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Capítulo 1: Un día normal (o eso parecía)

DNavarrete
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El cielo estaba despejado. Un azul limpio, sin nubes que interrumpieran la luz del sol que caía suavemente sobre los edificios de la academia. El viento apenas se sentía, lo suficiente para mover…

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Contenido de la publicación

El cielo estaba despejado. Un azul limpio, sin nubes que interrumpieran la luz del sol que caía suavemente sobre los edificios de la academia. El viento apenas se sentía, lo suficiente para mover hojas, cabello… y conversaciones. Un día tranquilo. Uno que no prometía nada fuera de lo normal.

 

—¡¿Pero en qué estaban pensando?!

 

La voz rompió la calma sin ningún tipo de delicadeza. Algunas miradas se desviaron, pero no era sorpresa. Era costumbre.

 

—Leo, explícame por qué alguien pensó que era buena idea poner eso en el menú.

 

Leonhart caminaba con total tranquilidad, una mano en el bolsillo, la otra sosteniendo su bolso de cuero con descuido elegante. Su cabello rubio claro brillaba bajo el sol, y sus ojos azules parecían observar todo… incluso cuando no lo hacía directamente.

 

—No lo he probado aún.

—¡No necesito probarlo para saber que es horrible!

—Eso suena a prejuicio.

—Eso suena a instinto de supervivencia.

 

Miyu caminaba a su lado, claramente molesta. Sus coletas se movían con cada paso, los lazos rojos contrastando con su cabello oscuro. Sus ojos, intensos y expresivos, dejaban claro que no estaba exagerando… al menos, no para ella.

 

—¿Sabes qué es lo peor? —continuó, cruzándose de brazos.

—Que seguro a alguien le gustó.

—Eso es lo normal.

—Eso es preocupante.

 

Leonhart dejó escapar una leve risa. Miyu rodó los ojos, pero no se apartó. Nunca lo hacía.

 

—Igual deberías probarlo antes de juzgar.

—Igual deberías dejar de defender cosas cuestionables.

—No lo estoy defendiendo.

—Lo estás haciendo.

—Lo estoy considerando.

—Eso es peor.

 

El ritmo entre ambos era natural, sin esfuerzo. Como si esa conversación ya hubiera ocurrido cientos de veces… con distintos temas, pero el mismo resultado.

 

—Por cierto —dijo Leonhart, como si nada—. No te presentaste.

—¿A quién?

—A quien esté viendo esto.

 

Miyu frunció el ceño, mirando al frente… y luego ligeramente a la nada.

 

—…Qué.

—Nunca sabes.

 

Y entonces, sin previo aviso…

 

A la altura del hombro de Leonhart, apareció algo.

 

No era una pantalla común. No era un celular, ni un holograma claramente tecnológico. Era… un cuadro suspendido en el aire, como si alguien hubiera decidido escribir sobre la realidad misma.

 

Letras limpias. Ordenadas.

 

Como si alguien estuviera “presentándolo”.

 

 [ PERFIL DE PERSONAJE ]

 

Nombre: Leonhart Veyron

Edad: 17

Curso: Segundo año

 

Personalidad:

 

Tranquilo

Observador

Amable sin esfuerzo

Peligrosamente perceptivo

 

Detalles:

 

Familia de élite

No le interesa el estatus

Tiende a notar lo que otros ignoran

 

Medidas:

Altura: 1,82 m

Complexión: Atlética ligera

 

[ FIN DEL PERFIL ]

 

Leonhart lo miró apenas de reojo.

 

—Ah… eso.

 

Miyu también lo vio.

 

Y no le gustó.

 

—No empieces.

 

—No estoy haciendo nada.

 

—Pero eso sí.

 

El cuadro se deslizó suavemente… como si buscara espacio.

 

Como si quisiera continuar.

 

Miyu entrecerró los ojos.

 

—Ni se te ocurra.

 

El aire volvió a distorsionarse.

 

Otro cuadro comenzó a formarse frente a ella.

