La discusión entre el puño y la estrategia es vieja en cualquier templo marcial. Bodhidharma llevó meditación a Shaolin porque sin una mente que ve la batalla primero, los guerreros terminan siendo hábiles pero ciegos. Diego vio; Lionkai actuó. Ambos crecieron a medias.
Aethelgard - capitulo 5
Quinto capítulo de Aethelgard, un lugar místico y lejano. Nuevas aventuras le esperan a nuestros héroes.
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Pensamiento
La discusión entre el puño y la estrategia es vieja en cualquier templo marcial. Bodhidharma llevó meditación a Shaolin porque sin una mente que ve la batalla primero, los guerreros terminan siendo hábiles pero ciegos. Diego vio; Lionkai actuó. Ambos crec
Contenido de la discusión
Cap 5. La vieja flor del pantano
El estandarte del reino Candoriano ondeaba con el viento. Un orgulloso león dorado rampante sobre un fondo color azul. Unos miembros de caballeria Kalendriana traian el estandarte propio de su reino: el aguila cazadora de alas extendidas y garras con disposicion al ataque. Sobre un fondo color rojo vinotinto.
El gigantesco Armadillosaurio yacia tirado sobre el terreno fangoso, herido en sus partes menos protegidas y con un olor a descomposicion. Llevaba horas desvivido y los soldados de ambos reinos aún lo rodeaban con lanzas erguidas, arcos y caballos relinchando en su posición.
Sir Diego Alarcón, Joani Bensamin y los gemelos Reikon estaban ahi. Benicio aún montaba su caballo, mientras sostenía la lanza. Camila sostenía su arco largo. La elfa Joani se mostraba serena. Sus manos emitian un brillo azul mistico. Diego veia a la bestia y se sentía orgulloso por otra mision cumplida. El reino de Candora estaba a salvó ahora que el monstruo ya no existía.
La reina Samira llegó al rato, acompañada de un grupo de jinetes locales. Estos eran su guardia real y la custodiaban a dónde quiera que fuese.
Samira Reikon se bajó del caballo como una experta jinete y camino hacia donde estaba la gran bestia. Había logrado derrotar al monstruo que hacía daño a su pueblo, y todo gracias a Diego y sus compañeros. Una sensación agradable la invadía, hacíendola sentir feliz y tranquila.
Por primera vez en mucho tiempo, Samira podía respirar con alivio. Estaba en paz absoluta.
Sus hijos se acercaron y le contaron como había estado la misión. Samira los escucho atenta y con una sonrisa más que satisfactoria.
Diego Alarcón y Joani Bensamin estaban parados uno al lado del otro, conversando.
—Una vez más me has sorprendido, Diego. Tienes talento inato. Lo admito.
—Si, supongo—. Sir Diego no solía alardear de su habilidad. Si por algo lo conocían los demás era precisamente por su actitud calmada y bastante reservada. Acompañada de un sentido del deber y su forma de ser: modesto e introvertido.
El viento soplo desde el este. Trayendo consigo el rocío de la lluvia anterior.
—Tu no te quedas atrás, Joani. Tus poderes mágicos son en verdad excepcionales—. La chica elfa sonrió. No solía recibir muchos elogios.
—Digamos que también es un talento natural. Supongo.
Tanto Diego como Joani se sorprendían de lo que eran capaces de hacer. Ambos creian que si sus habilidades podían servir de algo entonces valía la pena utilizarlas.
Con la infame bestia derrotada solo cabía encontrar a la bruja que había provocado su furia. La enemiga Agarthis debía ser detenida cuanto antes.
El cuerpo del Armadillosaurio sería dejado donde estaba. Eran tan grande como un elefante y con su gran peso difícilmente lograrían moverlo. Diego le ordenó a los soldados prender fuego al cuerpo de la bestia para evitar que Agarthis lo reanimara. Era de conocimiento popular que muchos brujos eran capaces de levantar los cuerpos de las criaturas caídas para usarlos en batalla. O para cualquier otra tarea que se les ocurriera.
La fogata se encendió y mientras ardía, elevando una columna de humo negro a las alturas, Diego ondaba en sus pensamientos. Quizá el joven se imaginaba como estarían sus familiares en Roca del águila, su casa: una fortaleza en lo alto de las montañas Kalendrianas. Custodiada por jinetes de grifos y la orgullosa Guardia Real Kalendriana.
Sus ojos perspicaces que todo lo veían dirigieron su atención hacia los bosques del fondo. En donde no se movía ni un alma. A excepción de una silueta joven y encapuchada. Observandolos. El estratega de los ojos marrones no perdió tiempo y con buen disimulo se apartó del grupo y fue directo hacia donde estaba el extraño vigilante.
El crujido de las hojas resonaba en aquel bosque mientras Diego avanzaba. Sus botas aplastaban las hojas con unos pasos lentos, seguros y constantes. Las gotas del rocío caían de las hojas verdosas y algunos animales pequeños se asomaban desde sus madrigueras.
