, pero no tienes por qué hacer cosas de adultos si no quieres. Es más, te diría que esperar es siempre la mejor…-
Omg mi papá estaba hablando de sexo. A mí.
-No papá, no lo digo por eso… No quiero contarte porque te vas a espantar y no se trata de eso. Sólo te pido que estés al pendiente del teléfono y si no me pongo en contacto contigo en una hora, llama a la policía y mándalos a la dirección que te mandaré-
A Tania no le dije que llamara a la policía, ni que tenía miedo, le dije que le iba a contar en vivo y con detalles por si quería escucharme. Ella contestó que obvio quería saber.
Hugo me recogió en casa. Dijo que me veía muy bonita y no intentó besarme ni nada. Me subí a su auto y luego me llevó a un hotel elegante pero casi a las afueras de la ciudad. Apenas bajamos le mandé la dirección a mi papá y a Tania con toda la discreción posible. Le dije:
-Qué romántico, un hotel para una cita-
-No me malinterpretes, aquí tienen al mejor restaurante del mundo. De verdad es buenísimo. Te va a gustar-
Pese a que era un hotel “bueno”, había poca gente, incluso cuando estaba cerca de la salida de la ciudad y era día “festivo”. Quise no ser mal pensada porque bueno, igual había meseros, cocineros, hostess y algunos pocos clientes. En cualquier caso no estaba tan sola.
Hugo fue un caballero: Desde el inicio me abrió la puerta de su coche para entrar y salir. Me ayudó a salir de él incluso. Me guió hasta nuestra mesa, donde había ya una flor blanca. Se parecía mucho a las…
-Los crisantemos significan deseos de salud y longevidad- dijo él, con la voz ronca.
Fue encantador. Su conversación fue dinámica, en ningún momento me aburrió ni me abrumó con halagos exagerados. Sus ademanes fueron educados y además me dejó elegir qué quería de cenar.
-Aunque déjame recomendarte tres platillos antes: Está el corte argentino con papas asadas, la lasagna de champiñones y crema dulce, y la ensalada de la casa que no creas que sólo es un bol con lechuga y zanahoria rayada sino que es una ensalada de verdad, con pasta y todo.-
Casi que por su dulzura hubiera sido fácil para mí y cualquier otra persona enamorarse de él. Casi sentía que me estaba enamorando de él, pero esa parte de mi cabeza, la paranoica y alerta, me decía que tenía que ser sensata y prestar atención a los detalles.
Para este entonces ya sabía que Alonso había sido reportado como desaparecido, entonces tenía que iniciar la conversación así, en medio de la comida y con su nombre por delante para ver su más genuina reacción. Le dije:
-Mi amigo Alonso fue reportado como desaparecido esta mañana-
Él dejó de comer por un segundo pero luego siguió como si nada.
-Me enteré-
Masticó, tragó, le bebió a su agua y me miró:
-¿Estás triste por ello?-
-Estoy confundida porque la tarde de ayer te vi ponchándole las llantas a su bicicleta-
Ahora sí lo agarré en curva, porque su cara dejó de estar sonriente y se puso seria. Un brillo de pánico ¿Y tristeza? ¿Lástima? Le cruzó por los ojos.
-Oh, ¿De veras?-
-Sí, de veras-
-¿Y cómo supiste que era yo? ¿Por qué no me hablaste?-
-Por tu cabello… No quería interrumpirte, además me moría de hambre-
Hugo no dijo nada pero volvió a sonreír, aunque ahora parecía más fingida que nada. En vez de responder buscó con la mirada a un mesero y algo le dijo con señas.
-Pedí un vino, para celebrar-
-¿Celebrar qué? ¿Que Alonso está desaparecido, probablemente muerto?-
-No probablemente, lo está-
Lo dijo tan casual, tan sincero, tan impersonal que dudé si realmente lo había dicho en verdad. Él me devolvió la mirada, cálido. Las alarmas rojas se encendieron en mi cabeza así que hice ademán de levantarme y huir de ahí pero cuando quise recargar mi peso en las rodillas fue como si éstas estuvieran hechas de gelatina. Sentí mis pies y brazos como bultos, incluso la cara se me empezó a dormir, desde la frente hasta la boca.