 

[ PERFIL DE PERSONAJE ]

 

Nombre: Miyu Akamine

Edad: 17

Curso: Segundo año

 

Personalidad:

 

Directa

Expresiva

Protectora

Intuitiva

 

Detalles:

 

Amiga de la infancia de Leonhart

Reacciona antes de pensar

Confía en su instinto más que en la lógica

 

Medidas:

Altura: 1,62 m

Complexión:—

 

Miyu no esperó.

 

Su puño se tensó.

 

Y lo lanzó directo.

 

💥 ¡CRACK!

 

El impacto fue seco. Real.

 

El cuadro no desapareció.

 

Se rompió.

 

Fragmentos de luz se dispersaron como vidrio invisible, cayendo y desvaneciéndose antes de tocar el suelo.

 

—¡LAS MEDIDAS NO SON NECESARIAS!

 

Varias personas cercanas giraron la cabeza por el grito.

 

Pero nadie parecía ver lo que se había roto.

 

Solo escucharon la voz.

 

Solo vieron a Miyu… golpeando el aire.

 

Leonhart la observó en silencio unos segundos.

 

—…¿Te sientes mejor?

—Sí.

—Bien.

 

Los fragmentos terminaron de desaparecer.

 

Y con ellos…

 

cualquier rastro del cuadro.

 

—Deberías controlar ese impulso —comentó Leonhart mientras retomaban el paso.

—Deberían dejar de intentar mostrar cosas innecesarias.

—Punto válido.

—Siempre lo es.

 

Siguieron caminando como si nada hubiera pasado.

 

Como si romper algo que no debería existir… fuera completamente normal.

 

Un paso más. Otro.

 

Entonces—

 

Un tropiezo. Un sonido seco contra el suelo.

 

—¡Ah—!

 

Una chica había caído justo frente a ellos.

 

Y esta vez…

 

no era algo que pudiera ignorarse.

 

La chica cayó justo frente a ellos.

 

Por un segundo… nadie reaccionó.

 

Y al siguiente—

 

—¡Ah—! ¿E-estás bien?

 

Miyu fue la primera en moverse.

 

Se agachó de inmediato, inclinándose hacia la chica con una expresión completamente distinta a la de hace unos segundos. Su tono cambió, su mirada también… más suave, más cercana.

 

—Tranquila, no pasa nada —añadió mientras le ofrecía la mano—. ¿Te lastimaste?

 

La chica parpadeó, sorprendida por el cambio.

 

—N-no… creo que no…

 

—Entonces levántate con cuidado.

 

Miyu sostuvo su mano con firmeza, ayudándola a ponerse de pie como si ya lo hubiera hecho mil veces.

 

Leonhart observó la escena… y suspiró apenas.

 

—Ahí está otra vez.

 

Miyu ni siquiera lo miró.

 

—¿Qué?

 

—Esa cosa.

 

—¿Qué cosa?

 

—La que aparece cuando ves a alguien más joven que tú.

 

Miyu entrecerró los ojos.

 

—No sé de qué estás hablando.

 

—Claro que lo sabes —respondió él con una leve sonrisa—. Te sale esa actitud de hermana mayor que—

 

Miyu levantó el puño sin siquiera girarse.

 

—Sigue hablando y te dejo medio tonto.

 

Silencio.

 

Leonhart alzó ambas manos en señal de rendición.

 

—Me detengo.

 

—Bien.

 

La chica los miraba a ambos, algo confundida… pero también aliviada.

 

Acomodó un poco su bolso, todavía nerviosa.

 

—Lo siento mucho… no estaba mirando…

 

—No pasa nada —respondió Miyu de inmediato—. El primer día siempre es así.

 

—¿Eh…?

 

—Eres nueva, ¿verdad?

 

La chica asintió rápidamente.

 

—S-sí… recién llegué y todavía no entiendo bien cómo funciona todo…

 

Leonhart dio un paso al frente, relajado como siempre.

