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CAPÍTULO 9: LAS HERMANAS GÜITRAGO

Lukutakinoku_Takuji
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La chica vestía muy refinadamente, tanto que incluso parecía una princesa. Su rostro era hermoso, uno que pocas veces puedes ver en tu vida; su cabello era rizado y de color café. Una ligera parte…

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La chica vestía muy refinadamente, tanto que incluso parecía una princesa. Su rostro era hermoso, uno que pocas veces puedes ver en tu vida; su cabello era rizado y de color café. Una ligera parte de este se atravesaba en su rostro, haciendo que ella tuviera que soplar para quitarlo del camino; este gesto la hacía ver irresistible. El traje que tenía puesto era de un color azul muy blanco, además de que contaba con flores artificiales del mismo color sujetas en el traje. —Señorita Chloe, es un gusto volverla a ver. Sam agacha la cabeza y se quita el sombrero. —Ah, conque eres tú. ¡Rebeca! —grita—. Salté de la habitación, Sam ya trajo los minerales que encargaste. Dentro del cuarto estaba otra hermosa chica de cabello liso y de color bordo. Tenía un traje ceñido al cuerpo de color vinotinto, con una abertura en la pierna mostrando sus muslos; también contaba con un escote que mostraba un poco de sus senos. Esto último era lo que se estaba acomodando, pero ellas dos no estaban solas en la habitación: en la cama que había a un lado de la chica estaban acostados dos hombres desnudos, tapados del torso para abajo con una sábana. —Ay, al fin, ya voy. Rebeca se acomoda un colgante que tenía en la punta un rubí en forma de corazón, luego mueve un poco su cabello intentando arreglarlo. Después de eso, ella sale de la habitación. —¿Cómo estás, Sam? Rebeca le da un beso en el cachete y luego lo hace Chloe. —¿Es ahí donde tienes los minerales? Rebeca se acerca a Ark. —Hola, ¿qué tal? —le dice dulcemente antes de destapar la caja que cargaba. «Ni la mires, Ark, es una de esas chicas cualquiera» dice Canaly —¡Oh! Rebeca estaba asombrada al mirar la caja que había abierto; sus ojos brillaban de la emoción. —Tengo que analizar esto bien, vamos a un lugar más tranquilo. Los cinco empezaron a caminar en medio de las personas hacia otra habitación. Chloe, que había visto a Yuan con otros ojos, se acerca y sujeta su brazo. —Pero qué músculos tienes, chico —lo mueve inquietamente—. Son tan grandes y jugosos, que me dan ganas de morderlos. —Ya cálmate, Chloe, vas a hacer que se le caiga la caja —la reprende Rebeca—. —No creo, él fácilmente podría cargarme a mí y a la caja si se le antoja. Chloe sujeta aún con más fuerza el brazo de Yuan, que se veía complacido por los halagos de tan bella dama. En cambio, Rebeca se estaba intentando comportar, aunque sufría por esto: “Qué chico tan guapo el que está a mi lado, ojalá se quede un buen rato esta noche, lo besaré hasta el amane… Ya compórtate, Rebeca, primero lo primero”. Era lo que ella pensaba mientras jugueteaba con su cabello. —Oye, Rebeca, tú solo jugueteas con tu cabello cuando estás pensando en alguien. ¿Ya te atrapó aquel tipo con sus encantos? —decía Chloe, buscando incomodarla—. «Claro que no, Ark es solo mío y él no sería capaz de traicionarme». Rebeca se ruboriza y se da la vuelta. —Cállate, Chloe, no estoy de humor para tus juegos. —Ay, bueno, amargada. ¿Y tú cómo te llamas? Chloe la ignora y continúa su conversación con Yuan. “Pero qué chica tan linda, ¡Dios mío! Qué lástima que ya tenga novio; ese tipo