Te amo con la calma de una tarde
y con la ansiedad de quien teme despertar
y descubrir que su sueño más hermoso
ya no se encuentra en el mismo lugar.
Tu presencia es mi pequeña felicidad,
mi refugio en medio de la nostalgia,
pero también ese dulce tormento
que se aferra a mi pecho y nunca descansa.
A veces te extraño incluso estando contigo,
como si mi corazón, obsesivo y enamorado,
quisiera guardar cada segundo a tu lado
para que ni el tiempo pudiera arrebatármelo.
Y es que tengo miedo de perder lo que amo,
de que un día tus manos olviden las mías,
de que los recuerdos se vuelvan fantasmas
y tu voz solo me visite en mis noches vacías.
Pero, aun con mis miedos y mi apego infinito,
si volviera a encontrarte entre miles de vidas,
te elegiría de nuevo, sin dudar un instante,
porque hasta mi nostalgia sonríe cuando te mira.
Y si amar es vivir entre el cielo y el abismo,
déjame aprender a amarte sin perderme en el camino;
que seas mi alegría, mi recuerdo más bonito,
y ese hogar al que siempre quiera volver mi corazón.