Cargando…

A Masacre do Lobizón

agustin
Pública 0 conversaciones 0 pensamientos 36 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Ney (55): Contrabandista patriarca de Artigas. Viste bombachas de campo manchadas de grasa, boina rota y guarda tres facones en el cinto. Habla portuñol cerrado, es terco como una mula y cree que la…

In groups

Contenido de la publicación

  • Ney (55): Contrabandista patriarca de Artigas. Viste bombachas de campo manchadas de grasa, boina rota y guarda tres facones en el cinto. Habla portuñol cerrado, es terco como una mula y cree que la medicina moderna es una conspiración de Montevideo.

  • Valeria (22): Hija de Ney. Estudiante de sociología en la UDELAR. Habla con tono porteño/montevideano snob, usa palabras en español neutro de manera insoportable y odia el olor a campo.

  • Tiago (24): Novio de Valeria. Joven de Pocitos, fanático del entrenamiento funcional y la kombucha. Está convencido de que la frontera es un ecosistema salvaje sin derechos humanos.

  • Doña Doralice (60): Curandera de la zona. Se pasea con un rosario gigante, una botella de cachaça de contrabando y una rama de ruda que usa para pegarle a la gente en la cara.

  • El Polaco (30): Peón de Ney. Enorme, lento de entendimiento, no habla casi nada y le tiene pánico a los mosquitos y a los bichos de luz.

  • Sargento Oliveira (50): Policía fronterizo uruguayo. Corrupto, perezoso, barrigón. Solo busca cobrar la "tarifa de convivencia" y comer asado gratis.

  • Cabo Moacir (25): Policía uruguayo novato. Hipocondríaco, histérico, lleva un manual de procedimiento que lee a gritos cada vez que algo sale mal.

  • Teniente Da Silva (45): Policía Militar de la Brigada Militar de Quaraí (Brasil). Riguroso, fascistoide, anda con dos revólveres cromados y odia cruzar el puente porque le da alergia el polvo uruguayo.

  • Agente Wanderson (28): Policía brasilero de elite. Fanático de las artes marciales mixtas, no para de hacer estiramientos musculares en medio del caos.

  • El Lobizón da Piedra Pintada: Licántropo ancestral de la frontera. Peludo, gigante, viste alpargatas destrozadas y una camiseta de Peñarol. Odia a los montevideanos, al turismo rural y a la gente que no toma mate amargo.

  • El Espectro do Boliche: Fantasma de un viejo parroquiano que murió ahogado en un barril de caña en 1974 y vaga por la estancia pidiendo un trago.

Escenario: El patio trasero y el interior de un galpón de piedra, chapa y madera en las afueras de la ciudad de Artigas, cerca de la Piedra Pintada y a metros del río Cuareim. Hay bolsas de azúcar "União" de contrabando amontonadas, cajones de caña 51, una parrilla enorme echando humo negro, una mesa de eucalipto llena de moscas y un cuadro del Gauchito Gil junto a una foto de la selección brasilera del 70. Al fondo, un paisaje de monte tupido bajo una luna llena gigantesca y sangrienta.

ACTO I: El Ritmo do Anadoleberamento

(La escena comienza con una tormenta tropical que retumba en la distancia. El aire es pesado y húmedo. Ney está sentando sobre un cajón de caña afilando un facón de medio metro de largo contra una piedra. El Polaco intenta acomodar unas bolsas de azúcar que no paran de caerse por el barro. El viento mueve las chapas del techo produciendo un chirrido insoportable).

Ney: (Escupe al suelo una saliva oscura de tabaco picado, se ajusta la boina sobre los ojos y le grita al Polaco con voz de treno) ¡Presta atención, Polaco de las moscas! ¡Esa carga de azúcar tem que estar cruzada para Quaraí antes que empiece el anadoleberamento! ¡Se la patrulla nos atrapa, te juro por la Santísima Virgen que te corto las oreja y las uso de carnada no río Cuareim!