de aquel cuarto sí que debe disfrutar de una chica como ella”, pensó Ark. Sam, que había escuchado toda la conversación, le habla en voz baja a Ark. —No te confundas, Ark. Estas dos chicas tienen la reputación de ser muy brinconas e inquietas cuando se trata de hombres; si llegas a acostarte con una, solo serás uno de muchos que hicieron lo mismo. «Ya ves, es una cualquiera». Ark se desilusiona un poco por ello, pero al menos está conforme en que le hayan avisado de eso con antelación. El lugar donde los llevó Rebeca estaba vacío, debido a que para ingresar a este se debía introducir una llave que solo las hermanas poseían. El lugar era muy amplio, igual de grande que toda la casa de Sam. —Dejen las cajas ahí. Rebeca señala una mesita en donde Ark y Yuan descargan los minerales. Alrededor de la mesa había sofás de color blanco en donde se sentaron. Chloe se sienta al lado de Yuan, aún sujetando su brazo; Ark se sienta solo y Sam permanece de pie, mientras observa cómo Rebeca se pone de rodillas y comienza a observar lo que hay en las cajas. —Señorita Rebeca, sé que no debería preguntar, pero es que sus trabajos me generaron cierta curiosidad. ¿Para qué necesita el Shitrim? —pregunta Sam—. —La curiosidad es válida para los listos y, aunque tú solo eres mi proveedor y no necesitas saber para qué lo utilizo, te voy a conceder la respuesta. Esta pequeña roca —Rebeca saca de la caja un poco de Shitrim— es capaz de regular la fuerza de la electricidad, haciendo que no dañe todos los bombillos que alumbran la ciudad. Esta cosita es un encanto, porque es tan dura, maniobrable y resistente… Ya Rebeca nos estamos desviando del tema, ya sabemos que te gusta estar con cualquiera, pero no debes de demostrarlo tan ampliamente. —¿Y cómo hace que la fuerza eléctrica se regule? —pregunta Ark, emocionado—. Con una sonrisa en el rostro, Rebeca continúa la explicación. —Ya iba a llegar a eso. Lo que sucede es que almacena gran parte de esta fuerza y la redistribuye de manera equilibrada, haciendo que el Banadit ya no tenga que esforzarse tanto. —No entiendo. ¿Qué es eso de que el Banadit no se esfuerce tanto? ¿Ese material luego no lo utilizan solo para decoración? —dice Ark—. —Sí, es verdad, se ve muy bonito, al igual que yo, pero es muy buen conductor eléctrico. Por eso es que lo utilizamos para conducir la electricidad, aunque esta fuerza es muy grande y por lo general daña este material, haciendo que lo tengamos que reemplazar cada año en toda la ciudad, generando grandes costos. Por eso es que necesitamos el Shitrim, para que esto no suceda. Aunque, claro, este material solo lo utilizan para crear armas y armaduras, haciendo que el ejército límite quién lo posee. Por eso fue que le pedí a tu amigo que me trajera esto, aunque ya no te voy a volver a pedir más; ya casi acabamos de obtener todo lo necesario para que el mecanismo sea auto funcional. —¿Puedo hacerle una última pregunta? —Adelante, chico lindo… ehhh… chico, digo chico —Rebeca se había puesto nerviosa—. —¿Qué es la electricidad? —Es una pregunta un poco difícil de comprender por lo complejo que es esta, así que solo diré que es una fuerza que alumbra todo lo que ves. Pero bueno, ya los aburrí mucho con mis explicaciones, vamos a tomar algo mejor. Rebeca saca de un estante dos botellas, una de color naranja y otra transparente. Ella las deja encima de la mesa y trae cinco vasos de vidrio con hielo en una bandeja de plata. Luego sirve las dos bebidas en los vasos y las entrega a cada uno. —Aquí tiene —dice Rebeca y luego se sienta al lado de Ark—. Ella estaba jugando con su cabello mientras cruzaba sus piernas, mostrando un poco de sus muslos. Sam se sentó solo y se tomó muy rápidamente aquella bebida que le habían dado para luego tomar la botella con líquido transparente y servirse más. Lo que Rebeca les había dado era jugo de naranja con alcohol; estaba rico, tanto que Ark y Yuan lo tomaron con ganas. —Una pregunta, Sam: ¿piensas irte rápido o te quedarás un rato aquí con nosotras? —dice Chloe—. —Yo pensaba irme apenas les entregara las cajas. Todavía faltan otras cuatro que están en mi carroza; si ustedes les permiten a mis muchachos ir a traerlas, me iré rápido para no incomodar a tan bellas damas—. —Ay, no nos incómodas. Si quieres, puedes beber todo el alcohol que quieras; tenemos mucho y de buena calidad. También hay chicas lindas, claro, no tan bellas como nosotras, pero sí lo suficiente para que la pases bien—. «Este reino está peor de lo que lo recordaba». Canaly se veía decepcionada de lo que escuchaba y veía a sus alrededores. —Muchas gracias por la invitación, pero… nah, tienen razón. Trabajé muy duro trayendo esos minerales, me merezco una recompensa—. —Así se habla—. Rebeca se la pasó hablando con Ark. Le preguntó dónde vivía, cómo había conocido a Sam, de qué trabajaba, si tenía novia o algo. Ark respondió a todas estas preguntas sin dar más información de lo necesario, lo que hizo que Rebeca lo viera como un hombre reservado, impulsando a querer saber más de él, ya sea en conversaciones o en la cama. Yuan no le fue tan bien: se sentía incómodo por la cercanía que tenía Chloe hacia él. Ella le preguntaba cosas como si lo hubiera conocido toda la vida, así que sus respuestas eran vagas o balbuceantes. Esto hizo que Chloe lo viera con cariño, como un chico que nunca hubiera hablado con mujeres; sin duda, esto la llevó a ser más cariñosa y menos habladora. Sin duda, estas chicas sí sabían cómo encantar a todo tipo de hombre. Sam miraba a los cuatro de lejos, con un rostro celoso porque no era a él a quien las chicas le daban cariño; por ende, se puso a tomar hasta perder los estribos. —Ustedes son unas perras —dijo repentinamente Sam—. Rebeca, que estaba acariciando con sus dedos el rostro de Ark, lo ignora por completo. —Sí, sí, lo que tú digas —contesta sin verlo—. Chloe tenía el mentón recostado en el hombro de Yuan mientras lo miraba con unos ojos muy dulces. —Ya vas a iniciar con tus cosas. No deberías tomar tanto si te pones así—. Ella tampoco lo volteó a mirar; sus ojos estaban enfocados en Yuan. —Siempre ilusionan a cualquier hombre que tienen al frente. ¿No les da asco estar con tantos? —Tú insultas a tu esposa e hija y nadie te dice nada. No eres nadie para juzgarnos —contesta Chloe—. —¿Saben? Yo solo quiero un poco de cariño. No es justo que a estos tipos, que apenas conocen, les presten más atención que a mí, que pongo en riesgo mi vida para traerles lo que necesitan—. Chloe suspira. —Está bien, ya te traigo a alguien para que te consienta —contesta de mala gana—. Ella se levanta y se dispone a salir del lugar. —No, tú me vas a pertenecer a mí y solo a mí—. Sam saca de su bolsillo el colmillo, pero antes de que lo utilice sobre la chica, ella se lo quita con curiosidad. —Mira, Rebeca, un diente de tigre que brilla, se ve bonito. ¿De dónde lo sacaste? Sabes, te lo podríamos comprar por un buen precio—. Sam se pone a la defensiva, intentando quitárselo, pero Chloe mueve su brazo para que no lo agarre y este sigue de