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CAPITULO 1: UNA VIEJA HISTORIA DEL MONTON

Lukutakinoku_Takuji
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Créanme que no es fácil narrar la cotidianidad de un Reino que lo único que conoce es la desesperación, donde el amor y la felicidad son los únicos sentimientos que no conoce el hombre. La esperanza…

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Créanme que no es fácil narrar la cotidianidad de un Reino que lo único que conoce es la
desesperación, donde el amor y la felicidad son los únicos sentimientos que no conoce el
hombre. La esperanza de un cambio desaparecía en el fuego cruel en el que todos se sometían
para sobrevivir. Es aquí donde un hombre que era menos que la nada, indigno de todo, fue
visto por los ojos del Creador para ser merecedor de todo: Ark.
***
Era el bosque de lino blanco un lugar cualquiera del Reino. Sus árboles habían crecido
chupando la sangre de todos aquellos que fueran tan tontos de hacer enojar a la realeza, lugar
insignia para torturar a cualquiera sin que nadie lo sepa. Su suelo sentía el constante zapateo
de todos aquellos que buscaban la miseria, porque hasta eso era mejor. El ruido de los
muertos, el aullar de los lobos y los gritos de desesperanza se acompañaban fielmente en una
interminable música que adornaba la solemne noche. Aquí se encontraba Ark, viviendo de la
caza con su inseparable amigo Yuan. Los dos eran diestros en la caza, ya que, desde muy
pequeños, la vida los empujó a que sobrevivieran solos. Otros sucios cazadores del montón.

—¿Ves algo? —preguntó Ark, agachado entre las ramas de un frondoso árbol.

—Nada, el cadáver que dejamos encima de la roca todavía sigue ahí —respondió Yuan, quepermanecía atento.

Los dos continuaron esperando, escondidos bajo la seguridad del frondoso árbol. Un crujir de
ramas llamó su atención: era un oso que se acercaba lentamente hacia el cadáver. Aquel
cadáver era de un hombre que mataron por la mañana, por el simple hecho de haberles
escupido los zapatos.

Ark golpea con el codo a Yuan, como diciéndole: "ya sabes lo que toca hacer". Yuan sale de
su escondite y se abalanza con frenética violencia hacia el oso. El animal se asusta un poco
por la repentina aparición, pero no se deja intimidar y se para en dos para mostrar su
imponencia. El oso le manda un zarpazo a Yuan utilizando la fuerza de su peso, pero Yuan lo
esquiva. De manera rápida y ágil desenvaina su mazo para golpear en la nariz al oso, el cual
queda atontado. Entonces aparece Ark que, de un movimiento limpio con su espada, le corta
la garganta al oso, saliendo de su cuello un gran chorro de sangre.

Cuando el animal cayó al suelo, Ark habló:

—Bueno, hora de cargar —envaina su espada detrás de su espalda.

Los dos agarran el oso y lo cargan hasta el campamento, que lo conforman dos tiendas, una
hoguera y un secador de cuero.

—Yuan, ve despellejando el oso mientras yo traigo leña para la fogata.

Los dos no se complican la vida. Entendían que, entre más lejos de las personas, más
posibilidades tendrían de sobrevivir; la tranquilidad de la soledad siempre es la mejor opción.
Pero esto no dura para siempre: siempre llega alguien a traer caos en medio de la paz.

—Guardias —dijo Yuan despacio y calmado al ver un grupo de hombres a lo lejos.

—¿Qué buscarán estos? —dijo Ark mirándolos fijamente.

—Veo que les fue bien en la caza — El guardia mira al oso que yacía en los pies de Yuan.
—¿Qué quieres? —le dice Ark, imponente.
—Solo un poco de diversión —el que, al parecer, era el jefe se abalanza rápidamente sobre
Ark, dándole un golpe en el estómago para luego hacerlo caer.
Yuan intentó ayudar, pero fue brutalmente reducido a la impotencia.

—Nos quedaremos con el oso, será fácil venderlo en el pueblo —le dice a sus soldados—.
¿Qué tienes ahí? —le pregunta a Ark—. No lo escondas, déjame ver.
Tienen un ligero forcejeo en el suelo.
—Tanto te aferras a una mísera moneda de plata, jajajaja. Qué pena me das —le da un golpe
fuerte en las costillas.

