Me encuentro vagando
en un campo lleno de girasoles.
Ando en busca de paz y tranquilidad,
pero realmente no sé
si quiero paz y tranquilidad.
No sé si estoy en búsqueda de la felicidad,
o por lo menos
en búsqueda de una felicidad ruidosa.
Siento que mi concepto de la felicidad
es estar tranquilo.
Quizás recibir paz,
o estar en paz conmigo mismo.
Mi mente en este momento es un caos.
La verdad, vivo en un caos diariamente.
No sé si me estoy volviendo loco.
Aunque para mí, todas las personas están locas.
Pero tener un poco de locura
es sentirse cuerdo
en un mundo donde pasa de todo.
Quiero que la vida que me queda
sea un recorrido dulce.
Quiero que todo siga su rumbo,
su camino.
Me gustaría que toda la gente fuera feliz.
Me gustaría que toda la gente tuviera lo que desea.
Me gustaría un mundo tranquilo,
sin guerras,
sin batallas.
Un mundo lleno de empatía.
No solamente empatía
en momentos de tristeza,
de caos.
Esa empatía que solamente llega
o aparece cuando hay una tormenta.
Me gustaría que el pueblo sintiera paz.
Que no nos peleáramos entre nosotros.
Me gustaría que cada cosa que hace uno
lo hiciera de corazón,
sin esperar nada a cambio.
Quisiera un mundo lleno de paz,
donde no haya envidia.
Donde la gente ya no se pregunte
por qué está en este mundo
y cuál es el propósito
de la misma existencia.
Ojalá la vida fuera como el viento,
que te lleva siempre a un lugar.
Ojalá fuera quien te guiara,
quien te escuchara,
quien te comprendiera.
No sé qué pensar.
A veces prefiero más pensar,
divagar.
Quisiera creer que todo es real.
Quisiera creer que el mundo que yo veo
sea posible.
Soy una persona que siempre piensa lo malo primero,
crea opciones.
Pero al final del día,
la positividad me rodea
y siempre espera algo mejor.
Solo quiero paz.
Pero no una paz egoísta.
Sino sentir paz con el mundo,
sentir paz conmigo mismo,
sentir paz para mi felicidad.