El que no sabe lo que quiere, a veces pierde lo que quiere.
Y lo más triste es que algunas veces descubre que perdió exactamente aquello que estaba buscando.
Porque mientras dudas, mientras piensas que quizá habrá algo mejor, mientras no sabes si quedarte o marcharte, hay alguien al otro lado esperando una respuesta.
Alguien que también siente, que también tiene límites y que, aunque te quiera, no puede quedarse esperando para siempre a que decidas qué lugar quieres darle en tu vida.
Y entonces pasa.
Un día esa persona deja de insistir.
Deja de buscarte.
Deja de esperar ese mensaje que antes llegaba.
Y recién ahí comienzas a notar su ausencia.
Te das cuenta de que extrañas sus conversaciones, su manera de estar, la tranquilidad que te daba saber que estaba ahí.
Y quizá empiezas a preguntarte por qué no valoraste todo eso cuando todavía lo tenías.
Pero algunas oportunidades no esperan eternamente.
Hay personas que pueden perdonar muchas cosas, pero llega un momento en que simplemente se cansan de sentirse como una opción.
Por eso, si no sabes lo que quieres, sé honesto.
Porque mientras tú estás intentando descubrirlo, alguien puede estar aprendiendo a vivir sin ti.
Y quizá cuando finalmente entiendas lo que querías, descubras que ya no está.
No porque haya dejado de quererte.
Sino porque se cansó de esperar a que tú decidieras quererla de verdad.