Polaco: (Temblando, soltando una bolsa que se revienta en el piso derramando tres kilos de azúcar fina) Seu... Seu Ney... o monte tá muy extraño hoy. Escuté unos aullido feo cerca de la Piedra Pintada. Os perro da vecindad no paran de llorar. Tá aconteciendo un anadoleberamento de energía mala, Seu Ney.

Ney: (Se levanta de golpe, le da un planazo en la espalda al Polaco con el lado plano del facón) ¡Anadoleberamento tu abuela, rapaz! ¡Isso es cobardía de guri de ciudad! ¡Acá no hay nada, solo contrabando y trabajo duro!

(De la casona salen Valeria y Tiago. Valeria lleva un vestido de lino blanco con botas tejanas y una laptop bajo el brazo. Tiago viste ropa táctica de marcas caras, anteojos de sol de noche y tres tipos de repelente colgados del cinturón. Tiago mira a su alrededor con una mueca de profundo sufrimiento físico).

Valeria: (Pateando un trozo de bosta seca con indignación) Papá, por favor te lo pido, esto es troglodita. Le acabo de decir a Tiago que la experiencia rural en Artigas era pintoresca, ¡y me encontré con un tipo pegándole a otro con un cuchillo gigante! Es una narrativa súper violenta.

Tiago: (Aplicándose aerosol repelente directamente en la cara, tosiendo) Amor, te juro que la humedad de esta frontera me está descompensando la flora intestinal. No hay conectividad 5G, la señal de mi reloj inteligente cayó y siento que mi nivel de dopamina está en un piso histórico. Además, ese señor... (Señala a Ney) ...me miró feo cuando le pregunté si el asado era carne pastoril sustentable certificada.

Ney: (Mirando a Tiago de arriba abajo con asco infinito, guardando el facón en la faja) ¿Sustentable? ¡Esta carne es de una vaca que robamos anoche do campo de la Seccional Décima, guri de manteca! Si no te gusta, comé la hierba que creció al lado da latrina. ¡Ustedes os jóvenes de Montevideo vienen para acá a hablar fino y no saben ni agarrar un rebenque!

(Entra corriendo Doña Doralice al patio. Camina en zic-zac, descalza, agitando la rama de ruda en el aire y pegándole pequeños azotes a la escenografía).

Doralice: (Gritando fuera de sí, con la voz rasposa por el cigarrillo sin filtro) ¡Cuidado! ¡Cuidado con el anadoleberamenchi! ¡A luna de hoy tá caindo roja sobre el monte! ¡O séptimo hijo del séptimo hijo comió mortadela vencida y tomó caña con ruda sin bendecir! ¡El Lobizón viene furioso, anadoleberamente hambriento!

Tiago: (Aterrado, cubriéndose detrás de Valeria) ¿Anadoleberamenchi? ¿Eso es un dialecto indígena o un término psiquiátrico?

Valeria: (Sacando un cuaderno de notas) Debe ser una construcción lingüística periférica derivada del aislamiento geográfico y la hegemonía del portuñol. Fascinante para mi tesina, aunque la señora huele fuertemente a alcohol etílico.

Doralice: (Le le pega un rudazo en la cabeza a Valeria) ¡Huele a protección, gurisa tonta! ¡Cuando o bicho te arranque la cabeza de un mordisco, andá a protestar a la facultad de Montevideo!

ACTO II: El Despliegue Policial y la Invasión

(Se escucha el rugido de dos patrulleros acercándose a toda velocidad. Luces azules y rojas iluminan el patio. Frenan derrapando en el barro. De un auto uruguayo bajan el Sargento Oliveira y el Cabo Moacir. Del otro patrullero, con matrícula de Brasil, bajan el Teniente Da Silva y el Agente Wanderson. Todos vienen armados hasta los dientes).

Sargento Oliveira: (Ajustándose los pantalones que se le caen por la panza, caminando despacio mientras ajusta su revólver) ¡Buenas noche a la concurrencia! Ney, venimos a inspeccionar... y a ver si esa parrilla ya tiene las achuras listas.

Cabo Moacir: (Histérico, mirando a todos lados con una linterna grande) ¡Sargento, el protocolo de la Jefatura prohíbe comer achuras durante un servicio nocturno de patrullaje preventivo! ¡Además, hay reportes de un animal no identificado en el perímetro! ¡Código tres, Sargento! ¡Código tres!

