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Centellita

Alfarrikan_III
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Cuando el mundo quiso apagar su luz, ella descubrió que hay corazones que nacieron para brillar, aunque el cielo entero les

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Centellita era la estrella más joven y brillante de todo el firmamento. 

Alegre como una canción recién nacida, vivía rodeada de luz y sueños, y no había nada que amara más que bailar. 

Bailaba sin descanso entre los senderos del cielo, girando y saltando sobre el inmenso terciopelo de la noche, mientras las antiguas estrellas, como Aldebarán y Betelgeuse, permanecían inmóviles en la distancia, observando el universo con la serenidad que sólo dan los siglos.

Cada noche, Centellita dirigía su mirada hacia la Tierra y desde las alturas contemplaba las fiestas de los pueblos, los bailes en las plazas iluminadas, las celebraciones alrededor de las fogatas y las canciones que viajaban con el viento, observaba cada paso con atención y luego los practicaba una y otra vez hasta dominarlos a la perfección. 

Mientras danzaba, también cantaba dulces melodías nacidas de su propio corazón luminoso. Sus canciones parecían estar hechas de luz, alegría y sueños; A veces resultaba imposible saber si era la música la que guiaba sus pasos o si eran sus pasos los que daban vida a la música.

Y cuanto más bailaba, más brillante se volvía, su resplandor crecía hasta parecer una joya encendida en medio de la noche.

Poco a poco, los habitantes de la Tierra fueron quedando maravillados con aquella estrellita bailarina, los niños la buscaban antes de dormir, los viajeros levantaban la vista para verla y los ancianos sonreían al contemplar su alegre destello.

De alguna manera misteriosa, todos sentían que aquella pequeña estrella les regalaba un poco de felicidad, sin embargo, como suele ocurrir cuando alguien brilla demasiado, la admiración comenzó a despertar la envidia.

La Luna, soberana del cielo nocturno, empezó a notar algo que le desagradaba profundamente: cada noche eran más las personas que preferían observar a Centellita en lugar de admirarla a ella.

Los enamorados pasaban horas contemplando a la pequeña estrella mientras se tomaban de las manos, olvidándose por completo de la reina de la noche.

Aquello hizo crecer los celos en el corazón de la Luna como una nube oscura antes de una tormenta.

Finalmente, una noche convocó de urgencia a todas las estrellas del firmamento. Cuando estuvieron reunidas, anunció con voz fría y solemne:

—Me han llegado informes de que una de ustedes está comportándose de manera inaceptable; deben saber que en mi cielo no está permitido bailar sin descanso, ese movimiento constante me molesta profundamente y, además, simplemente no deseo que ocurra, así que le pido a la estrella que baila y brilla en exceso, que dé un paso al frente.

Centellita sintió cómo su luz temblaba, con timidez avanzó unos pasos, aun con el miedo reflejado en su rostro, seguía luciendo hermosa y resplandeciente.

La Luna la observó durante unos instantes. Después sonrió apenas, con esa sonrisa fría de quien está acostumbrada a ser obedecida.

—Querida —dijo con suavidad—, sé que eres muy joven, pero ya deberías saber que en este firmamento la única que puede sobresalir soy yo, así que a partir de ahora te prohíbo bailar y cantar mientras yo esté en el cielo, además, deberás prometerme obediencia para siempre.

Centellita bajó la mirada, la tristeza se instaló en su pequeño corazón, pero, aun así, prometió quedarse quieta, aunque sabía que aquello significaba renunciar a lo que más amaba en la vida.

Al llegar la noche siguiente la estrellita permaneció inmóvil, sin siquiera balancearse un poco, sabía que la Luna la observaba atentamente.

Estuvo quieta por tanto tiempo que el sueño terminó por vencerla, y durmió tan profundamente que, cuando despertó, descubrió que estaba completamente sola.

En el horizonte solamente brillaba el Sol, majestuoso y dorado, pero no vio a la luna por ninguna parte, así que se estiró alegremente y ejecutó un delicado paso de baile. 

Nadie la reprendió, ni siquiera el Sol; Por el contrario, el gran astro parecía encantado de haber encontrado una compañera tan divertida, por lo  que Centellita pasó todo el día bailando y cantando para él.

Cuando regresó la noche y aparecieron nuevamente las demás estrellas, estaba tan cansada que decidió dormir plácidamente, mientras tanto, la Luna creyó que había recuperado el protagonismo del cielo y pensó que la pequeña había aprendido la lección.

Esta rutina continuó durante muchos días, Centellita bailaba bajo la luz del Sol y dormía durante la noche.

