Después de haber pasado mi primera noche sin dormir , se junto la noche con el día , me encontraba un poco cansado pero con muchas ganas de aprender ya que no habían dado el horario de instrucción militar por los tres primeros meses que durábamos en primero militar, era mi primera vez que alguien aparte de mis padres están encima de mi, pedir permiso ir al baño pedir, permiso para comer, en fin el regimen militar para mi era nuevo a pesar de que mi madre nos controlaba mucha acá ´por primera vez, tenia que hacer caso de una forma rápida.
Mi dia ya había iniciado eran las 5 30 cuando terminamos el ejercicio físico , sin bañarnos pasamos a desayunar el cual íbamos trotando que se encontraba a 1 km de distancia desde el alojamiento, llegamos nos pasaban a orden nos sentamos en una gran mesa de cemento y hasta que e último de la mesa no se sentara no podíamos desayunar, y después de eso teníamos que esperar que llegara nuestro suboficial control para pararnos y gritar un himno que era el siguiente:
No te sientas vencido, ni aun vencido
No te sientas esclavo ni aun esclavo
Trémulo de pavor, piénsate bravo
Y arremete feroz, ya malherido
Ten el tesón del clavo enmohecido
Que ya viejo y ruín vuelve a ser clavo,
No la cobarde intrepidez del pavo,
Que amaina su plumaje al primer ruido
Procede como Dios, que nunca llora
O como Lucifer, que nunca reza
O como el robledal, cuya grandeza
terminando la oración nos dieron la orden de desayunar, el cabo quien estaba con el pelotón de reclutas mocos como nos decía, nos conto hasta a 10 para desayunar todo era tan rápido era la primera vez que desayunaba de esa manera, algunos de mis compañeros se vomitaban otros comían corriendo , pasábamos lavar rápidamente y teníamos que estar formados al termino del tiempo que el suboficial nos daba, después de el desayuno hacíamos aseo del alojamiento y de las areas asignadas del pelotón, esa era la rutina diariamente antes de iniciar el entrenamiento militar.
El entrenamiento militar fue una de las experiencias más fuertes y exigentes de mi vida. No era solamente aprender a marchar, portar un uniforme o cumplir órdenes; era un proceso que llevaba el cuerpo y la mente al límite para formar disciplina, resistencia, carácter y control sobre las emociones.
Durante el entrenamiento, prácticamente todo desplazamiento se realizaba trotando. No importaba el cansancio, el sueño o las condiciones del clima: había que continuar. Aprendimos que muchas veces el cuerpo cree que ya no puede más, pero la mente, la voluntad y la disciplina son capaces de llevarnos mucho más lejos de lo que imaginamos.
También hubo muchas noches de trasnocho, jornadas que se extendían hasta altas horas de la noche, incluso hasta las 10:00 p. m. o más, después de haber comenzado desde muy temprano. Dormir poco era parte de la exigencia. En algunas ocasiones no existía la comodidad de una cama y tocaba descansar en el piso, en condiciones difíciles y con apenas unas pocas horas para recuperar fuerzas.
Hubo días en los que, debido a las actividades, los ejercicios y las condiciones del entrenamiento, no era posible bañarse ni descansar adecuadamente. El cansancio se acumulaba, el cuerpo dolía y el sueño parecía vencer, pero al día siguiente había que levantarse nuevamente y continuar. No había espacio para rendirse fácilmente.
Todo aquello era duro, muy duro. Sin embargo, con el tiempo uno comprende que cada sacrificio tenía un propósito. El entrenamiento no solamente buscaba formar a una persona físicamente fuerte; buscaba construir carácter. Enseñaba a mantener la calma cuando existía presión, a pensar antes de actuar, a controlar el miedo, la rabia, la frustración y el cansancio.
Aprendimos que tener carácter no significa ser una persona agresiva o no sentir emociones. Al contrario, significa aprender a manejar esas emociones. Significa poder sentir miedo y aun así continuar; sentir rabia y no perder el control; estar cansado y mantener la responsabilidad; estar bajo presión y tomar decisiones con la mayor serenidad posible.
La vida militar enseña que la disciplina es hacer lo que se debe hacer incluso cuando no se tienen ganas. Enseña a trabajar en equipo, a confiar en los compañeros, a asumir responsabilidades y a entender que las dificultades también forman parte del crecimiento personal.
Por eso, después de vivir experiencias tan exigentes, muchas situaciones de la vida se enfrentan de una manera diferente. No porque uno sea invencible o porque no sienta dolor, cansancio o tristeza, sino porque aprende a controlar sus reacciones y a no dejar que una emoción del momento tome el control de las decisiones.
Todo ese esfuerzo, las largas jornadas, los desplazamientos trotando, las noches sin dormir, el descanso en el piso, los días sin poder bañarse y las exigencias físicas y mentales dejaron una enseñanza que permanece para siempre: el cuerpo puede cansarse, pero el carácter se fortalece; las emociones pueden aparecer, pero uno puede aprender a manejarlas; y las dificultades, por fuertes que sean, también pueden convertirse en una escuela para la vida.
El entrenamiento militar fue duro, pero precisamente esa dureza ayudó a formar disciplina, fortaleza mental, responsabilidad, resistencia y un mejor manejo de las emociones. Fueron experiencias que enseñaron que, aun en los momentos más difíciles, siempre se puede mantener la cabeza en alto, conservar el control y seguir adelante, pero ya ´proximo a graduarnos y empezar la vida ya como suboficiales en el grado de cabo segundo en una epoca miy violenta de mi pais.