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Awakened : capítulo 9

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Capítulo 9 – Recuerdos que no deberían existir

Diez años atrás.

El cielo de un planeta lejano se había roto en dos.

Una figura vestida de blanco puro, con una capa que se movía como si estuviera viva y una máscara blanca sin expresión, se mantenía en pie a duras penas. En su mano derecha sostenía una guadaña negra que no reflejaba la luz… la absorbía. Cada vez que la movía, el aire mismo parecía desaparecer.

Se llamaba Muerte Blanca.

Frente a ella, una presencia aún más aterradora.

The High Master.

Alto, imponente, con una armadura oscura que parecía hecha de sombra viva y una mirada fría que no mostraba ni odio ni placer… solo indiferencia absoluta. Era el líder principal de los Kren’tor, la raza que años después enviaría un ejército completo contra la Tierra.

Muerte Blanca tenía un agujero enorme en el pecho. La energía negra de The High Master aún salía de la herida como humo denso. Estaba muriendo.

—Lyrathi… —dijo The High Master con voz grave y sin emoción—. Incluso ustedes caen. El Arquitecto conquistó la mitad de su raza. Yo terminaré el resto.

Muerte Blanca soltó una risa débil detrás de la máscara.

—El Arquitecto… solo conquistó la mitad porque no pudo con nosotros. Los Lyrathi no se rinden tan fácil.

Con el último de sus fuerzas, abrió ambas manos.

Una esfera negra perfecta apareció frente a ella. De sus palmas salieron cinco esferas de un azul-blanco brillante, tan intensas que parecían estrellas comprimidas. Una por una, la esfera negra las absorbió con un sonido sordo, como si el vacío mismo las estuviera tragando.

The High Master inclinó ligeramente la cabeza, confundido por primera vez.

—¿Borras tus técnicas? ¿Para que yo no pueda poseerlas?

Muerte Blanca no respondió. Solo miró hacia un punto lejano del universo, como si ya hubiera elegido un destino.

La esfera negra se cerró… y desapareció.

Segundos después, el cuerpo de Muerte Blanca se desmoronó en luz blanca.

The High Master se quedó mirando el lugar vacío.

Nunca supo la verdad.

Esas cinco esferas no habían sido destruidas.

Habían sido enviadas… a alguien.

En el Presente.

El interior del vehículo negro era silencioso y lujoso. Las ventanas polarizadas no dejaban entrar ni un rayo de luz exterior. Alpha estaba sentado frente al Despertador. A su alrededor, dos asistentes y un comandante permanecían de pie, pero lo suficientemente lejos como para no escuchar la conversación.

El Despertador lo observaba con una calma que resultaba casi inquietante.

—Dime algo —habló por fin, con voz baja—. En estos años… ¿has tenido sueños extraños? ¿Visiones? ¿O has sentido vibraciones dentro de tu cuerpo que no deberías sentir?

Alpha frunció el ceño. Por un momento dudó. Nadie le había preguntado eso nunca.

—Sí… —admitió finalmente—. Hace exactamente diez años… algo entró en mí.

El Despertador no se movió, pero sus ojos se estrecharon apenas.

—Continúa.

Alpha bajó la mirada a sus propias manos.

—No sé cómo explicarlo. Fue como… una presión enorme, pero no dolorosa. Como si algo vivo se hubiera instalado dentro de mí. Desde entonces, de vez en cuando tengo sueños. Sueños muy claros. Veo a una figura vestida de blanco, con una capa y una máscara blanca… pelea contra alguien extremadamente peligroso. Alguien que da miedo solo de mirarlo. Y hay recuerdos… recuerdos que no me pertenecen. Batallas, técnicas, sensaciones… y lo más raro es que están intactos. Como si hubieran ocurrido ayer, no hace diez años. No entiendo cómo es posible.

El silencio dentro del vehículo se volvió pesado.

El Despertador no habló durante varios segundos. Su expresión, normalmente impasible, mostró por primera vez una mezcla de emociones:

Curiosidad intensa.

Impacto.

Atención absoluta.

Y un asombro genuino que casi no sabía disimular.

Uno de los asistentes dio un paso involuntario hacia adelante, pero el Despertador levantó una mano sin apartar la vista de Alpha.

Cuando finalmente habló, su voz sonó más baja… y más seria.

—Esos recuerdos… ¿puedes describir con más detalle a la figura de blanco?

Alpha asintió lentamente.

—Lleva un traje blanco parecido a una parca. Máscara blanca. Y en una de las manos… una guadaña negra que parece tragar la luz.

El Despertador cerró los ojos un instante.

Por primera vez en mucho tiempo, Aetherion —el subordinado más leal de Muerte Blanca— sintió que el corazón le latía con fuerza.

Las habilidades de su maestra…

habían llegado a este chico.

Y estaban intactas.

Cuando volvió a abrir los ojos, su mirada ya no era solo de interés.

Era la mirada de alguien que acababa de encontrar algo que creía perdido para siempre.

—Alpha… —dijo con voz calmada, pero cargada de un peso nuevo—. Hay cosas que necesitas saber. Pero antes… tienes que entender una regla.

Las personas que reciben el Elixis desbloquean sus habilidades después de tres días.

Tú…

no necesitas el Elixis.

Porque lo que llevas dentro…

ya está despierto.

Solo está esperando.

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