-No te molestes, Sarahí. Puse un polvito mágico en tu comida para evitar discusiones acaloradas… No me gustaría arruinar mi reputación en este restaurante que tanto me gusta-
Moví los ojos en todas las direcciones, asustada. Era como estar sedada a la mitad. Alguna vez me habían sedado por una cirugía menor, fue algo local, y esta vez se sentía similar pero de forma un poco más marcada. Todavía podía respirar, quizás podía mover los dedos o los pies, pero no de una forma normal. Parecía más bien como si estuviera…
El mesero se acercó con una botella de vino sin abrir y dos copas. Hugo negó con la cabeza.
-Perdone, siempre no. Creo que mi amiga ya bebió de más…-
El mesero apenas me dirigió una mirada rápida, fría, indiferente, asintió y desapareció por el pasillo. Hugo sonrió, mostrándome todos sus dientes.
-¿Qué dices? ¿Nos vamos?-
Fue toda una experiencia de película de terror. Si me lo preguntas, tuve mucha suerte de que mi papá estuviera alerta, que realmente tomara mis palabras en serio y no como cualquier otra emergencia de sexo adolescente.
Todo para mí fue como una experiencia extra-sensorial. Estaba viendo el final de un thriller pero ahora mi vida era la que corría peligro.
Hugo me levantó y me condujo por el pasillo, -después de pagar y dejar una generosa propina, además-, como no me arrastró ni nada, porque yo podía moverme sola aunque fuera de manera lenta, nadie sospechó que me estuviera llevando en contra de mi voluntad, aunque ahora que lo pienso creo que posiblemente sobornó a los pocos trabajadores que había en el lugar, por eso había pocos.
Entramos al elevador y subimos hasta el 5to piso –eran 7 en total-. Caminamos hasta el cuarto del fondo, la habitación más amplia. Durante todo el camino no dijo nada, sólo tarareó y yo estaba horrorizada porque imaginé que abusaría de mí y probablemente me mataría porque sabía que yo era testigo clave de la desaparición de Alonso y porque seguramente yo era el eslabón suelto que lo unía con las muertes de Gabriel, Karla y Braulio, más el culpabilizar a Jaqueline.
Me iba a morir. Me iba a morir en un hotel, me iba a violar y seguramente me iba a torturar. Mi papá se quedaría solo, no podía dejarlo solo, mi muerte lo terminaría por matar, mamá ayúdame por favor recé.
Quizás no era tan religiosa pero creía en mi madre, incluso después de su muerte seguía creyendo en ella.
Hugo no me llevó a la cama sino que me sentó en una silla y me ató de muñecas y tobillos. Él se quitó el saco y luego se acercó a mí. Con suavidad levantó la falda de mi vestido y me tocó la pierna envuelta en medias negras. Me sonrió:
-Es una lástima, Sarahí, porque no te mentí cuando dije que me gustabas-
-N-no- le dije, llorando.
Él limpió mis lágrimas y de su bolsillo sacó una navaja discreta y me la encajó a la altura media del muslo.
Sentí la piel abrirse, la sangre brotar, el músculo desgarrarse. El dolor me recorrió por todo el cuerpo, solté un aullido tan bajo que seguramente nadie en el piso me oyó. El corazón comenzó a latirme en la garganta, el aire me faltaba. Ahí dejó clavada la navaja.
-Sólo era para saber si el polvito mágico había servido bien, no comiste mucho de la ensalada con pasta…-
Él tomó otra silla y se sentó frente a mí.
-¿Quieres saber la historia? Para que entiendas por qué te va a pasar lo que te va a pasar-
Asentí. Con debilidad levanté los ojos y vi que en el reloj electrónico marcaban las diez y media. Ya casi pasaba una hora desde que me comuniqué con mi papá. ¿Llamaría a la policía? ¿Tania se inquietaría porque le dejé de contestar? ¿Haría algo? ¿Intentaría llamarme?
El dolor era ardiente, tenía la cara húmeda por las lágrimas.