Sargento Oliveira: ¡Callate la boca, Moacir! El único código acá es el matambre a la leche que me debe Ney por no hacerle la multa del camión sin luces.

Teniente Da Silva: (Cruzando la frontera invisible del escenario con aires de mando, apuntando con su revólver cromado al aire) ¡Alto ahí todo mundo! ¡Esta es una operación conjunta transfronteriza da Brigada Militar! ¡Buscamos un sospechoso de anadoleberamento ilícito de mercadería y perturbación del orden público!

Agente Wanderson: (Haciendo sombras de boxeo y patadas altas al aire) ¡Se hay resistencia, aplicamos la técnica de jiu-jitsu! ¡Anadoleberamente letal!

Ney: (Cruzándose de brazos) Calma os ánimo, policía. Acá solo hay familia, mi guri que vino de Montevideo con el novio maricón, y unas bolse de azúcar que son para consumo personal da casa.

Tiago: ¡Un momento! ¡Señores oficiales, exijo que nos evacúen! Este lugar es un foco de insalubridad y hay un mito local peligroso suelto en la selva.

(Un aullido gutural, mezcla de rugido de tigre y sirena de ambulancia descompuesta, retumba directamente sobre el techo del galpón. El suelo vibra. La luz eléctrica de la finca parpadea frenéticamente y colapsa en la oscuridad).

Cabo Moacir: (Gritando como una niña, tirándose al suelo y abrazando las botas del Sargento) ¡Ayyyy, Dios mío! ¡Es el anadoleberamenchi! ¡Es la bestia! ¡No quiero morir sin cobrar el aguinaldo!

Teniente Da Silva: ¡Atención tropa! ¡Formación de combate! ¡Wanderson, posición de guardia!

(El techo de chapa del galpón se abre violentamente con un sonido de rasgado metálico. Por la abertura cae el cuerpo ensangrentado de un ternero entero. Acto seguido, una silueta gigantesca, llena de pelo negro, con ojos rojos fijos como brasas y luciendo una camiseta deshilachada de Peñarol, salta al centro del patio con un golpe seco).

El Lobizón: (Inspirando hondo, olfateando el aire, hablando en un portuñol visceral y siniestro) ¡Uf... qué cheiro a gente de la capital y a policía corrupto! ¡Anadoleberamento total na miña casa!

ACTO III: La Carnicería Trágica y Absurda

(El pánico se apodera de la escena. El movimiento de los personajes es caótico, con entradas y salidas mientras las garras del Lobizón trabajan con precisión mortal).

Agente Wanderson: ¡Eu controlo esto! ¡Ataque frontal de artes marciales!

(Agente Wanderson se lanza corriendo hacia el Lobizón, da una pirueta en el aire e intenta darle una patada en la cara. El Lobizón simplemente extiende la mano, agarra a Wanderson del cuello midiendo su peso, le tuerce la cabeza en un ángulo de 180 grados con un sonido estruendoso de vértebras rotas y lo arroja como un trapo sucio dentro de la parrilla encendida).

Agente Wanderson: (Desde la parrilla, quemándose) O golpe... fue... anadoleberamente... técnico... (Fallece entre las brasas).

Teniente Da Silva: ¡Wanderson, no! ¡Mataste a mi mejor hombre de la división de combate sin armas! ¡Toma plomo, monstruo del demonio!

(El Teniente Da Silva descarga su revólver cromado a quemarropa contra el pecho del Lobizón. Las balas rebotan en la piel dura del monstruo con chispas metálicas. Una de las balas rebotadas le da directamente en la frente al Cabo Moacir).

Cabo Moacir: (Mirando hacia arriba, tocándose el agujero en la frente) Sargento... me dieron... pido... licencia médica... por dos semanas... (Cae de espaldas sobre las bolsas de azúcar, muerto al instante).

Sargento Oliveira: (Mirando el cuerpo de Moacir) Bueno... al menos me ahorro el informe semanal... ¡Pero a mí no me vas a comer, bicho! ¡Yo soy la autoridad de Artigas!