Diego llegó a un tramo despejado del bosque y se dispuso descansar para drenar su vejiga. En aquel momento, sintio la presencia del encapuchado. Su rostro joven se contrajo en una tenue sonrisa.
Mientras daba la espalda al encapuchado, Diego le dijo—Nuestra batalla si fue dura. Debo reconocerlo—. El extraño vigilante encapuchado luego se detuvo para escucharlo. Había captado su atención.
—Aunque tu no hayas participado de seguro debiste haberte sentido nervioso. Te entiendo—el encapuchado se encogio de hombros. Se veía un poco más relleno que el flacucho comandante.
—He de admitir que yo siempre me siento igual. A pesar de que no participo directamente en las batallas. Me resulta muy intrigante saber si mis estrategias darán resultado.
—Pero si lo tuvieron—señaló el chico encapuchado. Su voz podía compararse con la de un joven de diecisiete años.
Alarcón termino de hacer sus necesidades y se acomodo para luego ir a lavarse las manos en un pequeño estanque que tenía al alcance.
El agua estaba un poco fría por el ambiente pero se sentía bien a pesar de todo.
Diego Alarcón elevo su mirada hacia el vacío y dijo—Todo está en el cálculo. Eso lo aprendí de mi maestro.
El encapuchado se acercó un poco más. Quizá el estratega había captado su interés.
Diego se puso de pie y seco sus manos con el pantalón.
El encapuchado aprovecho para preguntarle—y quién es tu maestro?
A lo que Diego le contesto sonriendo—Suribana.
En ese momento, Lionkai se destapó la cabeza. El nombre parecio despertar algo en el cuando lo escucho.
El sabio conocido como Suribana había sido uno de los primeros grandes estrategas que surgieron cuando el mundo todavía era dominado por los dragones.
A este erudito, oriundo de los fríos paramos del reino de Greylandia, se le atribuian las estrategias que permitieron el triunfo sobre los señores del fuego. No había persona o criatura inteligente en Aethelgard que no conociera su historia. El tipo era, básicamente, un héroe legendario, así como el monje guerrero, Mustafar Randin. La medium del desierto, Alara Tordarin. El gran archisabio, Urion Menfis: fundador de la gran dinastía Menfis: los regentes del reino de Lunarborea. Y el intrépido navegante, Zaragon. Estos cinco héroes lideraron la rebelión contra los dragones en el distante pasado y dieron forma al mundo que existía en la actualidad.
Diego Alarcón y Lionkai compartían en común en haber sido entrenados bajo los principios que crearon aquellas dos figuras importantes de la historia.
—eres de los que leen mucho, verdad?—le pregunto Lionkai sentado a su lado. Ambos estaban a orillas de un pequeño lago rodeado de un gran despeñadero de rocas.
—Te ves muy delgado para ser un guerrero.
Diego se sonrió.—Los guerreros no necesariamente deben ser fornidos y blandir una espada—contesto sin dirigirle la mirada. Su atención estaba puesta sobre las aguas frías y calmadas del lago. Lugar dónde nadaban peces exóticos y extraños.
—Si algo he aprendido en esta vida es que el intelecto es el arma más poderosa que existe. Incluso es más fuerte que cualquier hacha, lanza, espada o martillo.
Lionkai reflexionó en silencio. El susurro de los vientos se escuchaba sutilmente entre las copas de los árboles. Era cómo un canto etéreo acapela.
—Yo crecí en un templo de monjes guerreros en Koneida. Ellos me instruyeron en el arte marcial del puño templado.
—El puño templado—. Repitió Diego al escucharlo. Aún tenía la moneda que su hermana, Liliana, le dio antes de salir de Kalendria. La usaba como amuleto de la suerte. Aunque no lo necesitará. De esa forma podía sentir que tenía a su hermana cerca.
—En mi familia nunca fui el hijo más fuerte o el más aguerrido. Siempre fui más... Intelectual. Por decirlo de alguna forma—. Lionkai lo escuchaba atento. Sus ojos de color verde como esmeralda reflejaban el agua cristalina del lago frente a ellos.
—Mi hermano mayor, Alonso. El siempre se ha llevado todos los elogios. El y mi hermana, Liliana; la hija del medio. Ambos son unos guerreros natos. Alonso como caballero y Liliana como la jinete clériga. Su destino es gobernar Roca del aguila y por ende a Kalendria entera. Yo en cambio soy el hijo que nadie esperaba. Aquel que nació cuando ya los papeles estaban repartidos. Mis padres, Lord Enmanuel Alarcón y Lady Katherine Almeida siempre me han visto como su hijo más débil. Claro. Ellos no lo admiten. Pero sé que es así.
