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Cuando el corazón ya está cansado

seavienbyyeni
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Hay un momento en el que el corazón simplemente se cansa.

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Contenido de la publicación

Hay un momento en el que el corazón simplemente se cansa.

No necesariamente porque haya dejado de amar.

No porque de un día para otro deje de importarle esa persona.

Ni siquiera porque todo lo vivido se haya vuelto insignificante.

Simplemente se cansa.

Se cansa de esperar.

De entender.

De perdonar.

De intentar encontrar explicaciones para cosas que, en el fondo, ya sabe que duelen.

Yo creo que durante mucho tiempo confundí mi capacidad de aguantar con mi capacidad de amar.

Pensaba que mientras todavía quisiera a alguien, tenía que seguir intentando.

Que si todavía existía cariño, entonces debía quedarme.

Que marcharme significaba rendirme.

Y por eso me quedé más veces de las que debería.

Me quedé después de sentirme decepcionada.

Después de conversaciones que prometían cambios que nunca llegaban.

Después de momentos en los que tuve que fingir que algo no me dolía para no convertirlo en un problema.

Me quedé porque todavía quería.

Y quizá nadie entiende lo agotador que es querer a alguien mientras una parte de ti está constantemente intentando convencerse de que las cosas van a mejorar.

Hasta que un día ya no pude más.

Y fue extraño, porque no hubo una gran pelea.

No hubo un momento exacto en el que dejara de sentir.

Simplemente me di cuenta de que ya no tenía fuerzas para seguir intentando que algo funcionara.

Ya no quería explicar por qué me dolía.

Ya no quería pedir lo mismo.

Ya no quería esperar una versión diferente de alguien.

Ya no quería preguntarme todos los días si esta vez sería distinto.

Mi corazón estaba cansado.

Y cuando el corazón está cansado, incluso aquello que antes te hacía ilusión comienza a sentirse pesado.

Responder.

Esperar.

Preguntar.

Intentar.

Volver a empezar.

Todo cuesta más.

Y ahí entendí algo que antes no quería aceptar:

a veces no nos vamos porque dejamos de querer; nos vamos porque seguir queriendo de esa manera nos está agotando.

Yo todavía podía tener sentimientos y aun así necesitar distancia.

Podía extrañarte y no buscarte.

Podía recordar lo bonito y reconocer que también hubo cosas que me hicieron daño.

Podía desear que las cosas hubieran sido diferentes y aceptar que no podía cambiar lo que ya había ocurrido.

Y eso no me convertía en una persona fría.

Me convertía en alguien que finalmente estaba escuchando su propio cansancio.

Porque durante demasiado tiempo escuché las necesidades de los demás antes que las mías.

Me preocupé por cómo se sentiría la otra persona si me iba, pero casi nunca me pregunté cómo me estaba sintiendo yo por quedarme.

Y llegó un momento en el que tuve que elegirme.

No porque ya no quisiera a nadie.

Sino porque entendí que yo también merecía un lugar donde no tuviera que estar luchando constantemente por sentirme querida.

Hoy entiendo que un corazón cansado no necesita más promesas.

Necesita tranquilidad.

Necesita dejar de sentirse responsable por arreglarlo todo.

Necesita descansar de las preguntas que nunca tuvieron respuesta.

Necesita dejar de perseguir aquello que siempre tuvo que perseguir.

Y quizá eso sea lo más difícil de aceptar:

que incluso cuando todavía amas, puedes llegar a un punto en el que simplemente ya no puedes seguir.

No porque seas débil.

No porque nunca hayas querido de verdad.

Sino porque hasta el corazón que más ama tiene un límite.

Y cuando llega ese límite, irse no siempre significa que el amor desapareció.

A veces significa que finalmente apareció el amor propio que durante tanto tiempo habías dejado en segundo lugar.

Así que si alguna vez sientes que ya no tienes fuerzas para seguir intentando, no te castigues por eso.

No tienes que demostrar cuánto amas soportando hasta romperte.

No tienes que quedarte únicamente porque alguna vez prometiste hacerlo.

Y tampoco tienes que esperar a dejar de sentir para tener derecho a marcharte.

A veces basta con reconocer que estás cansada.

Yo tardé mucho en hacerlo.

Pero cuando finalmente escuché a mi corazón, entendí que no necesitaba seguir luchando para demostrar que había amado de verdad.

Ya lo había demostrado.

Ahora solamente necesitaba descansar.

Y empezar a volver a mí.

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