 

—Entonces caíste en el mejor lugar posible.

 

Miyu lo miró de reojo.

 

—No exageres.

 

—No lo hago.

 

La chica dudó un segundo… y luego habló con algo más de confianza.

 

—Yo soy… Airi Shinozaki.

 

Y entonces—

 

El aire volvió a distorsionarse.

 

Frente a ella.

 

El mismo tipo de cuadro.

 

Silencioso.

 

Ordenado.

 

Como si siempre hubiera estado destinado a aparecer.

 

[ PERFIL DE PERSONAJE ]

 

Nombre: Airi Shinozaki

Edad: 16

Curso: Primer año

 

Personalidad:

 

Tímida

Educada

Curiosa

Fácilmente impresionable

 

Detalles:

 

Estudiante transferida

Aún no entiende el funcionamiento de la academia

Tiende a disculparse incluso cuando no es necesario

Se adapta rápido cuando alguien le transmite confianza

 

Medidas:

Altura: 1,55 m

Complexión: Delicada

 

El texto continuó formándose… como si algo quisiera añadir más.

 

Y lo hizo.

 

Miyu quiere una hermanita así de linda.

 

Silencio.

 

Miyu se quedó completamente quieta.

 

Leonhart… no pudo evitarlo.

 

Soltó una risa.

 

—…

 

La vena en la frente de Miyu se marcó levemente.

 

—…

 

💥 ¡CRACK!

 

El puño impactó otra vez.

 

Directo.

 

Sin dudar.

 

El cuadro se hizo añicos en el aire, rompiéndose en fragmentos de luz que se dispersaron antes de desaparecer.

 

—¡ESO TAMPOCO ES NECESARIO!

 

Airi dio un pequeño salto hacia atrás.

 

—¿E-eh…?

 

Miró a su alrededor.

 

Luego a Miyu.

 

Luego a Leonhart.

 

Claramente no entendía nada.

 

—¿Q-qué fue eso…?

 

Leonhart se limpió una pequeña lágrima en el rabillo del ojo, aún sonriendo.

 

—Nada importante.

 

—¡Sí lo era!

 

—Para ti.

 

—¡Para nadie!

 

Miyu cruzó los brazos, dándose vuelta con evidente molestia.

 

—Deberían dejar de escribir cosas sin permiso…

 

—Eso implicaría que alguien está escribiendo —respondió Leonhart.

 

—No lo está.

 

—Entonces, ¿qué fue eso?

 

—…

 

Miyu no respondió.

 

Airi los miraba en silencio.

 

Confundida.

 

Totalmente perdida.

 

Y sin darse cuenta…

 

acababa de entrar en algo que no entendía.

 

Los tres comenzaron a caminar juntos.

 

El flujo de estudiantes los envolvía, pero poco a poco Airi dejó de mirar a su alrededor… y empezó a centrarse en ellos.

 

Era lo único estable que tenía en ese momento.

 

—Entonces… —dijo Leonhart con calma—. ¿Quieres saber cómo funciona este lugar?

 

Airi asintió varias veces.

 

—¡S-sí!

 

Miyu suspiró.

 

—Más te vale escuchar bien desde el inicio.

 

—No la asustes.

 

—No la estoy asustando.

 

—Un poco sí.

 

—No.

 

Y entonces—

 

El ambiente cambió.

 

No de forma brusca.

 

Sutil.

 

Como si alguien hubiera decidido… explicar las cosas.

 

Detrás de ellos, la realidad comenzó a “acomodarse”.

 

Las paredes de la academia, los jardines, los edificios…

todo empezó a presentarse como si fueran imágenes perfectamente encuadradas.

 

Cortes limpios.

 

Perspectivas ideales.

 

Como una exposición.

 

Y al mismo tiempo—

 

A un lado…

 

apareció Leonhart.

 

Pero no exactamente.

 

Una versión suya.

 

Más pequeña.

 

Chibi.