largo. —Oye, ¿acaso no te enseñaron modales? ¿No te han dicho que no debes quitarle a la fuerza lo que una mujer posee? La voz de Chloe era dulce y juguetona; claramente no sabía del poder que este colmillo poseía. —Devuélvemelo —grita Sam—. —Ay, tan cansón. Toma—. Chloe estira su mano y le ofrece el colmillo. Sam lo toma rápido y con fuerza. —Qué atrevido —le dice, disgustada—. Sam estira el colmillo y apunta hacia ella. —Ámame —le grita—. Chloe lo mira confundida. —Mi amor, creo que así no funciona. Primero me debes tratar bonito, y tú no has hecho más que ganarte mi repudio—. —¿Por qué no funciona?—. Sam se pone a sacudir el colmillo de arriba hacia abajo, esperando a que este movimiento lo vuelva a reactivar. “Es el momento, la hora de tomar el colmillo. Sam está borracho y, al parecer, no le sirvo. Tengo que actuar ya”, pensó Ark, pero cuando se quiso parar, Rebeca lo detiene y con cariño lo somete. —¿A dónde vas, cariño? Quédate un rato más conmigo, te prometo que la pasarás bien—. Su tono era muy sensual; incluso le mordió la oreja y con eso lo desarmó por completo. «¿Qué hace esta estúpida? ¿Acaso no te enseñaron a respetar lo ajeno? Ark muévete» Yuan ni siquiera estaba en condiciones para pensar; estaba ruborizado y un poco confundido por Chloe. Sin duda, las mujeres saben cómo tener a un hombre débil controlado. —Creo que necesito aire fresco, me estoy volviendo loco —dijo Sam—. —Sí, yo creo lo mismo. Ah, cuando salgas me cierras la puerta, no quiero que nadie nos interrumpa—. Al momento de que Sam salió, Chloe se dio la vuelta y miró hacia Yuan, que estaba sentado derecho, con sus manos juntas recostadas en sus piernas; se veía como un niño sentado en una reunión de adultos. Ella lo miró con ternura y puso una cara muy lascivamente. Ark, mientras tanto, se sentía completamente complacido por las constantes caricias que Rebeca le hacía tanto con su boca como con sus dedos. “Oh, chica, tranquila, vas a hacer que pierda la compostura… quieta… oh sí, sigue ahí”. Él estaba en el paraíso. «Hombres, todos son iguales. Hmph» —Sabes, ya te di mucho cariño. Es momento de que tu me acaricies un poco…—. Rebeca lo miró igual que su hermana había mirado a Yuan, solo que su posición en el sofá la hacía ver mucho más hermosa, ya que ella se había inclinado un poco hacia abajo, mostrando sus redondos pechos; su collar traspasaba el valle de sus dos montañas. —Sí…—. No te juzgo Ark, soy tan débil como tú. Yo también hubiera aprovechado el momento. Solo que cuando Ark ya estaba a centímetros de tocar esas suaves almohadas, una voz que estaba fuera de este mundo lo paró en seco. “Ark, concéntrate”, le gritó, haciendo que este volviera en sí. Era el creador. —¿En qué estoy pensando? —dijo Ark moviendo la cabeza de lado a lado—. —¿Ehm?—. Rebeca estaba un poco confundida por las palabras que dijo Ark. Su mente ya estaba traspasando hacia el instinto reproductivo, así que el cambio de la actitud de Ark la desconcertó un poco. —¿Sucede algo?—. Ella había movido su cabeza hacia un lado—. Ark se levanta del sofá y toma la mano de Yuan para que se levante. —Vámonos, hombre, tenemos cosas que hacer— Ark jala fuertemente a Yuan —Sí, ya voy—. Yuan se levanta, aunque Chloe lo había sujetado con fuerza. —¿Hacia dónde van, chicos? —pregunta Rebeca, también levantándose—. Si es por las cajas, no se preocupen, ya mandó a alguien para que las traigan—. —No se preocupe, señorita, es nuestro deber y para eso Sam nos contrató. Además, debemos cuidarlo para que no haga alguna