-Bueno, mira, primero que nada quiero que sepas que no es personal: O sea, no te vi por ahí y te elegí para esto. Simplemente tú llegaste a mi vida y me pareciste genial… Lo de mis amigos… Bah, fue una desgracia, pero tampoco fue personal… ¿Sabes? Yo tengo esto que mucha gente dice “instinto”. Tengo casi un sexto sentido, puedo percibir cuando alguien es peligroso y malvado, entonces… por mucho tiempo lo ignoré, porque bueno, no soy dios ni batman, ¿Pero y si sí lo fuera…? Gabriel, Karla, Braulio, Jaqueline… Ellos se salieron con la suya de muchas cosas terribles. No te dije toda la historia pero Karla atropelló a un viejito aquella noche en que condujo ebria y yo tuve que pagarle al poli que nos vio para que nos dejara ir… Gabriel tenía un hijo al que nunca iba a reconocer porque violó a la trabajadora de su casa… y Braulio… Braulio y Jaqueline hacían dinero estafando gente pobre…. ¿Verdad que tú también harías lo mismo? ¿Castigar a los malvados? ¿No es eso lo que Dios querría de nosotros?... No soy religioso, de hecho no creo en nada. Pero para mí esta lógica tenía sentido… Lo de Alonso… Ufff, lo de Alonso fue más bien improvisado, ¿Eh? Y no tenía nada personal contra él, digo, probablemente tenía algo escondido debajo de su alfombra, como todos tenemos cola que nos pisen… Pero me emputó tanto que te agrediera de esa manera… Sé que tú no iniciaste nada, Sarahí. Estar en el espectro asexual te da esta cierta inmunidad a participar en este juego de ligue casual, él lo sabía y aun así te besó sin tu consentimiento… Claro que también hubo algo de celos, pero más que nada era la acción tan brutal… Alonso mide…medía 1.80, y tú apenas llegas al 1.60, no me pareció justo… Tuve que hacer lo que hice… Y bueno, si no me hubieras visto, ¿Habrías sospechado de mí, Sarahí? ¿Alguna vez te di las vibras de un loco asesino serial? Responde sí o no con la cabeza-
Negué con la cabeza. Él exhaló.
-Qué bueno. Porque aunque no me lo creas, me esfuerzo mucho en ser amable. Soy guapo, rico y muy listo, también debo ser amable, cortés, un caballero, ¿No he sido un caballero esta noche, Sarahí? Ni siquiera te dije lo increíblemente deliciosa que te ves con ese vestido negro entallado. Deberías usar ropa más ajustada, tienes una gran figura… pero no es el punto. ¿Ves lo que quiero decir? ¿Me entiendes?-
Asentí.
-Lamento que esto tenga que acabar así. Como te dije, realmente me gustas, pero no puedo dejar a un testigo, lo sabes-
Entonces él se levantó de la silla y se adentró en la habitación. Volví a mirar el reloj y ya había pasado la hora. Sentía mi celular vibrar en mi bolsillo pero no podía atenderlo. Aunque no pudiera salvarme quería despedirme de mi papá.
Estuvo un buen rato buscando algo, yendo y viniendo, revisando hasta entre los cojines del sillón amplio y gris pero no encontró lo que buscaba.
-Puta madre- dijo y luego sacó su teléfono y marcó a un número:- Espera, no tardo- me dijo y salió del cuarto.
Sólo alcancé a escuchar un:
-¿Dónde chingadas madres dejaron mi maletín? ¡Les dije específicamente que lo quería en el cuarto 507A para las diez de la noche! ¡Son las once! ¡Qué pedo, tráiganmelo pero en fa!-
Mientras él seguía gritoneándole a quién fuera aquel pobre diablo, poco a poco noté que el dolor de mi muslo se deslizaba a otras partes pero que este dolor había servido para despertar mi cuerpo, el efecto del sedante estaba pasando. Forcejeé un poco con el amarre y vi que me había atado con agujetas delgadas y largas, así que deshice el nudo a punta de fricción de mis muñecas. Cuando se hubo aflojado tiré con mis dedos un extremo de la agujeta y solito se deshizo.
El problema de Hugo era lo terriblemente condescendiente que su personalidad, consciente o inconsciente, se conducía.
Todavía con los brazos sintiéndolos flojos como gelatina me esforcé para sacar mi teléfono y llamar a mi papá. Él me contestó en el primer timbrazo.
-¿Dónde estás? ¿Por qué no me contestas? Dijiste que te marcara en una hora y…-
-Papá por favor manda a la policía, estoy secuestrada…-
-¡¿Qué?! ¡¿Dónde estás?!-
-¡Te mandé la dirección ven por mí rápido!-
Y colgué por miedo a que me escuchara.