Los guardias se fueron, dejando aquel lugar sin nada. Un día más en un Reino cualquiera.
Qué vil es humillar a aquellos que no se defienden por ser débiles, sino porque no poseen el
deseo de pelear.
—Idiotas, idiotas… —repetía Ark postrado en el suelo, con susurros casi insonoros—.
¡IDIOTAS! —gritó al final para desahogar su ira.
***
En la noche, los dos la pasaron tendidos en el suelo, sin moverse, inertes, deseando cada uno
que cualquier animal acabara con sus patéticas vidas. Pero esto nunca iba a suceder, porque el
Creador tenía otros planes.
Se levantaron al siguiente día sin nada, tanto materialmente como espiritual; ni siquiera en su
estómago había algo.
Con la poca fuerza que les quedaba, volvieron casi a rastras al pueblo de La Hoja Marchita,
un nombre cualquiera para un pueblo cualquiera. Era un lugar abandonado por todos, sin
sentido, sin propósito: 10.000 personas condenadas a vivir la vida diaria sin ningún tipo de
ambición.
Todas las personas al verlos en ese estado, se relamían sus bocas con su lengua: "carne
fresca", se decían.
Ark lo notó y aceleró el paso hasta la puerta de Parnik, un viejo cazador que ahora se
dedicaba a vender ropa.

—Soy yo, Ark, abre la puerta, por favor.

Nadie respondía. Ark ya se estaba impacientando un poco. Yuan entonces escuchó un ruido
sutil y volteó a mirar: observó a tres tipos con navajas en mano. Yuan le da con el codo a Ark
para que voltee a mirar. Ark, al verlos, no sintió miedo sino paz, puesto que al fin iba a
descansar de este mundo. En sus ojos no se podía observar ni una pizca de preocupación; su
postura era relajada, al contrario de la de Yuan, que se notaba tenso y preocupado. Cuando el
atentado ya iba a suceder, la puerta que estaba detrás de ellos se abrió y una mano jaló a Ark
y Yuan dentro de la casa.
—Estúpidos, ¿cuándo dejarán de joderme la vida? Ya me tienen harto, siempre vienen a mi
casa para huir de sus problemas.
—Perdónanos, Parnik —dijo Yuan.
—¿Ahora qué es lo que quieren? —dijo Parnik mientras caminaba hacia una silla con su
bastón.
—¿Será mucho pedir quedarnos unos días nada más? —dijo Yuan.
—Sí, es mucho pedir.
Su mente le recalcaba que no debía ayudarlos, pero algo en lo profundo de su corazón, en el
fondo de su alma, brillaba un poco de humanidad, porque cada vez que los miraba, recordaba
a aquellos dos niños que un día tocaron su puerta.
—Váyanse al sótano. No quiero que la gente se dé cuenta de que tengo a dos hombres heridos
en mi casa, me espantarían la clientela.
—Muchas gracias, viejo —contestó Ark mientras renqueaba junto a Yuan.
***
La forma con que se conocieron Parnik y los muchachos fue un poco extraña para la
cotidianidad de este reino. Parnik se encontraba limpiando un cuchillo cuando tocaron su
puerta; él, con rabia, la abrió y vio a dos niños de 9 años mirándolo fijamente. Intentó
ignorarlos cerrándoles en la cara, pero el pequeño Ark, que siempre iba dispuesto a todo,
evitó que la puerta se cerrará con su pie.
—¿Qué es lo que quieren, inútiles? —dijo Parnik enfurecido.
—¿Nos enseña a cazar, señor? —dijo Ark.
“¿Qué le pasa a estos niños? Vienen de la nada con una petición cualquiera. Deben de tramar
algo”
Miro a todos lados intentando buscar a alguien más con ellos. No descubrió a nadie.
—Yo no pierdo el tiempo con débiles —Parnik intentó cerrar la puerta de nuevo, pero Ark lo
volvió a evitar.
—Nosotros somos muy fuertes.
Parnik, irritado por los niños, les tiró su cuchillo.
—Tráiganme un jabalí con grandes cuernos y lo consideraré —esta vez cerró la puerta con
fuerza.
Parnik pensaba que el jabalí los iba a matar y disfrutó imaginando aquella escena mientras
seguía en sus asuntos: despellejando animales, arreglando carnes y secando cuero. La noche
llegó y algo tocó su puerta. Parnik tomó su espada y salió listo para matar a quien perturbó su
paz. Sorprendido por la escena, vio cómo los niños se encontraban cubiertos de sangre y, al
lado de estos, un jabalí con grandes cuernos que duplicaban sus pequeños tamaños.
—Vengan mañana, les enseñaré lo básico —Parnik arrastró el jabalí, que pesaba alrededor de
50 kilos, hacia su casa. En su mente solo rondaba la misma pregunta: ¿cómo estos niños
trajeron este animal hasta acá?
Parnik dejó el animal encima de una mesa para, al día siguiente, despellejarlo. Se encontraba
muy cansado para hacerlo en ese mismo instante, así que se dirigió a su cama. En el trayecto
miró de reojo la ventana y vio a Ark y Yuan acostados al lado de su puerta. Un poco de
compasión recorrió su cuerpo; un impulso lo llevó a tomar una cobija. Salió y, sin decir
ninguna palabra, les tiró la cobija a los niños para luego entrar a la casa e irse a dormir.
Parnik entonces les enseñó a los niños todo lo que él sabía. Los entrenó en el arte de la
muerte rápida y fina, sin dañar en ningún momento la piel. Les mostró la cruda realidad del
mundo que debían afrontar.
Una vez presenciaron la violación de una chica por parte de los guardias reales: iban de
regreso a casa después de una buena cacería, cuando vieron cómo dos soldados y el guardia
real perseguían a una mujer pobre de hermosa apariencia. La lograron alcanzar y a la fuerza
la metieron a un callejón. Parnik se hizo el ciego e intentó seguir de largo, pero Ark lo jaló de
su ropa.
—Deberíamos ayudarla, viejo Parnik.
—Preocúpate por ti porque nadie más lo hará. Todo lo demás no importa. No importa si esa
chica era buena o pura, ¿quién la manda a estar a estas horas en las calles? Ella jamás te
ayudaría si tú estuvieras en su posición.
El guardia real, antes de meterse al callejón, los volteó a mirar secamente. Parnik también lo
miró y siguió de largo.
Tal vez por este pequeño hecho de Ark hizo que el Creador le pusiera los ojos. Tal vez y solo
tal vez el Creador vio, en toda aquella oscuridad, un poco de luz… un poco de esperanza.
Parnik nunca les preguntó su pasado, de dónde eran o de dónde venían; entre menos supiera,
mejor. Siempre procuró no encariñarse con ellos, pero no lo pudo lograr. Aquellos niños le
recordaban aquel breve momento de felicidad cuando estaba con su esposa e hijo. Esos niños
le traían paz, pero también dolor, el dolor de un recuerdo fugaz que jamás volvería. Así que,
para no recordar más, echó a los niños de su casa cuando cumplieron los 15 años.