tontada. Siento mucho no poder disfrutar más de su presencia—. Ark toma la mano de Rebeca y la besa, haciendo que por unos segundos ella se ruborice y se ponga nerviosa. Ark había entrado a un rincón de su corazón. «Tu no me besas así, ¿acaso ella es más importante que yo?» Canaly se estaba poniendo triste —Vámonos, Yuan, no perdamos el tiempo. Necesitamos saber dónde está Sam—. Ambos salen de la habitación, dejando atrás a dos chicas que tenían ganas de pasar la noche con ellos. Aunque una de ellas pensaba pasar toda la vida con uno de ellos…. Cuando se alejaron lo suficiente del lugar, los dos comienzan a hablar mientras atravesaban la multitud. —Esas dos chicas son tremendas —dijo Ark—. No nos dejemos engañar por sus encantos o terminaremos mal—. —Sí, tienes razón. Ya me estaba preocupando de que esa situación escalara a algo más INTENSO—. Yuan dice esta última palabra con más fuerza—. —Bueno, ya pasó. Ahora tenemos que preocuparnos de Sam; probablemente se salga de control por todo lo que tomó—. «Al menos tú si eres diferente. Eso me encanta. cuando quieras te consiento todo lo que quieras» Ark miró con una cara provocativa a la espada, pero no de esa que se nota la intención, sino de esas que te dejan envuelto en sus encantos, una tenue sonrisa con una mirada de reojo. A Canaly esta mirada le encanto. Los dos empezaron a preguntarle a las personas si habían visto a un hombre de unos 40 años con un sombrero negro y buena barba, pero nadie los quiso ayudar; en cambio, los hacían a un lado, los trataban mal o simplemente no les hablaban. Esto debido a que sus túnicas de asesinos ya estaban viejas y un poco desgastadas, haciendo que se vieran como unos pobres. Como no encontraron a Sam en el segundo piso, decidieron bajar al primero, donde la fiesta estaba más viva que nunca. Aquí sí no fueron clasistas ni mezquinos con ellos; simplemente el calor de la fiesta les hizo recordar a los participantes que todos eran humanos y los hicieron uno más. —Chicos, tomen un poco de whisky—. Un joven de la nobleza se acerca a ellos ofreciéndoles esta bebida; el tipo estaba ebrio y hablaba un poco mal. —No, gracias, estamos buscando a alguien —dice Ark—. —Ni se les ocurra rechazarme. Tomen—. El joven les da a cada uno una copa y luego se recuesta en el hombro de Yuan—. Sabes, esa musculatura tuya sí que me gustaría poseerla; así podría atraer a muchas chicas. A ninguna de la nobleza le gusta andar con alguien tan escuálido como yo—. Ahora se recuesta en el hombro de Ark. —Tú y yo somos iguales en eso, supongo que no atraes a ninguna chica. «Oye a mi Ark si me atrae» —Y díganme, ¿a quién es qué buscan? Ark y Yuan beben de sus copas. —A un tipo llamado Sam —dice Yuan—. —Claro, cómo no, el alma de la fiesta. Está por allá, en el centro de la sala. Vengan, los acompaño—. Y así, los tres se dirigen al centro de la sala, en donde había mucha gente reunida. Sam estaba subido encima de una mesa en el centro de la sala, bailando con dos chicas. La forma de su baile era un tanto exótica; las chicas meneaban sus colas, pegándolas a la pelvis de Sam y, de vez en cuando, ellas se agachaban lo suficiente como para que su cabeza quedara al frente de su entrepierna. —¡Oh, sí! —decía Sam—. Él estaba completamente feliz, como si hubiera encontrado el lugar donde pertenecía. No tenía camisa y mostraba toda su musculatura; las mujeres gritaban de emoción cuando él se movía. También le tiraban alcohol, haciendo que Sam abriera la boca para que cayera dentro. —Sam— gritó Ark—. Nadie le prestó atención. —¡Sam!