(El Lobizón abre la bocaza, llena de colmillos amarillos y babeantes, agarra al Sargento Oliveira por las dos piernas y lo parte al medio como si fuera un pan francés. La sangre salpica la pared donde está el cuadro del Gauchito Gil).

Sargento Oliveira: (Con el torso separado en el suelo, mirando sus propias piernas a dos metros) ¡Ah, la gran puta!... Mañana... no voy a poder... ir a la seccional... (Cae inerte).

Doralice: (Corriendo en círculos alrededor del monstruo, tirándole chorros de cachaça en los ojos) ¡Fuera, espíritu de la anadoleberación! ¡Volvé para la Piedra Pintada! ¡Volvé para la tumba de tu madre!

El Lobizón: (Enojado por el alcohol en los ojos, le da un manotazo tremendo a Doña Doralice) ¡Cállate la boca, vieja pesada!

(Doña Doralice sale volando por los aires, atraviesa la pared de chapa del galpón dejando una silueta perfecta humana y se escucha un impacto seco contra un pozo ciego a la distancia).

Doralice: (Voz lejana desde el pozo) ¡El... anadoleberamenchi... me llevó...! (Silencio absoluto).

Polaco: (Aterrado, corriendo hacia la puerta) ¡Eu me voy para Brasil! ¡Eu me voy para Quaraí!

(El Espectro do Boliche aparece de repente atravesando el piso, flotando, vestido con ropas de 1970 y agarrando una botella vacía).

Espectro do Boliche: (Con voz de ultratumba) ¿Alguien tem un trago de caña para convidar?

Polaco: ¡Ayyy, un fantasma borracho!

(El Polaco tropieza con la botella del Espectro, sale despedido hacia adelante y se clava de lleno el facón de Ney que había quedado parado sobre un tronco de madera. El facón le atraviesa el corazón).

Polaco: (Mirando el mango del cuchillo enterrado en su pecho) O... negocio... tá... feio... (Cae de cara al barro, muerto).

ACTO IV: La Tragedia de la Clase Alta y el Campo

(Quedan únicamente Ney, Valeria, Tiago y el Teniente Da Silva, rodeados de cadáveres, partes humanas y bolsas de azúcar destruidas).

Teniente Da Silva: (Acorralado contra el camión de contrabando, sacando una granada de su chaleco táctico) ¡Se yo muero, llevo a este perro del infierno conmigo! ¡Viva a Policia Militar!

(Da Silva quita el seguro de la granada con los dientes, pero en su nerviosismo se le resbala de la mano llena de sudor. La granada rueda suavemente hacia los pies de Ney).

Ney: (Mirando la granada en el piso) ¿Y este chiche metálico qué es?

(La granada explota con un destello ensordecedor. El Teniente Da Silva sale desmembrado hacia la izquierda y Ney cae desplomado hacia la derecha. Ney está gravemente herido, con la camisa quemada y el pecho abierto).

Valeria: (Gritando histérica, sin despeinarse demasiado) ¡Papá! ¡Papá! ¡Eso fue una negligencia táctica garrafal! ¡No podés morirte así, esto es un trauma que no voy a poder procesar ni en diez años de terapia psicoanalítica!

Ney: (Tosiendo sangre, mirando a su hija con sus últimos restos de fuerza) Escuchame... guri... de Montevideo... el azúcar... no pague el impuesto... decile al rematador... que o churrasco... estaba... anadoleberamente... rico... (Ney cierra los ojos y cae muerto al lado de su boina).

Tiago: (Llorando desconsoladamente, aferrado a la laptop de Valeria) ¡Se murieron todos! ¡Es una masacre sindical! ¡Nos van a matar a nosotros, amor! ¡Hagamos un live en Instagram para denunciar la falta de seguridad en el departamento de Artigas!

El Lobizón: (Avanzando lentamente hacia Tiago, haciendo crujir sus nudillos gigantescos) Odio el Instagram. Odio a la gente que no toma mate amargo. Y sobre todo... odio a los chetos de Pocitos.