Luego me doblé y deshice los nudos que me tenían atada a los tobillos. Apenas lo estaba logrando cuando Hugo volvió a entrar, todo frustrado pero ya con el maletín.
-Disculpa por dejarte esperando. No puede ser que de verdad no estén a la altura de lo que explícitamente les pedí y hasta pagué por adelantado-
Se detuvo en el sillón frente a mí y se dejó caer, exhausto.
-Debes saber, Sarahí, esto no es fácil: Requiere de mucha planificación, mucho tiempo, mucho dinero, mucha preparación. Debes ser listo, hacer planes y además convencer a los presentes que participen o que se callen a la verga-
Exhaló, luego se paró y fue directo al mini-bar del cuarto. Abrió una botellita de whisky y me dijo:
-Te ofrecería pero creo que no se debe mezclar alcohol con sedantes, es por tu bien-
Se bebió todo de un trago y luego volvió a su silla, cerca de mí. Me dijo con los ojos brillando:
-Bien, creo que te puedes hacer una idea de cómo hice lo que les hice a Gabriel y a Karla, pero lo de Braulio fue por mucho más interesante: Para esto, como compartía clase con Jaqueline, clase de biología, le pedí al salir que me prestara su teléfono para enviar algo. Ella me lo prestó sin chistar, es curioso lo que puedes conseguir de las mujeres cuando ellas te creen atractivo y caballeroso… En fin. Programé un mensaje para Braulio pidiéndole encontrarnos en la azotea de la escuela y el muy baboso fue, sin cuestionar nada. Una vez arriba lo embosqué y luego lo lancé al vacío. Detuvieron a Jaqueline precisamente por aquel mensaje y porque cuando me entrevistaron dije que los había visto a ellos dos pelear en las escaleras, fue tan fácil convencerlos, tan fácil que me pareció aburrido…-
Se rió entre dientes, todo malvado. Yo sabía que tenía que actuar ya, pero no sabía cómo ni qué hacer. Esperaba un momento en que se distrajera, fuera al baño o algo para escapar pero él no parecía tener en mente el dejarme sola ni un minuto.
Entonces abrió el maletín y de ahí sacó una pistola pequeña. Me apuntó al pecho.
-Otra vez me disculpo, Sarahí, porque luego de matarte voy a tener que deshacerme de tu cuerpo y como renté esta habitación bajo otro nombre, y compré al de seguridad para que borrara los videos “por accidente” en cuanto me vaya de aquí, nadie sabrá que fui yo… Sé que no tienes amigos en la escuela, y créeme, lo del rumor de tus nexos con el narco fui yo el que los esparció, entonces… sí, bueno, perdón, quizás en otra vida…-
Dispara. Yo me muevo lo más ágilmente posible pero no lo suficientemente rápido, porque aunque la bala no llega a mi corazón sí a mi brazo izquierdo. Caigo de costado, grito de dolor pero ahora sí es un grito potente, agudo, claro: ¡FUEGO!
¿Por qué grité fuego?
En alguna ocasión mi mamá me dijo que si en la calle o algo así estuviera en peligro tenía que gritar fuego, así la gente se acercaría. Si pedía ayuda explícitamente la gente por miedo a enfrentarse con alguien armado me ignoraría.
Hugo se quedó estático cuando me vio moverme. Por un segundo actué más rápido que él, me quité la navaja de la pierna y con toda la fuerza no se la clavé sino que le corté el músculo del tobillo que tuve más cerca. Él gritó de dolor, la sangre brotó y me volvió a disparar, pero yo rodé. Si no fuera por el impacto de la herida, él me habría apuntado bien.
Hugo se agachó para intentar detenerse la hemorragia con una mano y con la otra, temblorosa, me seguía apuntando.
Me arrastré hasta el mini-bar y saqué unas botellas que le lancé. Hugo esquivó algunas pero otras sí lo impactaron. Él disparó dos veces más pero me escondí debajo de la barra.