Lionkai no apartaba sus ojos del estratega. Sentía que en aquel momento debía de escucharlo con atención. Había un muy extraño sentimiento invadíendo el pecho de Diego; muy semejante a un martillo golpeando la roca.
—A pesar de que yo no destacaba tanto en otras áreas más "relevantes" me enfoque en no rendirme y decidí buscar la manera de sobresalir por mi cuenta. Aunque soy un buen jinete de grifo nunca me atreví a volar para combatir. Ese mismo miedo fue lo que me alejo de cualquier posibilidad de destacar, sin embargo, encontré algo que me hizo sentir que valia la pena ser muy inteligente: los libros. Ellos me mostraron el camino; resultaron ser mis mejores amigos y mi refugio. Ellos me ayudaron a encontrar un propósito en la vida... La estrategia.
Un nuevo sentimiento, similar al orgullo, lleno el pecho de Diego Alarcón. Reconfortando su alma. El sol se asomaba brillante entre las cortinas de nubes blancas. Asemejando un fresco amanecer.
Diego y Lionkai dirigieron sus miradas al mismo tiempo. El viento les batía las melenas color café.
—el día que estábamos trazando el plan me di cuenta de tu presencia, Lion. Me contarias la razón por la cual estabas ahí?
Lionkai se encogio de hombros. Su silencio duro no más que unos pocos segundos antes de hablar.—Mis maestros del templo me encomendaron una importante misión. Parte de esa misión consistía en venir al reino de Candora para buscar a una peligrosa bruja. La misma que tenía bajo su control al Armadillosaurio—. Diego sintió Interés.
—Te refieres a la bruja Agarthis, verdad?
—Si, esa misma. Según mis maestros, si la logro encontrar podré avanzar a la segunda fase de mi búsqueda.
—Busqueda? Que búsqueda?
Lionkai le contó—la de un sujeto nefasto, quien atacó una biblioteca en el reino de Herbolaria y desvivio a todos los que la custodiaban.
—Como que escuche algo semejante.
Lionkai asintió.—Si, bueno. Pensaba encontrar a ese sujeto mediante Agarthis. Por algo dicen que entre los brujos se conocen.
Diego entendió.—y tenías algún plan al respecto?
—Ahora que lo dices, no—respondio Lion, dándose cuenta de su error.
Diego Alarcón hizo una mueca.—La verdad hiciste bien en no enfrentarte a esa cosa. Si lo hubieras hecho, te habría aplastado sin ningun problema.
—Pero mis puños son resistentes como el acero bruñido. No creo que hubiese tenido problema alguno.
—Una cosa son las creencias, y otra muy distinta, Lionkai, son los hecho. Las tajantes palabras del joven Alarcón resonaron en Lionkai con gran fuerza. Por primera vez en su vida, el se sentía vulnerable. Aquel era un sentimiento algo nuevo para su persona.
—Puedo intuir que tus habilidades, Lionkai son buenas. Por supuesto. Pero hace falta mucho más que eso para ganar una batalla.
—Como así? Me explicas?—. En ese momento, Diego tomo una importante decisión.
—Hare algo mucho mejor, Lion—. Contesto Diego, mientras sonreia.
Sir Diego y Lionkai regresaron con el resto del grupo. Estos aguardaban alejados de los restos de la infame criatura carbonizada. El estratega Alarcón se encargo de presentar a Lion con el resto. El grupo lo recibió con gusto. Incluso la reina Samira, que lo había rechazado antes, decidió darle un voto de confianza al ver que Diego lo apoyaba.
Sin la capucha puesta, Samira Reikon noto en Lionkai algo que llamo mucho su atención.
—Que extraño—. Dijo.—Tu rostro tiene un semblante que me recuerda a una persona muy preciada—. Todos, incluido Lion, se sintieron intrigados. Samira lo intento, pero al no poder descifrar aquel rostro tan familiar, decidió olvidar el tema.
El grupo entonces retomo su misión. Aún quedaba un cabo suelto que debían atar. Aquella poderosa bruja, conocida como Agarthis, la vieja flor del pantano.
Thoughts
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PermalinkLa discusión entre el puño y la estrategia es vieja en cualquier templo marcial. Bodhidharma llevó meditación a Shaolin porque sin una mente que ve la batalla primero, los guerreros terminan siendo hábiles pero ciegos. Diego vio; Lionkai actuó. Ambos crecieron a medias.
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PermalinkMe encantó que haya un templo de monjes guerreros en Koneida. El mundo está bien construido.
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PermalinkLa frase sobre el intelecto siendo el arma más poderosa... voy a estar pensando en eso toda la semana. Diego tiene toda la razón.
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PermalinkPero quién es exactamente Lionkai? Y por qué Samira lo reconoce? Hay algo en su rostro que ella conoce.
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PermalinkMi primer instinto dice que Lionkai es hijo de Samira, pero igual probablemente me equivoco. Algo en esa escena del reconocimiento grita secreto familiar, pero quién sabe.
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