Parnik pensaba en no volverlos a ver jamás, pero ahora los tenía de vuelta, y en dos años
nadie puede olvidar lo que en algún momento lo hizo feliz. Habían cambiado harto desde la
última vez que los vio: Yuan era alto y fornido, con una buena masa corporal, un peso pesado
que entrenó para tumbar bestias de gran calibre. Su cabello era revoltoso, difícil de dominar.
Ark, en cambio, era flaco, con menos músculos, pero del mismo tamaño que su amigo. A Ark
lo entrenó para matar bestias sin dañarlas tanto; era ágil y con un talento para mover sus pies
que competía con los guardias. Su cabello era corto, con un peinado hacia arriba; a los lados
tenía un degradado que mostraba su belleza juvenil. Ahora los tenía malheridos en una
habitación llena de ropa. Parnik quería sacarlos para que se murieran en la calle, pero no
podía hacerlo; sus recuerdos junto a ellos se lo impedían.
Dos días transcurrieron para que Ark y Yuan se recuperaran de la golpiza que les habían
dado. Parnik, al verlos ya mejor, les dijo:
—En la noche se me largan y espero no volverlos a ver otra vez acá.
Ark y Yuan asentaron con la cabeza.
El resto de la tarde, los chicos se la pasaron tirándose cuchillos de un lado al otro,
combatiendo el aburrimiento. Ya en la noche salieron para partir del local, pero un ruido los
detuvo. Un ruido proveniente de la sala de estar de Parnik. Con curiosidad fueron a mirar qué
estaba pasando. Se acercaron con cautela para luego escuchar una conversación.
—¿Dónde tienes los informes, maldito estúpido? —le da un golpe en la cara—. Oh, viejo, ya
lo sabemos todo, revolucionario hijuep… Busquen en los armarios —le dio órdenes a sus
soldados—. Ni creas que se saldrán con la suya; cuando sepamos quién está detrás de todo
esto, sufrirán como ningún otro ser y lamentarán aún más haber nacido en esta porquería de
reino.
—Señor, encontramos algo —un soldado empezó a agitar una carta en el aire.
—Ja, estás acabado, Parnik, pero mira el lado bueno: verás a tu esposa de nuevo. Dámela
saludos de mi parte; todavía la recuerdo muy bien, estaba tan apretadita...
Parnik intenta zafarse, pero no puede. El guardia real entonces intenta tomar la carta, pero
antes de que lo consiguiera, un hilo de sangre salpicó su rostro. Había perdido el brazo.
Todavía no había comprendido nada cuando sintió un gran peso embistiéndolo: Yuan se había
abalanzado sobre él y lo había tumbado al suelo para darle repetidos golpes, mientras Ark
recogía la carta que su víctima había soltado. El guardia, aunque tumbado en el suelo, no se
dejaba y esquivaba la gran cantidad de golpes que Yuan le propinaba.
Ark se batió en duelo con un soldado que tenía al frente; con sus grandes reflejos iba
esquivando todos los ataques que el soldado con su sable le mandaba.
Una patada logró desestabilizarlo para luego ser asesinado por la espada de Ark.
Otro soldado intentó huir del lugar y, con fría precisión, Ark aventó su cuchillo, clavándoselo
en la cabeza. Yuan seguía golpeando frenéticamente al guardia real y, por un momento, tuvo
la oportunidad de desenvainar su mazo, lo cual hizo sin ningún inconveniente. Ya con el
mazo en sus manos, con todas sus fuerzas golpeó la cabeza del tipo y se la estalla, salpicando
el lugar de sangre.
—Te gané, maté a tres y tú nomás a uno —le dijo Ark a Yuan.
—Yo maté a un guardia, tú a sucios soldados.
Los dos se habían divertido por la situación en la que se habían metido.
—Ustedes siempre están metiéndose donde nadie los llama —Parnik, con su bastón, les pega
a cada uno en la cabeza—. Presta pa' acá —le quita la carta a Ark—. Ahora lárguense y no