-¡No hagas esto más difícil, Sarahí!-
Ideé un plan con lo poco que tenía: Le lanzaría las últimas 2 botellas con un brazo, con el fin de distraerlo, y luego le lanzaría 1 botella rota para asustarlo, y así podría huir. ¿Era un plan improbable? Sí, pero ya estaba ahí. La pierna me dolía horrores pero al menos ya no sangraba. El brazo lo sentía húmedo y sabía que tenía de la mitad del brazo hasta la muñeca cubierta por hilos de sangre. Estaba llorando porque me sorbía los mocos, sólo así me di cuenta.
Escuché que Hugo se aproximó unos pasos, entonces sin pararme de mi lugar le aventé una botella, a la que él le disparó. Luego la otra, y sin esperar me asomé y le arrojé la rota, que le cayó en la cara.
Gritó de dolor, empezó a brotarle sangre de la frente y la nariz. Él se llevó ambas manos para quitarse los restos del cristal y aproveché para escapar.
Cojeé hasta la puerta, la abrí y luego salí corriendo por el pasillo. Vi al fondo el elevador que se abría y de ahí salía mi papá y algunos policías, por un segundo creí que estaba salvada cuando lo escuché:
Un balazo. Dos balazos. Tres balazos.
El dolor fue algo como nunca he sentido y espero nunca sentir: La piel abriéndose, el fuego entrando en mí, estallando algo por dentro. Di dos pasos más y me desplomé en el suelo. Perdí el conocimiento en cosa de segundos, sentía que me ahogaba con mi sangre, que mis pulmones no jalaban ya aire, toda mi caja torácica ardía en un fuego infernal.
Desperté yo en el hospital 7 días después: El diagnóstico fue un pulmón colapsado, -el derecho-por el primer balazo, fractura de costillas, me quitaron la vesícula por el segundo balazo, el tercer balazo casi le da a mi espina dorsal, estuve a muy poco de perder la movilidad total. Sobreviví porque mi papá muy inteligentemente pidió una ambulancia junto con la policía, así que no perdimos tiempo en esperar. Llegué tan grave al hospital que me indujeron el coma por dos días, en lo que mis órganos y el resto de mi cuerpo perdía hinchamiento. Me hicieron cirugía tras cirugía, en total fueron 3.
Cuando ingresé al hospital mi papá pidió permiso para ausentarse porque no tenía quién más pudiera cuidarme; algunos de mis tíos y tías, primos y primas viajaron para hacer guardias algunos días.
No supe de Hugo recién desperté porque mi papá no quería perturbarme, pero después lo vi en las noticias en internet: A Hugo no lo mataron. Una creería que cuando vieron dispararme le habrían disparado, ¿No? Pues no, porque resulta que su papá es medio dueño del hotel en donde estábamos.
Lo detuvieron y la fiscalía –y mi papá- lo acusaron de feminicidio en grado de tentativa, además de imputarle los cargos de la desaparición forzada de Alonso Guevara –y esto fue por un “tip” anónimo que recibió la fiscalía, sospecho que fue Tania quién les comentó lo que le dije cuando se enteró de lo que Hugo me hizo-; todavía para este momento no se ha llevado a cabo el juicio, y lleva el proceso en libertad porque sus abogados le concedieron un amparo. Parecía que Hugo estaba preparado para todo, incluso se planteó la posibilidad de que yo sobreviviera y lo acusara.
No sé qué va a pasar, mi vida ha cambiado totalmente: He perdido este último semestre de la prepa. Dice mi papá que sólo debo preocuparme por reponerme. Voy a tener que usar silla de ruedas por un tiempo, y debo tomar un chingo de medicamentos que me marean o me noquean. Todavía me duele mi cuerpo, y siento miedo, a veces tengo pesadillas de que Hugo se infiltra en el hospital y me mata, y me despierto gritando o llorando, pero dice mi papá que él confía que la justicia reinará.
Por mientras mi papá ha considerado la posibilidad de volver a nuestra ciudad porque allá tendrá más gente que me cuide sin él descuidar su trabajo. Yo creo que es una buena idea.
Sobre el cuento:
Pocas veces me atrevo a escribir de forma epistolar porque me parece que tienes que tener una interesante y sólida historia para que el formato pegue o corres el riesgo de quedar flop.
Por mucho que la idea de que tu pareja/tu ligue/tu crush te defienda con tanta violencia me resulte excitante no voy a negar que si una persona es violenta con el mundo es bastante probable que sea violenta contigo también, porque entre la brújula moral y los sentimientos hay una fina línea.