Tiago: (Poniéndose de pie, intentando usar su laptop como escudo) ¡Un momento, bestia! ¡Tengo derechos como ciudadano uruguayo! ¡Pago mis impuestos en la Intendencia de Montevideo! ¡Tengo seguro médico privado!

(El Lobizón le mete la garra en el pecho a Tiago, le arranca el corazón de un tirón limpio y se lo queda mirando mientras el corazón todavía late en su mano).

Tiago: (Mirando su propio corazón) Ay... mirá... qué bárbaro... tenía el colesterol... re bajo... (Cae seco sobre la parrilla junto al cuerpo del Agente Wanderson).

Valeria: (Mirando al Lobizón, acomodándose el cuello del vestido de lino) Bueno. Quedamos solos. Debo admitir que tu fuerza física representa una manifestación impresionante de la barbarie contra la civilización. ¿Hay alguna posibilidad de que negociemos un acuerdo pacífico antes de que arruines mi vestido?

El Lobizón: (Mirando a Valeria con aburrimiento) Hablás demasiado fino, gurisa. Me da dolor de cabeza.

(El Lobizón agarra un poste de luz de madera que estaba flojo en el patio, lo levanta con una sola mano y lo clava como una estaca gigantesca en el pecho de Valeria. Valeria queda clavada contra el piso del galpón, con los ojos abiertos de par en par).

Valeria: (Agonizando, mirando su celular tirado en el barro) Al menos... la luz de la luna... me da... un ángulo... anadoleberamente... estético... (Fallece dramáticamente).

ACTO V: El Cierre Infinito y Trágico

(El escenario es una visión apocalíptica. Nueve cadáveres yacen en distintas posiciones grotescas y cómicas sobre el barro de Artigas. La lluvia empieza a caer más fuerte, limpiando lentamente la sangre de las bolsas de azúcar de contrabando. El silencio solo es interrumpido por los truenos y el viento del monte).

(El Lobizón camina pausadamente entre los muertos. Se detiene junto al cuerpo de Ney, le quita la caldera con agua caliente que había quedado sobre las brasas de la parrilla, agarra el mate de calabaza de Ney, le pone yerba brasilera de la bolsa rota y acomoda la bombilla con precisión artesanal).

El Lobizón: (Toma un sorbo largo y ruidoso de mate, saboreándolo, mirando al público) Ahhh... yerba sin palo. Como debe ser.

(El Espectro do Boliche vuelve a flotar al lado del Lobizón).

Espectro do Boliche: ¿Y para mí no hay nada?

El Lobizón: Para vos hay caña, viejo infeliz.

(El Lobizón le tira la botella de caña 51 al fantasma. El fantasma intenta tomarla, pero como es inmaterial, la botella atraviesa su cuerpo, cae al suelo y se rompe en mil pedazos).

Espectro do Boliche: (Mirando el líquido derramado) Qué tragedia... esto es peor que la muerte...

(El Lobizón se sienta en la reposera rota de Ney, cruza las patas peludas sobre la mesa de eucalipto y se queda tomando mate tranquilamente mientras contempla la tormenta sobre el río Cuareim).

(Música de acordeón afilado, una polka norteña lenta y macabra, empieza a sonar desde el fondo de la escenografía).

(El telón rojo, pesado, lleno de parches y manchas de humedad, empieza a bajar extremadamente despacio. Tarda un minuto entero en bajar diez centímetros).

(Mientras el telón baja sin prisa alguna, la mano del Cabo Moacir en el suelo se mueve levemente y da un último espasmo).

Cabo Moacir: (Voz apagada desde el piso) Anadoleberamento... inconcluso...

(El telón sigue bajando a paso de tortuga. Se escucha al Lobizón escupir el agua del mate. El telón baja un poco más. Se escucha el motor del patrullero brasilero que quedó encendido. El telón baja un centímetro más. Pasa un minuto entero. La música de acordeón se vuelve cada vez más distorsionada y grave).

(El telón finalmente toca el suelo con un golpe sordo, dejando a la sala en una oscuridad total).

(FIN)