 

—Bienvenidos a la Academia Aozora —dijo el pequeño Leonhart con una sonrisa tranquila, como si llevara años haciendo esto—. Una institución diseñada para formar a la élite del futuro.

 

Airi parpadeó.

 

—¿Eh…?

 

Del otro lado—

 

Miyu apareció también.

 

Versión chibi.

 

Brazos cruzados.

 

Expresión seria.

 

Y al lado de ella… Airi.

 

También en versión chibi.

 

Mirando todo con ojos brillantes.

 

—Dicho de forma simple —continuó Miyu—. Esta no es una escuela normal.

 

—No lo es —asintió el Leonhart chibi—. Aquí estudian hijos de familias influyentes de todo el país…

 

—…y algunos del extranjero —añadió Miyu—. Gente con peso.

 

Detrás de ellos, las imágenes cambiaban.

 

Salones amplios.

Bibliotecas enormes.

Campos deportivos impecables.

Estudiantes uniformados caminando con elegancia.

 

—La educación aquí es de primer nivel —explicó Leonhart chibi—. Recursos ilimitados, profesores de élite…

 

—Y estándares ridículamente altos —interrumpió Miyu chibi.

 

—Eso también.

 

Airi (chibi) miraba todo como si estuviera viendo otro mundo.

 

—Waaah…

 

—Si te gradúas de aquí —continuó Leonhart—, tu futuro está prácticamente asegurado.

 

—Trabajo, contactos, oportunidades —añadió Miyu—. Todo.

 

—Suena bien, ¿no?

 

—Suena exigente.

 

—También.

 

Las imágenes detrás cambiaron otra vez.

 

Ahora mostraban estudiantes estudiando, compitiendo, entrenando.

 

—No es solo estudiar —dijo Miyu, más seria—. Aquí todos están compitiendo, aunque no lo digan.

 

—Es cierto —asintió Leonhart—. Pero no es algo que debas temer desde el primer día.

 

La versión real de Airi caminaba entre ellos…

 

pero sus ojos estaban fijos en esa “presentación”.

 

Como si la estuviera viendo.

 

Aunque no debería.

 

—Entonces… —murmuró— ¿esto es… como una escuela para gente importante?

 

Leonhart volvió a su forma normal sin que nadie notara cuándo ocurrió.

 

—Más o menos.

 

Miyu también.

 

—Pero eso no significa que todos lo sean.

 

Airi bajó la mirada un segundo.

 

—Yo… no soy de una familia así…

 

Silencio.

 

Leonhart sonrió.

 

—Entonces eres una excepción interesante.

 

Miyu la miró.

 

Un segundo.

 

Dos.

 

—…Mientras no te caigas otra vez.

 

Airi parpadeó.

 

Y luego—

 

—¡N-no me voy a caer otra vez!

 

Leonhart soltó una pequeña risa.

 

Miyu desvió la mirada.

 

Y detrás de ellos…

 

sin que nadie lo mencionara…

 

la “presentación” se desvaneció.

 

Como si nunca hubiera estado ahí.

 

Los tres avanzaban hacia la entrada cuando alguien se cruzó en su camino. No fue brusco, pero sí lo suficiente para hacerlos detenerse.

 

—Vaya… si no son ustedes dos.

 

Leonhart levantó apenas la mirada. Miyu ya sabía quién era antes de verlo completamente.

 

—Qué casualidad —murmuró ella, sin interés.

 

El chico frente a ellos mantenía una postura impecable. Cabello perfectamente acomodado, uniforme sin una sola arruga y una sonrisa que parecía ensayada más veces de las necesarias.

 

—Miyu. Leonhart —saludó con calma—. Siempre es interesante encontrarlos.

 

—No lo parece —respondió Miyu.

 

—Buenos días —añadió Leonhart con tranquilidad.

 

Y entonces el aire volvió a alterarse.

 

No como antes.

 

Esta vez fue más claro.

 

Más definido.

 

Como si algo hubiera decidido mostrarse sin ocultarse demasiado.