Al principio, el Sol reía con cada pirueta de Centellita, su luz parecía aún más cálida cuando ella cantaba entre los rayos del amanecer,

pero algo empezó a cambiar, desde la Tierra ya no señalaban únicamente al gran astro dorado; también levantaban los brazos para saludar a la pequeña estrella que danzaba a su lado; Los niños la dibujaban en sus cuadernos, los campesinos interrumpían un instante la cosecha para verla girar entre las nubes, los viajeros hablaban más de la estrellita bailarina que del propio Sol.

Y fue entonces cuando, donde antes había orgullo, comenzó a crecer una sombra silenciosa. El cariño que Centellita despertaba entre los habitantes de la Tierra terminó por sembrar celos incluso en el corazón del Sol. Aquella admiración que al principio le había parecido encantadora comenzó a inquietarlo.

Hasta que un día ya no pudo soportarlo más.

—¡Tú, estrellita bailarina! —tronó con voz ardiente—. No puedes seguir bailando en mi cielo, porque mientras tú danzas, todos se olvidan de mí, y eso es algo que no estoy dispuesto a permitir.

Centellita sintió miedo, después de todo, el Sol era inmenso y poderoso.

Así que dejó de bailar, permaneció inmóvil durante todo el día y tampoco se atrevía a bailar de noche, pues la Luna seguía vigilándola.

Durante muchos días dejó de bailar, permaneciendo inmóvil mientras el Sol cruzaba el cielo y también cuando la Luna gobernaba la noche, poco a poco comenzó a olvidar los pasos que antes brotaban de ella con tanta facilidad y su luz ya no era la misma.

Por primera vez dudó de aquello que siempre había sabido, quizá nunca había nacido para bailar.

Y fue entonces que lo vio, no era un lugar, era un instante, un pequeño respiro del universo, en el que el Sol ya se había despedido y la Luna aún no llegaba, un momento en el que ninguno gobernaba aquel pedazo de cielo, convirtiéndolo en un rincón libre.

Entonces comprendió algo que ni el Sol ni la Luna habían entendido jamás: una estrella no brilla para apagar a otra; brilla porque esa es su manera de llenar el cielo de luz.

Ella había nacido para bailar, así que tomó una decisión, dormiría una parte del día y otra de la noche, pero cada tarde, cuando el Sol se retirara y antes de que la Luna apareciera, saldría a bailar libremente en aquel rincón del cielo que nadie gobernaba.

Desde entonces, cuando el horizonte comenzaba a teñirse de oro, rosa y violeta, Centellita despertaba, elevaba su canción hacia los vientos del mundo y comenzaba a danzar.

Giraba tan deprisa que el cielo parecía pintar espirales de oro.

Sus pasos encendían las últimas nubes del día.

Cada salto dejaba suspendidas pequeñas chispas que flotaban como flores luminosas sobre el horizonte.

Incluso el viento parecía aprender el ritmo de su danza.

Pasaron los días. Luego los años. Después los siglos.

Centellita jamás dejó de bailar.

Los habitantes de la Tierra comenzaron a esperarla cada tarde.

Los niños corrían a buscarla.

Los viajeros detenían su camino.

Los enamorados levantaban la vista.

Los ancianos contaban la historia de aquella pequeña estrella que había tenido el valor de seguir el ritmo de su propio corazón.

Con el paso de los siglos dejó de ser la estrella más joven, o quizá sí, porque hay corazones que nunca envejecen mientras siguen bailando, y cuentan los viejos sabios que esa es la razón por la que Centellita siempre es la primera estrella en aparecer cuando cae la tarde, no sale temprano para presumir su brillo, sale temprano porque el crepúsculo sigue siendo el único rincón del cielo donde nadie puede decirle cómo debe bailar.

Tal vez por eso, cuando aparece, hay quienes sonríen en silencio, cierran los ojos y le confían un deseo, porque, desde hace mucho tiempo, el mundo sabe que los sueños más valientes siempre encuentran el camino de la mano de quienes jamás dejaron de seguir el ritmo de su propio corazón.

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Thoughts

  • solo_curioseo

    ¿Centellita tiene una historia antes de acá? Siento que hay mucho mundo creado ya en esta.

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  • quiza_me_equivoco

    Capaz que esto es sobre encontrar tu propio ritmo sin importar quién intente controlarte? Aunque también podría ser simplemente una linda historia sobre bailar más seguido, no sé.

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  • asintiendo_desde_aca

    Lo que me queda girando es ese momento donde apenas se mueve. Cuando prefiere dormir antes que desobedecer. Duele de verdad eso.

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