vuelvan.
Los dos solo rieron y abrazaron al viejo —Gracias Parnik por todo, algún día te lo
pagaremos.
Los pobres muchachos salieron a toda prisa de aquel lugar antes de que Parnik los golpeara
nuevamente. Con hambre y muchas preguntas, volvían al bosque, donde poco a poco los iba
consumiendo, dejándolos sin ambición, sin amor, sin sentimientos.
***
Al otro día no pudieron cazar nada, por ende no comieron.
Al atardecer, cuando el alba se disponía a partir dejando en el cielo su majestuosa obra de
arte, que por un segundo daba vida a lo muerto, escucharon el ligero ruido de un caballo
pasando a lo lejos de donde ellos se encontraban. Por el miedo a que sucediera lo de la vez
pasada, Ark y Yuan rápidamente se subieron a un árbol y, en la seguridad de sus hojas, vieron
a un hombre que estaba tapado con una capucha. No le dieron importancia, así que
simplemente lo dejaron pasar.
Cuando se disponían a bajar, escucharon un crujir de ramas imperceptible para cualquier
persona común, un ruido que interrumpía la melodía de la noche. Ya más atentos, observaron
cómo dos hombres se acercaban al encapuchado, sosteniendo cada uno una espada.
A Yuan le dio igual, pero a Ark siempre le resultaba difícil ser inhumano. Con un codazo
llamó la atención de Yuan para luego saltar hacia las ramas de otro árbol. Yuan siguió su
juego; Ark era la única persona capaz de sacarlo de su zona de confort.
Cada uno se ubicó en árboles paralelos, protegiendo al hombre de la túnica. Sus movimientos
estaban perfectamente sincronizados, además de que no se podía escuchar nada, solamente la
brisa de la muerte que traía el bosque. En un solo momento, los dos hombres salieron a la luz
y, con sus espadas ya desenvainadas, atacaron sin más al encapuchado. Fue en ese instante
que fueron opacados por la espada y el mazo de la angustia. Ark, siempre fiel a matar de un
golpe mortal, corta gran parte del cuello de uno de los hombres. Yuan, un poco más ordinario,
golpea al otro haciéndole perder el equilibrio para luego ahorcarlo con su mazo. Pobre aquel
hombre que intentaba hacer de todo para respirar tan solo un poco de aire.
Al final, tras haber acabado con ellos, Ark y Yuan se pusieron a requisar sus cuerpos para ver
si tenían algo de valor. Les dio igual la presencia del hombre encapuchado; al final de
cuentas, aquel hombre no los ayudaría a sobrevivir el mañana. Este, al ver que no le ponían
atención, puso su mano izquierda en la espalda y la derecha en su pecho para luego inclinar la
cabeza y marcharse.
—Qué persona tan rara —le dice Ark a Yuan.
Yuan, sin ver nada de lo que pasaba, le dice:
—Encontré algo —alza la mano—. Es un anillo de plata, lo podremos intercambiar mañana
por un poco de pan.
Ya cansados, se recuestan al lado de un árbol para dormir, puesto que sus tiendas se las
habían llevado los guardias. Debían soportar el frío del bosque sin reclamo alguno.
***
Al siguiente día partieron hacia el pueblo.
Con sus trajes de asesino caminaron sin llamar mucho la atención hacia la panadería, donde
por fin pudieron disfrutar cada uno un poco de pan.
—Valió la pena el esfuerzo de anoche —dijo Yuan mordisqueando su pan.
—Sí, qué pan tan rico, tiene buen queso, es una delicia.
—¿Sabes qué sería bueno? Una limonada para combatir este calor.
—Con hielito, así bien frío.
—Exacto, quedaría exquisito, como la chica de allá.
Los dos se miran y hacen señas de aprobación.
Pero la vida nunca es tan buena con los elegidos, puesto que ella, al verte levantar, hará todo