 

A un costado del chico apareció el cuadro.

 

Flotando.

 

Visible.

 

Real.

 

[ PERFIL DE PERSONAJE ]

 

Nombre: Adrián Valcrest

Edad: 17

Curso: Segundo año

 

Personalidad:

 

Narcisista de manual

Hijo de mami

 

Detalles:

 

Familia extremadamente influyente

Complejo de superioridad evidente

 

Medidas:

Altura: 1,80 m

Complexión: Delgada atlética

 

[ FIN DEL PERFIL ]

 

Un segundo de silencio.

 

Miyu lo leyó.

 

Leonhart también.

 

Y al siguiente instante—

 

—Pfft—

 

—…No—

 

—JAJAJAJA—

 

Ambos se doblaron de la risa sin poder evitarlo. Miyu prácticamente se sostuvo el estómago mientras golpeaba el suelo con la otra mano.

 

—¡¿HIJO DE MAMI?! —soltó entre carcajadas.

 

Leonhart bajó la cabeza, intentando recomponerse.

 

—Eso… eso no tenía que ser tan directo…

 

Airi los miraba completamente confundida.

 

—¿Eh…?

 

Adrián frunció el ceño.

 

—¿Se puede saber de qué se están riendo?

 

Miyu intentó hablar, pero solo logró reír más.

 

—N-no… es que… no puedo—

 

Leonhart respiró hondo.

 

—No es nada… en serio…

 

El cuadro permanecía ahí.

 

Como si no le importara.

 

Como si supiera exactamente lo que había hecho.

 

Adrián chasqueó la lengua, claramente molesto.

 

—Patético.

 

Su atención cambió entonces hacia Airi.

 

La observó de arriba abajo sin ningún tipo de disimulo.

 

—Ese uniforme… —dijo, ladeando ligeramente la cabeza— no es el estándar.

 

Airi se tensó.

 

—Yo… acabo de llegar…

 

—Claro —respondió él con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos—. Una becada.

 

Airi bajó la mirada, sus manos apretándose sobre el bolso.

 

—No tienes idea de dónde te estás metiendo —continuó—. Este lugar no es para cualquiera.

 

No alcanzó a decir más.

 

Miyu dio un paso al frente.

 

—Ya fue suficiente.

 

Su tono cambió completamente.

 

Leonhart avanzó junto a ella, tranquilo pero firme.

 

Adrián los miró, primero a uno y luego al otro, y entonces sonrió, esta vez sin disimulo.

 

—¿Qué pasa? ¿No recuerdan lo que le pasó al último becado que estuvo bajo mi cuidado?

 

El cambio fue inmediato.

 

La expresión de Leonhart desapareció por completo. Sus ojos dejaron de ser tranquilos.

 

Miyu apretó el puño con fuerza.

 

—No te atrevas —dijo en voz baja, cargada de rabia—. No tienes derecho a nombrarlo.

 

Leonhart dio un paso más al frente.

 

—Ni a hablar de él.

 

El ambiente se volvió pesado, denso, como si el aire mismo se hubiera detenido.

 

Adrián los observó con calma, casi con satisfacción.

 

—Veo que no lo han olvidado.

 

Ninguno respondió.

 

Airi miraba a los tres, completamente perdida, pero sintiendo que algo importante estaba pasando.

 

Adrián se encogió de hombros.

 

—Como quieran.

 

Y simplemente pasó entre ellos, como si nada hubiera ocurrido.

 

El silencio quedó unos segundos.

 

—…Gracias —murmuró Airi.

 

Miyu desvió la mirada.

 

—No fue nada.

 

Leonhart no respondió de inmediato.

 

Y cuando retomaron el camino, ninguno mencionó lo ocurrido. Ni el cuadro. Ni la risa. Ni esas palabras.

 

Pero algo había cambiado.

 

Ese “becado” no era solo un recuerdo.

 

Era una herida.

 

Y alguien acababa de abrirla otra vez.