Jajaja la oficina entera ya sabe, eso es lo que menos te preocupa. El que cree que es un secreto es él, pero todo mundo ya lo vio venir.
COMO SOBREVIVIR A MI JEFE Sensible
Sinceramente, no le hago caso.
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Pensamiento
Jajaja la oficina entera ya sabe, eso es lo que menos te preocupa. El que cree que es un secreto es él, pero todo mundo ya lo vio venir.
Contenido de la publicación
Sinceramente, no le hago caso.
Cada vez que abre la boca para soltar su letanía matutina, desconecto el audio mental y lo veo mover los labios como a un pez fuera del agua. Podría fingir que me importa, que me duele su desaprobación o que me tiembla el suelo bajo los zapatos, pero estaría mintiendo. ¿Si lo ignoro? Rotundamente sí. Lo hago con una maestría milimétrica que lo desquicia todavía más, porque sabe que ni siquiera me digno a regalarle el beneficio de mi enojo.
Y entonces surge la pregunta inevitable, la misma que toda la oficina se hace entreururros a espaldas nuestras mientras fingen revisar hojas de cálculo: ¿Por qué demonios no me despide si soy un dolor de cabeza monumental, un grano en la espina dorsal que le arde todos los malditos días?
La respuesta es tan simple como cínica. No me echa porque cuando el resto de los empleados bajan la pluma exactamente a las seis de la tarde, huyendo despavoridos hacia sus patéticas vidas domésticas, yo me quedo. Me quedo en la penumbra del piso vacío, rodeada del zumbido de los servidores y el olor a café recalentado, entregándole los resultados exactos que necesita para salvar su pellejo ante los directivos.
Sabe perfectamente que soy su cómplice en este circo de números inflados y plazos imposibles. Y en medio de sus arranques de furia teatral, una vez me soltó la verdad con los dientes apretados, justificando por qué tiene que mantenerse en un grito constante conmigo: grita para que nadie note que, a pesar de mi insubordinación crónica y mi desprecio abierto, soy su consentida.
Según su perspectiva edulcorada y patética, nos une una extraña lealtad de trinchera. Según mi realidad, la única verdad es que soy una métrica altamente eficiente que no se desgasta con sentimentalismos baratos, una pieza de maquinaria fría que solo funciona a base de café negro, silencio y una absoluta falta de alma.
Por qué mi disección en la morgue es tan letal y fría como el cadáver en estudio.
Thoughts
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PermalinkJajaja la oficina entera ya sabe, eso es lo que menos te preocupa. El que cree que es un secreto es él, pero todo mundo ya lo vio venir.
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PermalinkLa parte de ser cómplice es la que me pegó. He visto esto en otras empresas pero nunca tan directo. Incómodo darse cuenta que es la norma.
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Permalink¿Es verdad que en algún momento ya no sabes si lo haces porque tiene que estar listo o porque ya es costumbre?