Bebí la sal de la ruptura
en copas de marea fría;
reaccioné tarde, frente al mar,
donde la curiosidad hería.
Un diálogo que naufragó,
te armaste y te marchaste en vuelo;
solitario entre la espuma,
traté de consolar el duelo.
Lloré noches, corrí ausencias,
endurecí el pecho en la huida;
el imaginario echaba sal,
una catástrofe en la vida.
Días tristes, noches en vela,
soledad que me ha desposeído;
naufragando sobre la nada,
tu amor de pronto ha huido.
Mis madrugadas son cenizas,
mi pecho un reloj parado;
extraño el roce de tu sombra
en este mundo desolado.
Aun así, en la playa vieja,
donde el destino fue cruel,
espero que la ola traiga
de nuevo tu rastro de miel.
Tal vez la mar, en su vaivén,
devuelva lo que se llevó;
y en otra orilla nos encontremos,
donde el amor no se rompió.
— س. ز