lo necesario para hacerte volver a caer. El Creador prepara todo para que pruebes la felicidad,
mas nunca la puedas tomar; la aleja de ti lo necesario para que sigas luchando por ella y
demuestres por qué tú lo tendrás todo.
Cuando estos dos ya estaban en la ruta para salir del pueblo, el guardia real y sus soldados se
les interponen en el camino.
—Veo que les ha ido bien después de todo —dijo el guardia—. Requísenlos.
—No, esperen, no tenemos nada —dijo Ark sin dejarse poner la mano encima.
—No intentes hacer algo y obedece —le dijo un soldado que lo sujeta del hombro.
Pero Ark, al sentir la mano de un soldado, desenvaina su espada y le corta velozmente la
pierna.
El guardia real, al ver esto,desenvaina también su arma y arremete contra Ark, pero este
bloquea el ataque.
Yuan hace lo mismo, desenvainando su mazo y, de un golpe, manda a volar a un tipo para
luego seguir con otro.
Ark y el guardia real siguieron con lo suyo: era golpe tras golpe, bloqueo tras bloqueo. El
ruido del acero generaba un gran estruendo y ondas de viento. Ark a medida que el combate
continuaba; aumentaba más la fuerza y rapidez de sus golpes, tanto así que logró conectar
uno, cortando una parte del rostro a su rival.
Desconcertado el guardia. Intenta tomar distancia de su oponente, pero no puede, puesto que
Ark se anticipó a su movimiento. Sin ninguna otra opción, hace uso de su poder: una onda
vinotinto sale de su cuerpo, mandando con fuerza lejos a Ark, que al caer al suelo se levanta
en un solo movimiento.
Se podía observar una especie de energía vinotinto que rodeaba la espada con una espiral que
se metía lentamente en esta, agrietando su figura.
—Pagarás bien cara tu odisea —dijo el guardia, quien emanaba ira de sus ojos.
Ark volvió a arremeter con violencia, pero su ataque fue bloqueado. Lo volvió a intentar y
pasó lo mismo; lo hizo una y otra vez con el mismo resultado. El guardia ni siquiera se
esforzaba por intentar repelerlo, pues el círculo de energía proveniente de alrededor del
guardia evitaba que Ark lograra llegar a lastimar su cuerpo.
—Ya me cansé de tu insolencia —Blandea su espada horizontalmente para cortar en dos a
Ark —. ¡Gran corte del príncipe Ekerel!
Ataca con un golpe devastador y rápido que Ark alcanza a bloquear con su espada. En ese
momento, su espada fue rota en 1.234 pedazos, dejando a Ark en el suelo y sin posibilidad de
seguir luchando.
El guardia se percató de que Yuan había acabado con sus tres soldados que lo acompañaban
con total rapidez y sin esfuerzo. Asi que Atacó a Yuan, quien alcanzó a esquivar su golpe,
pero el guardia, que tenía planeado eso, se puso a las espaldas de Yuan y, con un corte en su
pierna, lo puso de rodillas para luego darle con el mango de su espada en la cabeza,
haciéndolo perder la razón.
“Maldito seas, Ark. Ninguna persona antes había podido sobrevivir a mi corte, mucho menos
bloquearlo. Me dejas en vergüenza cada vez que nos encontramos. Aquí y ahora te mataré”,
dijo el guardia en su mente, pero al ver a la gente que se aglomeraba tuvo una mejor idea.
—Esto es lo que les pasa si no obedecen mis órdenes y las del Rey —le grita a la gente que
veía lo que sucedió con asombro y preocupación —. Soldados, llevenselos al bosque para que
se los coma algún animal. Estos no tienen perdón delante del Rey y de los hombres.
Entonces los tres soldados, muy heridos, se levantaron a rastras y llevaron los cuerpos, que
parecían cadáveres, hacia el bosque, donde los arrojaron como basura.

Thoughts

  • AYClover

    Mierda O.o... tienen magia los soldados reales?

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