— volvió a gritar—. Nadie le respondió. —¡Sam!— gritó y al fin le prestó atención—. —¿Qué pasó, Ark? ¿Tan rápido terminaste? Cielos, sí que eres precoz—. Nadie podía sacar a Sam del mundo en el que estaba; era como si hubiera pasado a otro plano astral, como si ya nada a su alrededor le importara. —Ya es momento de irnos, tu esposa e hijas deben de estar esperándote preocupadas—. —¿Y a mí qué me importa ellas? Solo están hechas para obedecerme, además son un par de p*tas. Disfruta, Ark, no todos los días unas linduras como ellas te bailan así— Sam señalo a las chicas—. Anímate, hombre—. —Vamos,Sam, tenemos que devolvernos— intervino Yuan—. La gente alrededor empezó a abuchearlos, incluso el joven que hacía rato les había dado whisky. —¿Qué hacemos, chicos? ¿Los sacamos de la fiesta?— Grito Sam. —¡Sí!— gritó toda la multitud—. —¿Saben qué? Tengo una mejor idea: haré que me obedezcan en todo lo que yo diga—. Ark y Yuan se asustaron. —Carajo, escóndete— dijo Ark, preocupado. Pero no lo lograron a tiempo. Sam sacó el colmillo, que brilló en todo el lugar. —Que nadie más me obedezca—. El colmillo palpita—. Ahora haz que Yuan y Ark hagan todo lo que yo les diga—. Los ojos de ambos cambiaron a morado y luego volvieron a su color normal. —¿Qué está pasando?— preguntó Rebeca, que apenas llegaba a la habitación—. Lo que siguió asombró a las personas alrededor. Sam dio la orden de que se pararan de manos; ellos obedecieron sin pensarlo. Sam dijo que se quitaran las túnicas de asesino; lo hicieron y solo quedaron en bóxers. Luego los hizo batirse en un duelo mortal donde solo uno debería salir con vida. Fue maravilloso: Ark desenvaina su espada, lo mismo que Yuan con su maso. «¡¿Qué te pasa Ark?! Controlate» Ambos se ponen en posición y arremeten violentamente uno contra el otro. Sus dos armas chocaron: mazo contra una espada divina. Obviamente, la diferencia de armas hizo su juego aquí. Ark atravesó sus defensas al instante, pero Yuan alcanzó a agacharse y logró esquivar la espada en llamas que estaba decidida a cortar su cabeza. Otra vez estaban en posición para arremeter; cada uno caminaba lentamente, girando uno en torno al otro, analizando cada movimiento, un momento que generaba tensión para todos en la sala. —¿Qué están haciendo? ¡Paren!— gritó Rebeca—. —Rebeca, por fin llegaste. Veo que tú y tu hermana fueron demasiado para ellos, no aguantaron nada, así que vinieron a pedirme que me fuera, pero yo no quería, obviamente, así que les dije que se batieran en un duelo mortal para entretener el ambiente—. —Haz que paren, se van a matar—. —Nah, está entretenido. Dejaré que continúen hasta ver qué sucede; es más, ven aquí y mira junto a mí—. Sam toca el colmillo que tenía en sus manos y Rebeca obedece. —Está bien, miraré lo que sucede—. La batalla continuó. Esta vez los dos no se atacaron mutuamente, sino que fue Ark quien arremetió primero. Yuan alcanzó a esquivar su ataque y, con un puñetazo directo en el rostro de Ark, lo hace caer al suelo. —Eso estuvo fenomenal— Sam aplaude—. Ya dejen de pelear, es obvio que ganaste tu Yuan—. —Muchas gracias, señor Sam—. Luego de estas palabras, Yuan ayuda a levantar a Ark, que todavía se encuentra aturdido por el golpe. —¿Qué pasó? ¿Gané?— dice Ark mientras se sostiene en el hombro de Yuan—. —No, amigo, te vencí rotundamente y sin un arma, jajaja. Ya sabemos quién es el jefe ahora—. —Idiota. Ah, qué buen puñetazo me lanzaste, siento el rostro entumecido—. Chloe llega a la sala. —Desde el segundo piso se escucha la bulla y el alboroto. ¿Qué está sucediendo?