Nuestros cuerpos son tumbas dimensionales, dispuestas para la mayoría de nuestras propias frustraciones, conformadas y compuestas por voluminosas acciones irrealizadas, las cuales van quedando adheridas en la superficie de una cubierta que se va arrugando y ajando, sirviendo luego de capa para el muerto y de tapa del féretro, siempre próximo a ser enterrado con aspavientos por parte de aquellos humanoides que se han creído imprescindibles o irremplazables, siendo en realidad insustanciales además de ser elementos materialmente desechables, escasos son los seres humanos con condiciones reciclables, por haber sido sensibles para los demás, evitando generar una ceremonia que se sabe mantenerse latente y cercana a su propio final, a través de un futuro y sencillo funeral, en el cual primarán sus recordadas realizaciones.
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