Siendo al final de cuentas nosotros, los de zapatos baratos y mochilas sin marcas, los muertos a olvidar, integrantes de sociedades conformes, los más vivos seguirán procediendo igual que los asesinos deformados por sus avaricias, tras tomar decisiones que nos van acostumbrando a dejarlos existir más de cualquier cuenta racional, levantándoles incluso monumentos, hasta tanto no quede ningún bobo pendiente para reclamar arbitrariedades que tienen al mundo a punto de colapsar.
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