—. Ella mira a Yuan sujetando a Ark, que tiene un morado en el ojo. —Si iniciaron una pelea para entretenerse, debo pedirles que se vayan de la mansión. Aquí no aceptamos la violencia como medio de entretenimiento—. —¡Buhhh!— gritó la gente—. —Relájate, Chloe. Solo fue una pequeña batallita que les dije que hicieran. No les pasó nada; es más, si les duele alguna parte del cuerpo, les autorizo para que tomen hasta el cansancio para que se les quite el dolor—. Ark y Yuan obedecen; agarran unas botellas de vino que tenían al alcance y brindan por Sam. Luego todos hacen lo mismo. —¡Que viva Sam!— gritaron todos, incluso Rebeca—. —No veo qué es lo que sucede aquí, pero no permitiré que se golpeen entre sí. Esto daña mucho la reputación de mis fiestas; no quiero que peleadores estúpidos empiecen a venir por rumores de que aquí, en la mansión Güitrago, hay peleas callejeras—. —Ay, relájate. Es más, ven aquí conmigo, al igual que tu hermana—. —¿Perdón? Ni creas que me voy a acercar a alguien como tú. No sé qué le dijiste a mi hermana, pero yo no voy a seguir tu jueguito—. —Ah, verdad que esta cosa solo funciona controlando a tres. Bien, yo exijo que se me deje de obedecer—. En ese instante, tanto Rebeca como Ark y Yuan reaccionan de lo que están haciendo. Rebeca se aparta de las manos de Sam, que la sujetaban por la cintura, y Ark deja de beber de la botella de vino, aunque todavía la tenía en la mano. Yuan, en cambio, seguía bebiendo sin parar; a este no le importaba si estaba siendo controlado o no; al parecer, solo quería disfrutar del buen vino que había en la mansión. —Oye, Yuan, al parecer ya no estamos bajo las órdenes de Sam—. —Yo sí, y él dijo que bebiera—. Hizo una pausa para decir esto y luego siguió tomando a pico de botella—. —Ya suelta eso—. Ark le quita la botella—. —Ah, pero estaba rico—. —De vuelta al plan: obtener el colmillo. ¿Dónde está Sam?—. Empezaron a mirar por todo el lugar. —Tú, Chloe, obedéceme—. Sam, que todavía estaba en el centro de la habitación, estira el colmillo delante de todos. Este ya se había recompuesto luego de la pequeña charla que Ark y Yuan habían tenido. —No entiendo qué te pasa, pero creo que el alcohol ya te afectó demasiado. Creo que es mejor que te vayas— dijo, enojada—. —Yo no me voy a ir. Es más, tú hoy me acompañarás a la cama y me amarás—. —Está bien, me acostaré contigo, pero espero que sea rápido. Debo despachar a todos mis invitados—. —Me gusta eso, pero primero tomemos y disfrutemos de esta maravillosa fies….—. Algo sucedió después de que dijera esto: una persona con esmoquin lo había empujado de la mesa, haciendo que cayera al suelo. Cuando tocó el suelo no se levantó, sino que empezó a tocar todo su cuerpo, buscando el colmillo, porque ya no lo poseía y, al no sentirlo, se desesperó. —¿Dónde está? ¡¿Quién tiene mi colmillo?!— gritó entre la multitud—. Sam se levanta y empieza a agarrar desesperadamente a las personas a su alrededor. —Por favor, ¿díganme dónde está?—. Sam comienza a llorar desconsoladamente. Chloe se le acerca con cariño. —Sam, te veo un poco mal. ¿Todavía quieres acostarte conmigo?—. Ark aparta a un lado a Chloe y encara a Sam. —¿Dónde dejaste el colmillo?— le grita, desesperado—. —Me lo robaron— dice entre lágrimas—. Ark lo suelta y mira a la multitud intentando buscar al ladrón, pero es imposible; hay demasiadas personas, algunas prestando atención a la escena, otras bailando y tomando como siempre. —Carajo—.